jueves, 14 de abril de 2011

Quién mató a Anna Politkovskaya, por Hinde Pomeraniec

Fuente: El Puercoespin de Argentina

 21 de junio de 2010


Moscú, 7 de octubre de 2006


“La destacada periodista rusa Anna Politkovskaya, conocida internacionalmente por ser una feroz crítica de las acciones del Kremlin en Chechenia, fue hallada muerta hoy en Moscú, en el ascensor de su edificio. Cerca de su cadáver se encontraron una pistola y cuatro balas.

El homicidio tiene todos los sellos de un crimen por encargo. Politkovskaya, quien trabajaba para el periódico Novaya Gazeta, era conocida por exponer en sus artículos los abusos a los derechos humanos de las tropas rusas en Chechenia. La periodista, de 48 años, fue asesinada alrededor de las 16.30, hora local. Vitaly Yaroshevsky, subeditor de Novaya Gazeta, cree que el crimen tiene que ver con su trabajo.” No vemos otro motivo para este crimen terrible,” dijo a la agencia Reuters. 

Oleg Panfilov, director del Centro para Periodismo en Situaciones Extremas dijo que Politkovskaya recibía amenazas frecuentemente. “Siempre pensé que podía pasarle algo a Anya, sobre  todo por Chechenia”, dijo a la agencia AP.

Durante una entrevista con la BBC, dos años atrás, Politkovskaya señaló que creía que su tarea era seguir investigando, pese a recibir esas amenazas de muerte. “Estoy absolutamente segura de que el riesgo es parte habitual de mi trabajo”, dijo. “Así como la función de los médicos es dar salud a sus pacientes y la de los cantantes es cantar, la función de un periodista es escribir la realidad de lo que uno ve”.
Moscú, febrero de 2008
***
Estoy en la ciudad en donde pueden asesinar a alguien a sangre fría a plena luz del día y nada cambia. En donde las investigaciones de los crímenes se pierden en laberintos judiciales infinitos. En donde, por naturaleza y por cultura, se desconfía siempre de la víctima y los homenajes a los periodistas acribillados a balazos apenas convocan a unas 200 personas.

Recorro el barrio donde vivía Anna Politkovskaya, hacia el norte de la avenida Tverskaya, y trato de reconstruir la secuencia de los que fueron sus últimos momentos con vida imaginando que la nieve en la que se hunden mis botas no está, que no hace este frío que tritura los huesos y que hoy es un sábado de octubre, un tiempo atrás. Más tarde pruebo a escribir el relato de esas horas y sumo testimonios e hipótesis. Lo que se lee es esta historia.
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La mujer de cabello casi blanco estaciona el Lada plateado en la calle Lesnaya, a pocos metros de la puerta de su edificio. El primero en bajar del auto es Van Gogh, un bloodhaund de eternos ojos tristes que salta del asiento trasero y la celebra cuando ella desciende abrazada a dos bolsas con alimentos que acaba de comprar en el shopping Ramstore de la calle Frunzeskaya, ligeramente apurada para que los congelados no interrumpan la cadena de frío. Se lamenta por no haber conseguido la bañera plástica que buscaba para la beba de su hija Vera, que nacerá en un par de meses, y así se lo dijo a la futura madre hace unos momentos, por celular. Fue cuando aprovechó también para llamar a Ilya, su hijo, y avisarle que ya volvía a casa.

Antes de entrar, flojo el ceño que la envejece de más a los 48, saluda por encima de sus anteojos a las empleadas de la farmacia, apoyadas las dos mujeronas sobre un mostrador vacío, aburridas de sí mismas en la tarde gris del sábado.

Niebla y llovizna sucia en Moscú, poca gente, veredas quietas y húmedas. No hace frío pero el verano ya es recuerdo. La mujer alta, delgada y vestida de negro sube acompañada de su perro hasta su departamento en el 7º piso con la idea de bajar enseguida a buscar el resto de las compras; tiene la tarde por delante para terminar el artículo que domina su cabeza en las últimas semanas, una nueva denuncia de torturas y confesiones arrancadas a los golpes en el Cáucaso. Investigadora tenaz, opositora rumiante al gobierno ruso, la periodista Anna Politkovskaya (desde ahora también Anna P.) no volvería a salir a la calle.

Cruje el silencio cuando alguien abre la puerta del ascensor. Es Nina, una vecina adolescente, quien encuentra el cadáver ensangrentado. Diseminadas a su alrededor, las vainas servidas de las cuatro balas que su ejecutor plantó en el pecho y la cabeza de la periodista. A los pies de la muerta, la Makarov 9 mm con silenciador, usual posdata de un crimen por encargo, al menos en Moscú. Nadie sabrá nunca si durante ese viaje final hacia la planta baja acomodó su pelo o se miró de reojo en el espejo. Tampoco si tuvo miedo cuando, al abrir la puerta del ascensor, se encontró con el tipo de buzo oscuro con capucha. Sí es seguro que lo último que vio fueron los ojos de su asesino, quien no precisó cubrirse el rostro para dispararle y salir en el acto, sin agitarse demasiado, a juzgar por las imágenes registradas por las cámaras de seguridad del edificio.
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Cuando la mataron eran las cuatro y media de la tarde del 7 de octubre de 2006, día del cumpleaños 54 del entonces presidente Vladimir Putin. Algunos creyeron adivinar un “regalito” en el crimen de la calle Lesnaya.
No supieron decirme con quién quedó Van Gogh, quién le calma los nervios ahora al inestable perro de Anna P.; si alguno de sus hijos o tal vez algún amigo enternecido por la repentina soledad de la mascota. Tampoco fue posible llegar al nudo del crimen, ninguno de sus allegados tiene certezas sobre el autor intelectual de su asesinato, aunque nadie duda de que estuvo directamente vinculado a su trabajo.

Los últimos años de su vida, Anna P. los pasó investigando y escribiendo sobre los delirios de guerrilleros mesiánicos y las aberraciones impunes de las fuerzas rusas en Chechenia, un nombre difícil para un conflicto olvidado por las grandes mayorías; sólo presente -también en Rusia- en tragedias como la toma de rehenes en el teatro Dubrovka  y la salvajada en la escuela de Beslán, con sus cientos de muertes estériles y su hilera de ataúdes de niños, hitos de una batalla perdida para el sentido común y preciado trofeo de los señores de la guerra y los grandes traficantes.

Hija de ucranianos soviéticos, diplomáticos acreditados en la sede de Naciones Unidas en plena Guerra Fría, Anna Mazepa había nacido en 1958 en Nueva York. Su vida entre los márgenes de elite de la nomenklatura le permitió lujos intelectuales prohibidos para el resto de sus compatriotas, como viajar por el mundo o leer sin trabas ni Index.

Muy joven regresó a la URSS para estudiar en una universidad moscovita y en los primeros 80 se inició como periodista en Izvestia, para luego seguir en el house organ de Aeroflot, la línea de bandera rusa. Su matrimonio con el padre de Ilya y Vera, sus hijos, terminó en 2001, cuando al regreso de uno de sus viajes a Grozni, la capital chechena, Alexandr Politkovski, su esposo desde 1978, le dijo que ya no soportaba una vida conyugal por espasmos. También periodista, Alexandr había tenido su momento de gloria profesional en los tiempos de Gorbachov pero más tarde el alcohol ahogó todo deseo y fue apagando su estrella, mientras su mujer comenzaba una carrera ascendente. La competencia entre ambos sólo daba infelicidad. Por entonces Anna P. apenas tenía tiempo para revelar las verdades de los abusos en Chechenia y la corrupción dinámica en el gobierno de Putin. El divorcio la habilitó tiempo completo para su misión.

Difícil elegir un nombre de la larga red de “damnificados” por su tarea. Son tantas las voluntades interesadas en su muerte y todas vinculadas con sus investigaciones, muchas de las cuales llegaron a juicios que sólo dejaron resentimiento y furia en los acusados.

La detención, en agosto de 2007, de una banda integrada por delincuentes comunes de origen checheno y miembros de los servicios de seguridad, como autores materiales del asesinato no conforma. El anuncio del arresto ocurrió en sintonía con el inicio de la campaña electoral en Rusia, como muestra de transparencia investigativa por parte de las autoridades. Meses después, poco antes de que asumiera el presidente Dimitri Medvedev, la fiscalía aportaría nuevos datos de identificación del supuesto homicida, un checheno de 30 años. Nunca informaron a quién obedeció el sicario. En febrero de 2009 los cuatro detenidos fueron liberados luego de que un tribunal popular no encontrara pruebas suficientes para mantener las acusaciones. Nadie se sorprendió.

Habían buscado acabar con Anna antes de octubre de 2006. Posiblemente no hayan sido los mismos que lograron callarla; sus enemigos eran muchos y con recursos, en un país donde los sondeos indican que para la mayoría es más importante “un Estado fuerte” que el respeto por los derechos civiles. Puede intentar entenderse esta conducta: la era de los zares fue la del Imperio, durante la URSS fueron el único pueblo que oponía fortaleza a EE.UU. y con la llegada de Putin al poder, se recuperó la economía y el orgullo nacional dilapidados en tiempos de Yeltsin. Pero el regreso de la potencia económica se acompaña de deficiencias inquietantes.

En Rusia las fuerzas de seguridad que deben actuar como manos armadas del Estado se manejan muchas veces de modo independiente; los servicios secretos tienen negocios con delincuentes comunes, los multimillonarios de fortuna turbia se relacionan con mafias de todo tipo. Con la caída del comunismo y la venta de las empresas del Estado por centavos a los amigos del poder, los privilegios pasaron de estar en manos de la burocracia comunista a quedar del lado de quienes pueden pagarlos. El símbolo de esta nueva planificación jerárquica de la sociedad rusa bien podría ser esa baliza azul brillante que colocan los funcionarios en el techo de sus Mercedes para circular velozmente por la franja exclusiva marcada en medio de las avenidas; un dispositivo que también utilizan ricos varios que durante varios años pudieron comprarlo legalmente a 20 mil dólares, todos ciudadanos de primera en una Moscú atiborrada de autos y sin estacionamiento suficiente para los millones de unidades que inundaron en pocos años las calles con la tormenta capitalista. Las luces siguen, aunque ya no es posible comprarlas a discresión: el escándalo pudo más que los billetes.

A Anna la recuerdan como una furia hecha mujer. Una periodista aguerrida que avanzaba sobre las historias de adolescentes chechenos secuestrados y transformados de la noche a la mañana en guerrilleros abatidos en combate por las fuerzas rusas. O como la autora de desesperados relatos de madres de soldados muertos sin cadáver para enterrar. O la divulgadora de historias como la del coronel Yuri Budanov, quien en un alarde de ebriedad y virilidad nacionalista, secuestró a Elza K. (17), la torturó, violó y golpeó hasta darle muerte y ordenó a sus subalternos enterrarla en el cuartel. El militar acusaba sin pruebas a la niña de ser la francotiradora que había dado muerte a varios de sus hombres meses antes. El juicio se convirtió en símbolo de la “justicia selectiva” denunciada por Anna P. Después de vanos intentos por salvar a Budanov -considerado “héroe de guerra” en vastos circuitos-, un tribunal inusualmente valiente lo condenó a 11 años de prisión y lo convirtió en el primer militar ruso de alta graduación en ser condenado por crímenes de guerra en Chechenia.

En enero de 2009, cuando aún no había cumplido su pena, el coronel fue liberado bajo palabra. Cuatro días después de su liberación, el abogado de la familia de Elza K., Stanislav Markelov, de 34 años, fue ejecutado a sangre fría en plena calle Prechistenka, en el centro de Moscú, luego de dar una conferencia de prensa en la que anunció que apelaría la excarcelación de Budanov. A Markelov lo acompañaba Anastasia Baburova (25) periodista free lance del Novaya Gazeta, el periódico para el que trabajaba Anna P. El asesino, un hombre alto, vestido de negro y con un pasamontañas verde, se acercó por la espalda a Markelov y le disparó directo a la nuca. La joven periodista quiso retenerlo y también le disparó a ella. El abogado murió desangrado en la vereda; ella, unas horas más tarde, en el hospital.

Muchos también recuerdan a Anna P. como la valiente mujer que pidió entrar a negociar con los terroristas chechenos dispuestos a hacer explotar el Teatro Dubrovka en octubre de 2002. Estaba en Boston cuando se enteró de la noticia y voló inmediatamente a Rusia. Entre los rehenes había un íntimo amigo de sus hijos, quien negoció con el líder guerrillero el ingreso de Anna P. al teatro. Los chechenos la respetaban, sabían claramente quién era. Consiguió poco: llevarles bebidas y golosinas a los rehenes agotados. Cuando se disponía a mover piezas con sus contactos en el gobierno, el director de Novaya Gazeta la llamó al celular y mintió al pedirle que volviera a la redacción porque necesitaba que escribiera la crónica de la toma. El hombre había recibido un llamado de una fuente oficial, que le avisó que iban a recuperar el teatro y no podían garantizar la integridad de nadie.

Supe que unas 40 causas se iniciaron a partir de las investigaciones de Anna P., en un mundo judicial que vive en trenza con el poder político y donde manda la “justicia telefónica”, red de amiguismos y contactos que domina el imperio de los premios y castigos en Rusia, como me contó en Londres Alena Ledeneva, una académica siberiana experta en la economía negra rusa y residente en Gran Bretaña hace varios años.

Supe también que si bien Anna P. aseguraba que habían querido asesinarla al menos tres veces, sus colegas no terminaban de creerle. La percibían algo paranoica luego de tantos años en el Cáucaso y algunos la veían convertida en mártir casi por decisión propia. Hacía rato que ya no era bienvenida en conferencias de prensa oficiales y los funcionarios que se dignaban a hablar con ella lo hacían al mejor estilo Guerra Fría, a escondidas, en breves paseos por parques helados o puentes solitarios. Nadie quería correr riesgos.
-Hizo una labor de denuncia única.

La vista fija en la pared blanca del moderno café del Hotel Nacional, único espacio de vanguardia en el clásico edificio centenario, quien habla es M., periodista extranjero acreditado en Moscú hace años. No habla, susurra. Conoció a Anna a mediados de los ’90 y compartían el jurado de un prestigioso premio anual que los obligaba a encuentros pautados, “aunque no se puede decir que hayamos sido amigos”.

La charla con M. fue al día siguiente de la elección con “cambio de guardia presidencial” del Kremlin donde Dmitri Medvedev, el delfín ungido por Putin, ganó con el 70% de los votos, en una coreografía electoral diseñada sin sorpresas. Abrumado, como decepcionado consigo mismo, M. dice que la muerte de Anna se veía venir, pero que en una maratón de desidia e indiferencia pocos le prestaban atención.

-Finalmente la mataron; pagó con su vida por su trabajo y eso es lo único que cuenta al final de la jornada.
M. pide reserva de su identidad, delicadeza necesaria en tiempos difíciles, algo que él hace cuando protege la de sus fuentes, porque “en este país nunca se sabe”.

Entre los privilegios de los nuevos poderosos figura en Rusia sacarse de encima a gente molesta. ¿Paraíso de la impunidad para venganzas personales? La lista de periodistas asesinados desde 1991 tiene varias cifras, se habla de unos 250 periodistas desaparecidos, muertos de manera sospechosa o liquidados por asesinos a sueldo. Que quede claro: nadie, ni dentro ni fuera de Rusia, imagina a Putin levantando el teléfono y ordenando la muerte de Anna P. o de cualquier otro. Pero como dijo entonces Víctor Shenderovich, amigo personal de la muerta, humorista caído en desgracia y de imagen prohibida en la TV rusa, “Putin creó una sociedad en la que es posible asesinar a un periodista -tal vez para congraciarse con el presidente- y luego sentirse un intocable para siempre”.

Toby Eady es un reconocido agente literario británico. Era el representante de Anna P., a quien conoció a través de su esposa, la periodista y escritora china disidente Xinran Xue. “Tenía un coraje tan inmenso que uno no podía protegerla de sí misma”, asegura Eady desde Londres. “¿Habló con ella poco antes de su muerte? ¿Qué le dijo? ¿Tenía miedo?”, le pregunté en un email, todo junto. “Sí. En julio de ese año -la mataron en octubre- le dije que si se quedaba en Rusia podían asesinarla. Ella me contestó que no iba a salir de allí hasta que Putin se hubiera ido. No, no tenía miedo”, me respondió.

La noticia de su asesinato recorrió el mundo, junto con el vértigo y la desolación que sólo provoca no haber llegado a tiempo para advertir a alguien sobre un peligro inminente. Aunque el impacto fue grande, no puede decirse que el crimen haya sido una sorpresa para quienes conocían.

Tres días demoró el presidente Putin en hablar del asunto, tres largos días en los que la prensa internacional hizo cálculos sobre la enorme lista de periodistas silenciados a muerte en Rusia desde la caída de la URSS y el apogeo de las mafias. Piruetas de la historia, Putin habló desde Dresde, la ciudad del este alemán en donde vivió en los años 80, cuando era un cuadro de la “política exterior” de la KGB.

Después de sobrellevar estoico la indignación de unos dos mil manifestantes que le gritaban “asesino”, el presidente ruso calificó el crimen de “miserable”. Pero hizo algo más. En una carambola discursiva, aseguró que aunque Anna P. era muy conocida afuera de Rusia y entre los organismos de derechos humanos, su influencia política era “extremadamente insignificante” en su país. Es más -siguió su intento por minimizar a la víctima y alejar la sombra homicida de su entorno-, “su asesinato daña más al gobierno que cualquiera de sus escritos”.

Habrá que reconocer algo de verdad en sus palabras. Aunque sus notas aparecían en Novaya Gazeta, ésta es una publicación semanal independiente de alcance restringido y sus libros sólo se publicaban en el extranjero. La manera de pensar de Anna P., lejos de ser hegemónica, apenas hallaba eco en la población, más preocupada por el consumo desenfrenado y la recuperación del orgullo nacional que por las bajas continuas en la prensa o el crecimiento implacable del gremio de los sicarios.

Max es productor de TV. Fue amigo personal de Anna P. y es de lo más gráfico al buscar razones para su muerte.

-Ella tenía permiso desde arriba para hablar de ciertas cosas, pero en cierto momento dijo algo que no debía pronunciar, y ahí tenemos el resultado.

Habla bajito Max en el lobby del hotel Metropol, y explica que no es que existen permisos por escrito pero que cada vez que un periodista inicia en Rusia algún tipo de investigación, un “representante del poder”, como lo llama, debe estar al tanto. “Siempre hay un margen, una frontera, y pasarla está prohibido. Evidentemente sus denuncias sobre Chechenia y algunas cosas de las relaciones de las personas con las que habló tuvieron que ver con el crimen”, dice Max, quien prefiere no dar más detalles.

- ¿Y cómo trabaja  un periodista con tan poco margen de libertad?, pregunto.

-El problema no es la falta de libertad, sino la pereza. Es lo que pasa cuando uno puede decir algo pero sabe que nada va a cambiar, y entonces se pregunta para qué hacerlo, responde algo abatido.

“Anna no era una periodista de estar bajo fuego. Ella escribía sobre las consecuencias de la guerra, enviaba reportes desde los hospitales militares -donde tenía prohibido hablar con los soldados- o desde los campos de refugiados chechenos”. Quien esto me cuenta es Oleg Panfilov, director del Centro para Periodismo en Situaciones Extremas de Moscú. Se conocieron en los primeros 90, con el colapso del comunismo, cuando Anna P. escribía sobre temas diversos. Panfilov recuerda muy bien cómo en 1999 la guerra sucia de Chechenia se convirtió en su obsesión.

“Eran muchos los que la ayudaban a juntar información sobre casos de secuestros, ejecuciones extrajudiciales y corrupción en el gobierno pro ruso en Chechenia. Llegó a trasladarse escondida en el baúl del auto para evitar que la detuvieran o le impidieran ver a la gente que necesitaba entrevistar”, me contó Panfilov.

Lo que comenzó como una serie de notas sobre historias de vida bajo los escombros (“Grozni es una ciudad de calles vivas llenas de ojos muertos”, escribió después de uno de los bombardeos rusos) devino catarata de denuncias en poco tiempo. Eran tantos los casos de abusos que sus artículos comenzaron a abrumar a las autoridades, preocupadas por una cuestión de imagen. Entonces llegaron las primeras amenazas de muerte y se inició la estrategia de descrédito, cuando los involucrados directa o indirectamente en sus denuncias empezaron a cuestionar el “periodismo deshonesto” de Anna P.

-El Cáucaso no es Irak o Afganistán, pero sigue siendo un lugar peligroso.

Quien intenta buscar una explicación al crimen es Andrei, joven y locuaz periodista del Canal 1, uno de los tres grandes canales nacionales gerenciados por el gobierno ruso. Andrei habla con la elevada convicción de un vendedor entusiasta o un militante político. La conversación ocurrió a las puertas del centro de prensa moscovita desde donde se seguía el resultado de las elecciones presidenciales, un resultado que todos los que estábamos allí conocíamos de antemano. Para Andrei, gran comunicador y con dominio de varias lenguas, hablar de censura en Rusia es improcedente. “Aquí la prensa es totalmente libre; claro que la organización no es perfecta. ¿Acaso lo es en algún lado?”, dice, en el clásico giro ruso de responder a una pregunta con otra. “El asesinato de Anna P. fue una tragedia para todos y la investigación de su muerte es una cuestión de honor. Algunos de sus artículos eran muy críticos del poder, lo que te muestra cómo es de abierta nuestra democracia. Creo que Europa y EE.UU. usan este caso para su retórica antirrusa. Nuestro presidente dijo que su muerte hizo mucho más daño a la imagen del país que sus artículos. Tenía razón”.

“Rusia es enorme y, cuanto más lejos de las capitales como Moscú y San Petersburgo viven la gente piensa menos en periodistas asesinados. Tienen otro tipo de preocupaciones, como sobrevivir: algunos no cobran su salario por meses, por ejemplo”. Así buscaba explicarme la indiferencia general por la muerte de Anna Sofya, de 25 años. Lo hizo en Londres, a donde llegó para acompañar a Sanjar Quiam, su marido afgano, actualmente estudiando un posgrado. Sofya, como muchos otros rusos con quienes hablé, me confirmó que la mayor razón del desprecio por Anna o la indiferencia a su destino obedece a que está mal considerado que un ruso cuestione fuera de Rusia al gobierno o al país. En su caso, además, no es un dato menor que la periodista tenía doble nacionalidad: rusa y estadounidense.

-Politkovskaya no era vista como una persona positiva porque era muy crítica del régimen que le gusta a la mayoría de la gente.

Eso me dijo la jovencita rusa que dejó Moscú en 2007 y que hace de la lengua y las lenguas su modo de vida como intérprete y traductora en la capital del Reino Unido. También escribe artículos y practica la fotografía periodística. Su manera de ver las cosas naturalmente no coincide con la de Andrei.

-Con los periodistas, hay un tema con el miedo. Si yo fuera periodista en Moscú, estaría asustada. Y ése es el motivo por el cual no quiero trabajar allí, porque te obligan a decir sólo cosas amables y sin importancia. Y, si no, te amenazan.
***
La primera vez que intentaron callarla fue en 2001, cuando los militares rusos la detuvieron en Chechenia, la encerraron sin comida ni bebida y la sometieron a simulacros de fusilamiento por tres días. “Si fuera por mí, te mato ya”, le escupió con desprecio el encargado de liberarla, cuando alguien de la jerarquía decidió que no había llegado su hora. Las amenazas crecieron en intensidad, por lo que se trasladó a Viena por un tiempo. El hostigamiento no cedió a su regreso.

En septiembre de 2004, Anna P. estaba a bordo de un avión con la idea de llegar hasta la escuela de Beslán (Osetia del Norte) en donde un comando terrorista había tomado como rehenes a mil doscientas personas en el primer día de clases. Acostumbrada a tratar con las familias chechenas destruidas por la guerra, Politkovskaya conocía bien a esas almas desesperadas para quienes la muerte no es una tragedia sino la salida última a una vida miserable y sin destino. Quería entrar a negociar, como lo había hecho infructuosamente dos años antes en el Dubrovka, el teatro maldito de Moscú. Pero nunca llegó a la escuela de Beslán; sólo recordaba haber pedido un té durante el vuelo y haber despertado en la sala de terapia intensiva de un hospital desconocido, con los médicos diciendo “casi la perdemos”. Habían querido envenenarla. Hasta el final convivió con la certeza de que querían acabar con ella y se acomodó a ese destino, de tal modo que cuando su editor británico le pidió que saliera de Rusia por miedo a que la mataran se negó y hasta se dio tiempo para el humor negro al preguntar si, en el caso de ser asesinada, sus hijos estarían obligados a devolver el anticipo cobrado por su próximo libro.

“Anna podía pedir consejos y aconsejar; era una persona muy inteligente, analítica, con gran poder de deducción y capacidad para censurar las imperfecciones del poder. El periodismo perdió mucho con su muerte y, además, muchos empezaron a tener miedo”, confió Max esa mañana en el Metropol.

Estridente, pasional y contradictorio, Ramzan Kadirov -casado, 5 hijos-, es mucho más que el presidente y hombre fuerte de Chechenia. Su familia, de origen musulmán, lideró en principio la guerrilla separatista pero se convirtió en aliada de Moscú en la segunda parte del conflicto, ya con Putin en el poder central. En mayo de 2004, el padre de Kadirov era presidente cuando lo asesinaron los separatistas durante un acto público, cobrando así la vieja cuenta de la traición.

Puede decirse mucho de Kadirov, como que es un excéntrico amante de las armas o que conduce con orgullo a los “kadirovtsi”, milicias o escuadrones de la muerte que aterrorizan a la población y con los que se enorgullece de haber “limpiado” de terroristas su patria chica. Las denuncias sobre sus torturas son monstruosas. “Uniformes estadounidenses, armas rusas, creencias islámicas y espíritu checheno. Son invencibles”, se jactó hace poco, mientras acariciaba su cachorro de león el hombre que asegura que antes de adoptar una mascota la escupe, “para demostrar quién manda”.

Su vida transcurre como la de un emperador de pueblo, rodeado de seguridad, con un exceso de funcionarios que hacen como que trabajan y generando obra pública con el dinero proveniente de Moscú en tributo a su fidelidad. Así y todo, más del 60% de la población activa está desempleada. Quienes han entrado a su despacho contaron que allí pueden verse –previsiblemente- las fotos de su padre y de Putin y, no tan previsiblemente, también la del Che Guevara.

Kadirov odiaba tanto a Anna P. que más de una vez vociferó amenazas. Cuando la asesinaron, ella estaba trabajando en un artículo sobre torturas llevadas adelante por la gente del presidente checheno. Coincidencias de agenda. El día de la muerte de Anna P. era el cumpleaños de Putin y dos días antes Ramzan había cumplido los 30, edad legal para hacerse cargo de la presidencia en Chechenia. Tal vez sus muchachos, al amparo de la impunidad, quisieron hacerle un presente. Las primeras impresiones sobre el autor intelectual del crimen apuntaron hacia él, quien sin embargo tuvo una insólita declaración de principios: “Los chechenos no hacemos ajustes de cuentas con mujeres”, dijo, dando por cerrada cualquier discusión.
En línea con los dichos de Putin, la Fiscalía rusa rápidamente acusó a los enemigos del Kremlin de ser los mayores interesados en asesinar a la periodista. Dijeron que tenían información de que el autor intelectual del homicidio no estaba viviendo en Rusia, sino fuera del país. No es descabellada esa hipótesis. Dueños de fortunas obscenas y negocios turbios, los exiliados rusos en Londres tampoco son bebés de pecho. Sobre la insolente fortuna de Boris Berezovsky, enfrentado a Putin luego de haberlo catapultado a la presidencia con su dinero y su poder mediático, había escrito otro periodista asesinado, Paul Klebnikhov, editor de la Forbes rusa y muerto a balazos en la calle en 2004.

La pista “oligarcas” del crimen me refrescó un dato al que accedí cuando un periodista ruso me contó que años atrás, Anna P. había sido citada por Vladimir Gusnisky -junto con Berezovsky el otro zar de los medios de la era Yeltsin-, hoy residente en Israel luego de verse obligado a ceder parte de su fortuna al estado ruso y muy cauto con sus declaraciones. Gusnisky, por entonces uno de los hombres más poderosos del país, la esperó con sus artículos sobre el escritorio y le “advirtió” que si no dejaba de escribir sobre él, iba a dar a conocer un dossier que podía hundirla.

Más conjeturas. Hay quien dice que el padre de Anna P. no era “sólo” un diplomático soviético acreditado en Nueva York sino un agente clave de la KGB, dato que podría haberla perjudicado si se difundía. Más coincidencias con las fechas: el padre de Politkovskaya murió dos semanas antes de su asesinato. ¿Alguien habrá pensado que, muerto él, ya podían deshacerse de ella?

Entre las decenas de causas judiciales iniciadas a partir de investigaciones de Anna P., hay varias que terminaron mandando a prisión a militares acusados de violaciones y torturas en Chechenia. No se puede descartar que la orden de liquidarla haya salido de los cuarteles, elevados a la categoría de centros heroicos en la era Putin, tiempo en el que Rusia recobró su lugar como potencia económica y militar y como actor político internacional de peso.

Aunque las autoridades rusas intentan cada tanto demostrar que la investigación del crimen avanza, no hacen más que ofrecer un catálogo de torpezas. Uno de los últimos hitos fue divulgar el nombre del supuesto asesino sin haberlo detenido: inmejorable manera de advertir a alguien para que huya a tiempo. Tampoco hay todavía datos ciertos sobre el autor intelectual del asesinato. El juicio popular que se llevó a cabo terminó con la absolución de los cuatro implicados, todos de origen checheno. El autor no aparece, quien ordenó el asesinato, tampoco.

Imposible no ver la indiferencia ante la naturalización del crimen en una sociedad apática en materia política, que se refugia inconscientemente en el sistema de partido único, y en “donde el debate público pasó a temas vinculados con la identidad rusa y los valores espirituales, con Rusia como contrapeso del Occidente del capitalismo salvaje”, como me dijo un diplomático extranjero en Moscú, buscando explicar el desinterés local por el caso. Una sociedad que históricamente siente que “ante cualquier conflicto con las autoridades llevás las de perder”, me graficó un veterano escritor latinoamericano, que vive en Rusia hace más de 30 años.
No puedo dejar de pensar en Nina, la chiquita que encontró el cadáver de Anna P. en el ascensor y subió con él desde la planta baja hasta el 8º piso, buscando ayuda. Allí, otra vecina miró la escena con desdén y enseguida consultó su reloj. Serían las cinco de la tarde y estaba apurada, le dijo a Nina cuando la abandonó: estaban por cerrar los negocios y temía quedarse sin comida el fin de semana.
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Quién mató a Anna P. es un capítulo de Rusos. Postales de la era Putin, de Hinde Pomenariec (Tusquets, 2009)

 

Rusia: el periodismo sólo es libre en Internet

November 20th, 2010


Los peligros para los periodistas en Rusia son de público conocimiento desde comienzos de la década de 1990, pero la preocupación por la cantidad de muertes sin resolver se disparó luego del asesinato de Anna Politkovskaya* en Moscú, el 7 de octubre de 2006. Mientras que observadores internacionales hablan de varias docenas de muertes, algunas fuentes dentro de Rusia sostienen que ha habido más de doscientas. La evidencia ha sido examinada y documentada en dos informes, publicados en ruso y en inglés, por organizaciones internacionales.

Una investigación exhaustiva sobre las muertes de periodistas en Rusia fue publicada por la Federación Internacional de Periodistas en junio de 2009. En simultáneo, la organización lanzó un banco de datos en Internet que documenta más de trescientas muertes y desapariciones desde 1993. Tanto el reporte, titulado Justicia Parcial (en ruso: Частичное правосудие) como el banco de datos se nutrieron de datos recogidos en Rusia durante los últimos 16 años por observadores locales de medios de comunicación, la Glasnost Defence Foundation y el Center for Journalism in Extreme Situations (Centro para Periodistas en Situaciones Extremas).

En su informe de septiembre de 2009, el Comité para Proteger a Periodistas [basado en los Estados Unidos] insistió en su conclusión de que Rusia era uno de los países con mayor peligro de muerte para periodistas en todo el mundo, y agregó que era uno de los peores en resolver los crímenes.
Texto original (en inglés), aquí.
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“Discurso público en la blogósfera rusa”: informe del Berkman Center for Internet and Society de la Universidad de Harvard. 18 de octubre de 2010.



Los medios tradicionales en Rusia pasaron del control estatal absoluto de los años de la Unión Soviética, y la gran apertura y proceso de privatizaciones luego del colapso de la Unión Soviética, al actual modelo híbrido, en el que el Kremlin ejerce un control activo sobre la televisión nacional, que llega a todas partes (…),  pero permite la existencia de una prensa independiente marginal.

Al entrar en la escena política nacional en 1999, Vladimir Putin revirtió rápidamente el desenfrenado proceso privatizador de los medios de comunicación nacionales. Hoy, la situación puede ser descripta como de nacionalización parcial, con censura absoluta sobre ciertos temas y medios. Con todas las estaciones de televisión federal bajo control directo del Kremlin, o empresas de propiedad estatal como Gazprom, la televisión nacional es (…) una herramienta importante de control político.

La televisión es el único medio de comunicación masivo que tiene alcance nacional, y es una herramienta importante para promover la popularidad del gobierno (…) Este control incluye (…) reuniones semanales entre funcionarios del Kremlin y productores televisivos de las mayores cadenas, donde aquellos distribuyen temarios, discuten las noticias que al gobierno le interesan y sugieren enfoques a las noticias que se difundirán.

Este modelo de control televisivo no ha cambiado con Medvedev.

Los diarios, estaciones de radio y sitios de Internet tienen mucha mayor libertad. Algunos argumentan que a estos medios se les permite mayor independencia porque tienen audiencias más pequeñas que la televisión y éstas se limitan a las grandes ciudades –aún los diarios más leidos, por ejemplo, tienen circulaciones de cientos de miles de ejemplares, mientras que la televisión llega a poblaciones enteras–. Una de las pocas estaciones de radio independientes, Ekho Moskvy (Eco de Moscú), que tiene una audiencia de 900.000 personas, también disfruta de mayor libertad que la televisión, pero recibe presiones del gobierno cuando su cobertura es crítica del Kremlin.
(…)
En marzo de 2010, el Mercedes Benz del vicepresidente de Lukoil [la principal empresa petrolera de Rusia], Anatoly Barkov, cochó contra un compacto Citroën, hiriendo a Barkov y matando a la conductora del auto más pequeño, una conocida médica, y a su nuera, madre de un niño de dos años y también médica. Todavía no está claro quién tuvo la culpa del accidente, pero en ese momento la policía cargó la responsabilidad en la conductora del Citroën, diciendo que había zizgagueado entre el tráfico. La policía no pudo presentar ninguna evidencia que sostuviera esta afirmación pese a que la autopista, que tenía mucho movimiento, es recorrida por cámaras de seguridad. Sospechando un encubrimiento, blogueros rusos y la Federación de Dueños de Automóviles, un movimiento mayormente online que ha asistido en una cantidad de casos similares, tomaron rápidamente la causa de las víctimas y encontraron testigos y ejercieron presión desde Internet y sobre los medios tradicionales. Un rapero ruso, Noize MC, compuso una canción sobre el incidente, “Mercedes S-666″, y posteó el video en YouTube. La canción culpa a Barkov por el accidente y lo compara con un policía que, este mismo año más temprano, entró a un shopping a los tiros. El video fue visto 600.000 veces en sólo unos días, y la historia se convirtió en el tema más popular de la blogósfera rusa. Algunos bloggers llamaron a un boicot contra las estaciones de servicio de Lukoil. Al fin, el presidente Medvedev ordenó una investigación. La policía reabrió el caso, absolviendo a Barkov de toda culpa en septiembre. Sin embargo, la indignación pública sobre este incidente y otros similares han llevado a una campaña sostenida contra funcionarios que violan las leyes de tránsito cuando conducen sus costosos autos importados con luces centelleantes como las de la policía y patentes especiales. Como protesta, muchos conductores, en gesto de burla, colocaron baldes de plástico azul en el techo de sus autos.



En noviembre de 2009, el comandante de policía Alexander Dymovsky subió dos videos a YouTube con llamados directo al primer ministro Putin y a sus colegas de armas para que se pusiera fin a la extendida corrupción en la fuerza. Decidió actuar así luego de haber sido hostigado por sus superiores por haber llamado a un programa de radio mientras Putin todavía era presidente. Dymovsky había dicho al operador que quería preguntar al presidente qué pensaba hacer contra la corrupción y el desorden en Rusia. No lo pusieron al aire, pero su llamada fue rastreada y sus supervisores lo reportaron al Ministerio del Interior. Los videos fueron vistos más de dos millones de veces, y la denuncia atrajo mucha atención en la prensa internacional, mientras que los canales de TV federales lo ignoraron. En represalia por postear los videos, Dymovsky fue despedido, investigado y procesado por abuso de autoridad y fraude bajo una ley de secreto de Estado. Aunque no logró recuperar su trabajo, los cargos fueron finalmente desestimados, y otros rusos han adoptado su táctica para dirigirse al Kremlin directamente desde Youtube cuando quieren protestar por casos de abuso de poder y corrupción a nivel local.

Estas dos historias muestran el poder y los límites del creciente papel de Internet en la sociedad rusa. Cualquier persona puede criticar al gobierno y a otros poderosos, pero por lo general hay consecuencias. Internet puede ayudar a difundir conocimiento y a aumentar el debate sobre corrupción, pero las decisiones que favorecen a los poderosos no son necesariamente anuladas.
(…)
(Rusia) no pone filtros en Internet, mientras que China e Irán tienen dos de los sistemas técnicos de filtrado para la web más avanzados del mundo. Estudios de la OpenNet Initiative (ONI) confirma que Rusia no realiza filtrado de “primera generación” en la web. Sin embargo, ONI explica que Rusia (…) sí utiliza, y puede ser incluso un modelo de controles más sutiles de segunda y tercera generación, como intentos de meterse en el espacio online mediante bloggers pagos, con influencia sobre servidores de internet y un marco legal que permite hacer espionaje en la red, especialmente en periodos de alta tensión política (…) Pero son pocos los bloggers metidos en prisión, comparado con China, Irán, Egipto y Arabia Saudita, y el mayor control del espacio online en el idioma ruso ocurre en los países vecinos más autoritarios, como Bielorusia y Kazajistán.
(…)



El índice de penetración de Internet es relativamente bajo en Rusia, de alrededor del 37 por ciento de la población, pero crece rápidamente. El crecimiento ha sido firme y exponencial en la Federación Rusa, especialmente en zonas fuera de Moscú. Entre 2002 y 2010, el porcentaje de usuarios de internet prácticamente se sextuplicó, de 5% a 35%. En Moscú, el ritmo fue más lento, pero igualmente impresionante, con la penetración más que duplicándose en el mismo período, de 27% a 60.18%.

Internet sigue siendo un medio de elite, estratificado, dominado por usuarios urbanos, educados, con una división marcada entre  las ciudades grandes y las zonas urbanas. El alto índice de penetración y uso en Moscú y San Petesburgo no se aplica al resto del país. A nivel nacional, el porcentaje de penetración de 37% puede ser comparado con Brasil, donde es alrededor de 36%.

Aunque los 37 millones de usuarios regulares de Internet en Rusia constituyen menos del 40 por ciento de la población, quienes usan Internet lo hacen con frecuencia, y con pasión por las redes sociales. Si las estadísticas son certeras, el porcentaje de usuarios activos que bloguea y usa redes sociales es consistentemente más alto en Rusia que en los Estados Unidos, y aquellos que usan las redes sociales están más “comprometidos” que sus pares de otros países. Según un estudio de FOM de 2010, el grupo más activo de usuarios en Rusia tiene entre 18 y 24 años de edad (62%). Otro estudio de la Fundación Rusa para el Desarrollo de Internet halló que bloguear era la actividad online más frecuente de los usuarios de entre 14 y 17 años (…), a diferencia de los Estados Unidos, donde los más jóvenes no suelen llevar un blog.

(…) Para los usuarios diarios, Internet le está ganando terreno rápidamente a la televisión como la fuente más confiable de información, y ya es más consultada que la TV para informarse. Para los no usuarios rusos, la televisión es, de lejos, la fuente más confiable de información.
(…)
A diferencia de la mayoría de los bloggers orientados hacia la política en los Estados Unidos e Irán, quienes casi siempre se ubican con claridad en un lado o el otro del espectro ideológico, la mayoría de los bloggers rusos parecen escribir desde una perspectiva independiente, no alineada. Discuten sobre política con menos compromiso por definir una posición colectiva. Dicho esto, hay muchos bloggers asociados o pertenecientes a grupos o movimientos políticos y sociales, incluyendo tanto la “oposición democrática” como las agrupaciones “nacionalistas”. Estos incluyen a su vez grupos de bloggeres enfocados en el activismo social y ambiental asi como en acciones de caridad. También identificamos a una cantidad de bloggers asociados con grupos juveniles pro-gubernamentales, que sin embargo no conforman un colectivo distintivo.
(..)



YouTube es el sitio al que linkean con más frecuencia los bloggers rusos, del mismo modo que en los Estados Unidos y las blogósferas árabe y persa. YouTube tiene el dominio pese a la existencia de rutube.ru, un sitio ruso muy popular para compartir videos. Identificamos los videos más linkeados en la blogósfera rusa y revisamos los primeros 100 clips. Los principales 100 videos son una combinación de entretenimiento, humor y contenido político, tanto de confección comercial como generados por los usuarios. Una cantidad significativa de videos políticos se centran en la corrupción y la transparencia, contra el abuso de poder de las elites, el gobierno y la policía, e includen pedidos directos al Kremlin. Hay algunos videos relativos a temas ambientales, incluyendo un pedido de detener la destrucción del bosque Khimki en las afueras de Moscú, y varios referidos a temas nacionalistas.

El video político más popular muestra el discurso de Yury Shevchuk, estrella del rock ruso y lider de la oposición, durante un concierto, en marzo de 2010. En él, habla de su nostalgia por el rock del pasado y del fracaso de la música rusa contemporáena. Describe al rock ruso moderno como pornografía para los que apoyan el régimen policíaco. Sostiene que la verdadera naturaleza del rock es la libertad, y que la música actual está hecha para la gente que vive según la fórmula: comer, beber y tener sexo. Shevchuk exige además la liberación del preso Mikhail Khodorkovsky, ex ejecutivo de la petrolera Yukos y crítico del Kremlin, y dice a sus oyentes que deben poner su destino en sus propias manos. (…)

Hay una cantidad de otros videos que se refieren a corrupción en la industria financiera y en bancos. Incluyen uno de un blogger conocido, Alexei Navalny, que usa su posición como titular de acciones de grandes compañías para denunciar prácticas corruptas. Varios videos refieren a Dmitrii Baranovskii, líder de la organización Justice, cuyas investigaciones llevaron a la renuncia y al arresto del director de un banco estatal. Sin embargo, el propio Baranovskii fue luego investigado y acusado y hoy está preso (sigue blogueando a través de su abogado en http://dm-b.livejournal.com/). Muchos rusos ven aquí algo típico de las investigaciones de casos de corrupción en Rusia, en las que aún si los funcionarios corruptos son hallados culpables, los poderosos encuentran la manera de castigar a sus críticos y de intimidar a quienes quieran imitarlos.
(…)

Conclusiones:

1) La blogósfera rusa aparece como un espacio libre de control gubernamental (…) Hay grupos favorables al gobierno, como agrupaciones juveniles pro-Kremlin y bloggers que representan el punto de vista del gobierno. Pero no son grandes en número y no son núcleos centrales de ninguna de las agrupaciones de blogs políticas o sociales que investigamos;

2) Es un espacio predominantemente producido por coetáneos, por lo que recurren más comunmente a recursos de la web 2.0, como YouTube y Wikipedia, que a medios de comunicación tradicionales, pero también hay un profundo entremezclado entre los blogs y la ecología de los medios rusos. Los bloggers interesados en política linkean preferentemente a una cantidad de fuentes independientes de noticas e información, más que a fuentes oficiales, aunque no exclusivamente;

3) Muchos de los bloggers más interesados en política usan la plataforma para controlar y criticar a las elites y al gobierno. En especial, los videos de YouTube muestran un foco frecuente en casos de corrupción y abuso de poder;

4) La blogósfera rusa es un espacio que los rusos usan para comunicar temas que consideran de interés público y que requieren potencialmente una acción o reconocimiento colectivo. Según nuestra investigación, sectores de la blogósfera rusa usan este espacio no sólo para discutir sobre política y criticar al gobierno, sino para lograr movilización política y acción social. Si esta tendencia continúa y aumenta su desafío al status quo, debemos esperar un mayor involucramiento y una respuesta más agresiva del gobierno (…) Algunos sostienen que es sólo cuestión de tiempo que el gobierno concentre su gran poder en un esfuerzo por controlar Internet, limitar la acción política y la crítica. Es más probable que ocurra en momentos de tensión, como en época electoral. Al menos por ahora, sin embargo, tal vez por el limitado alcance de Internet en Rusia, o por los altos costos políticos o económicos de limitar el discurso online, la blogósfera política es un espacio libre y abierto para rusos de todo sector ideológico para discutir sobre política, para criticar o apoyar al gobierno, para combatir prácticas y funcionarios corruptos y para movilizar a otros alrededor de causas políticas y sociales.

El informe completo, de 46 páginas, en inglés y en ruso, aquí.
***
* Un relato más completo sobre la muerte de Anna Politkovskaya, escrito por la periodista y escritora argentina Hinde Pomeraniec, aquí.

jueves, 10 de marzo de 2011

El País y el periodismo detrás de las filtraciones de Wikileaks

29 Noviembre 2010 
Fuente original: Hijo del Medio

“Los periódicos tenemos muchas obligaciones. Entre ellas no se encuentra el proteger a los Gobiernos, y al poder en general, de situaciones embarazosas”, dice el director de El País, Javier Moreno, en esta entrevista realizada por los los internautas del diario español. El País fue uno de los medios elegidos por Assange, fundador de Wikileaks, para revelar más de 250 mil documentos del departamento de EE.UU. Tan impresionante ha sido su puesta en escena, que Franco Fratinni, ministro de relaciones exteriores de Italia, dijo que esta desclasificación era el 11 de septiembre de la diplomacia mundial. Sin duda, que Wikileaks es un aporte al periodismo. Bajo su trabajo han llegado a los cinco diarios documentos que estuvieron ocultos, y que los medios pueden filtrar, jerarquizar, precisar e interpretar. Finalmente el trabajo que diferencia a los periodistas (los buenos) de otros profesionales.  A continuación, toda la entrevista.


¿Quién toma una decisión como la tomada por EL PAÍS a la hora de publicar los papeles del DE-USA? ¿El Editor? ¿El director? ¿Interviene la Redacción de alguna forma?

La decisión la toma el director de la publicación. Es decir, la he tomado yo, como en última instancia todo lo que supone publicar algo en EL PAÍS. Quizá te genere alguna duda la traducción. Editor en inglés, como en executive editor o editor-in-chief, significa director. El editor en español es el publisher en inglés. La Redacción interviene, no de alguna forma, sino de forma fundamental: un periódico es siempre un trabajo de equipo. Es este caso, más todavía, claro.

¿Han pagado algo por recibir esta información?

No. EL PAÍS no paga nunca por informaciones. Por esta tampoco.

¿Están recibiendo algún tipo de presión por parte del Gobierno español?

No. O más precisamente, no todavía. La publicación del material sobre España no ha comenzado todavía. Arrancamos mañana.

¿Cuándo comenzarán a facilitar cables enviados desde la Embajada de EE UU en Madrid?

A partir de mañana.

Sr. Moreno, ¿tendrán una base de datos completa con todos los documentos filtrados en lo referente a España en la página web de EL PAÍS? Saludos.

Sí. Con todos aquellos que utilicemos como base para las informaciones que planeamos publicar en los próximos días.

¿Es cierto que no vais a publicar toda la información porque se ha llegado a un acuerdo con el Gobierno de EE UU? Saludos.

No, no es cierto. No hemos llegado a ningún tipo de acuerdo con el Gobierno de EE UU, a quien, sin embargo, sí se le informó con carácter previo. También a la Embajada de Estados Unidos en España.

¿Se utilizará en EL PAÍS el mismo criterio informativo para los documentos que afecten al Rey que para otros cargos públicos?

Exactamente el mismo.

Buenas tardes Javier, ¿por qué, según el Departamento de Estado de EE UU, estas informaciones ponen en riesgo la vida de personas? Gracias.

Bueno, esa es siempre la primera línea de ataque en casos como este. Ya lo fue cuando The New York Times y The Washington Post publicaron en 1973 los papeles del Pentágono, que ofrecían una descripción desoladora para el Gobierno estadounidense de la época sobre la guerra de Vietnam. No hay nadie en esos papeles en Europa occidental o EE UU que arriesgue nada más que su carrera política al trascender sus opiniones o el hecho de que haya aportado información reservada a EE UU. En el resto de países, donde existe pena de muerte o no rige el Estado de derecho, las organizaciones que conjuntamente hemos llevado adelante este proyecto (The New York Times, The Guardian, Le Monde, Der Spiegel y EL PAÍS) hemos aplicado serias restricciones: no se nombran fuentes o contactos a los que consideramos en riesgo y los cables correspondientes se publican convenientemente editados o censurados. Habría también que preguntar a Washington cómo no son capaces de mantener en secreto información tan importante. Si una organización como Wikileaks ha logrado tener acceso, y algunos periódicos también, ¿qué seguridad hay de que no lo logren también servicios secretos extranjeros mucho menos concernidos por la libertad, la seguridad y la democracia en el mundo?

¿Desde cuándo tienen esta información? ¿Cómo la han contrastado?

Disponemos de la información desde hace algunas semanas. Y todos nuestros análisis concluyen que los cables son auténticos y no han sido manipulados.

¿Se ha considerado la llamada razón de Estado a la hora de ofrecer al público la información presentada? Y si así fuera, ¿cómo ha afectado al resultado final?

Sí. Pero ha primado el derecho de los ciudadanos a disponer de información veraz y relevante sobre asuntos públicos de interés general. Los periódicos tenemos muchas obligaciones. Entre ellas no se encuentra el proteger a los Gobiernos, y al poder en general, de situaciones embarazosas.

¿Cómo afectan estas filtraciones a España?

Eso lo vamos a ver en los próximos días, a medida que vayamos publicando la información de la que disponemos.

¿Podrías contarnos cómo fueron las gestiones con Wikileaks para ser uno de los medios a tener acceso a las filtraciones? ¿Por qué esos medios?

Siento mucho no poder entrar en detalles. Otra obligación de los periodistas es proteger a las fuentes. Sí te puedo contar que fueron contactos extensos, no fáciles de realizar (Wikileaks y su fundador, Julian Assange, no se mueven con la misma seguridad que la mayoría de ciudadanos, incluso en países de nuestro entorno). Por qué esos medios y no otros. Más allá de los contactos personales, asumo que Wikileaks eligió a estos cinco periódicos por su rigor, su calidad y su capacidad de influencia en todo el mundo. En el caso de EL PAÍS supongo que influyó que sea el medio de referencia en España y en América Latina.

¿Se han tomado algunas precauciones en el periódico para salvaguardar los documentos?

Hemos tomado todas las precauciones de seguridad que hemos considerado necesarias, tanto desde el punto de vista de la informática como físicamente. Hasta ahora no hemos detectado ningún intento de ataque.

¿Ha recibido usted llamadas del Departamento de Estado de EE UU?

Hemos estado en contacto tanto con el Departamente de Estado como con la Embajada en Madrid.

¿Podría generar algún tipo de problemas legales a EL PAÍS la publicación de estos documentos?

Confiamos en que no.

¿Han hablado ustedes con el Gobierno de España antes de publicar los documentos?

Hemos hablado con el Gobierno de España en días anteriores para informarles de la inminente publicación de los documentos. Pero no hemos detallado los temas, ni proporcionado el material, ni aceptado supervisión alguna. El Gobierno tendrá acceso al material que vamos a publicar al mismo tiempo que los ciudadanos.

El senador republicano Peter King propone que Wikileaks sea considerada una organizacion terrorista ¿No le parece una exageración? ¿Cree que podría salir adelante una propuesta así en EE UU? Gracias por su atención.

Me parece un disparate. Y confío en que el sentido común y la fuerte tradición democrática en EE UU lo impidan.

¿Considera que las filtraciones en el portal Wikileaks son periodismo?

Esa es una pregunta que roza la metafísica. Digamos de forma más modesta que Wikileaks nos ha permitido hacer gran periodismo. Periodismo del que cambia la historia y del que los ciudadanos están cada vez más necesitados en un mundo donde los Estados y los políticos tratan cada vez más de hurtar la información a sus sociedades.

Al ser EL PAÍS el único medio en español que está trabajando con Wikileaks, ¿orientará su trabajo periodístico a los paises de habla hispana, o es irrelevante? En America Latina nos interesa mucho saber lo relacionado con nuestros Gobiernos en estos documentos.

EL PAÍS está publicando las grandes historias internacionales que hemos considerado de interés de forma conjunta con los otros medios. Pero, naturalmente, nuestro foco de interés y nuestra responsabilidad se centran en España y América Latina. En los próximos días difundiremos informaciones relevantes sobre Venezuela, México, Boliva, Cuba y otros países. Hoy mismo en elpais.com arrancamos con Argentina.

¿Qué método habéis seguido para procesar tantos documentos?

No resulta fácil rastrear información relevante en 250.000 documentos, lo que significa seguramente más de un millón de páginas. Hemos construido un buscador para localizar cables por nombres, por fechas, por países, relacionarlos entre sí, etc. Pero al final son los periodistas (un equipo de más de 30 excelentes profesionales en EL PAÍS) los que han tenido que leer miles de documentos. Su magnífico trabajo es el que ahora comienza a ver la luz.

¿Cuánto tiempo estiman que les llevará presentar los documentos que elijan analizar con mayor profundidad? ¿Estamos hablando de días, semanas, más tiempo?

Estamos hablando inicialmente de semanas. Pero incluso después, un análisis profundo estoy seguro de que seguirá proporcionando detalles interesantísimos

En su conversación, usted señala que hay cables relacionados con México. Sin embargo, al momento en nuestro país no sabemos nada al respecto. ¿Qué tipo de información habla de México?

Entre otros temas se encuentra uno fundamental ahora mismo en México: la guerra contra el narcotráfico.

CNN no aceptó las condiciones que le presentó Wikileaks para publicar las filtraciones, ¿cuáles son esas condiciones? Por favor, dígalas. Gracias.

No sé si esa información es correcta. Hasta donde yo sé, no ha habido más publicaciones involucradas en este proyecto que las cinco que he citado. Y no, no ha habido más condición que compartiéramos entre las cinco la información relevante que fuéramos encontrando para poder acordar un calendario mínimo común. Wikileaks no impuso ningura otra condición. Todos disponemos de todo el material y somos los responsables de explorarlo, decidir qué queremos publicar y qué no.

Sr. Moreno, ¿Se han puesto de acuerdo con los otros medios elegidos para fijar una fecha de publicación? Enhorabuena por la exclusiva!

Gracias. Sí: hemos acordado un esquema mínimo de publicación para no volvernos todos locos. Luego, cada uno decide si publica o no, con qué extensión y con qué relevancia.

¿Tenéis pensado traducir los documentos más interesantes al castellano?

Frases, párrafos y partes muy relevantes, sí. Pero los cables en su conjunto, no, incluidos los que ha generado la Embajada en Madrid.

¿Cómo cree que afectará la filtración en Oriente Medio? ¿Es posible que pueda ser el detonante de una crisis de una escala de violencia en la zona?

Los documentos van a tener un gran impacto en Oriente Próximo, sin duda alguna. Dicho esto, la posibilidad de un estallido de violencia en la zona es siempre algo, con filtración o sin ella, como se conoce desde siempre y como los propios documentos vienen a corroborar.

Usted dijo ayer que la filtración de estos documentos por parte de Wikileaks puede significar un antes y un después en las relaciones internacionales como las conocemos hasta hoy. ¿Como ve entonces el futuro de las relaciones internacionales?

Es evidente que las consecuencias van a ser inmediatas y profundas. Centenares, incluso miles de personas han acudido a embajadas y consuldados estadounidenses a ofrecer opiniones e informaciones en la confianza de que su confidencialidad estaba garantizada. Eso no ha sido así, de tal forma que a partir de ahora EE UU va a tener más complicado recabar ese tipo de inforamción puesto que ha quedado claro que no es capaz de guardarla en secreto. Por otra parte, será inevitable la erupción de tensiones entre Washington y algunos de sus aliados, y entre terceros países. El ejemplo más claro es el que citábamos antes de Irán y sus vecinos árabes.

Buenas, ¿cómo queda la imagen internacional de EE UU tras esta filtración?

La imagen, deteriorada, evidentemente, al igual que la de muchos otros Gobiernos o líderes de otros países. Pero además EE UU va a ver disminuida su capacidad de operar como hasta ahora en la recogida y el proceso de datos. Reconstruir ese sistema, sobre bases más seguras, llevará años, sin duda alguna.

¿Qué le están pareciendo las reacciones de los distintos Gobiernos ante la filtración?

No muy brillantes, la verdad. Pero tampoco sé si tienen mucha capacidad de hacer algo más creativo. No es un momento fácil para ser portavoz de ningún Gobierno.

Buenas tardes, ¿se ha establecido algún tipo de conexión con los otros diarios que han recibido los documentos, en cuanto a la investigación de tanta información, o cada periódico la está analizando con sus propios medios?

Cada periódico está analizando el material con sus propios medios y de forma independiente.

¿Existe alguna relación entre la elección de EL PAÍS para la publicación de estos papeles y la reciente incorporación de Liberty en su accionariado?

No.

De los países de Latinoamérica, de Argentina dieron más detalles relevantes ¿Por qué?

Porque es la primera infomación que vamos a publicar: esta misma tarde.

En los cables se refieren a Zapatero como un politico “cortoplacista”. ¿Cuál es el proceso en EL PAÍS para decidir si se incluye esta información o si merece ser un titular o no?

El mismo que cualquier otra información: si es relevante para la opinión pública.

En la página web de Wikileaks se puede consultar la filtración de forma íntegra, por tanto ¿no le parece absurdo ocultar información delicada si ya está al alcance de todos?

No, no se puede consultar de forma íntegra. Wikileaks solo coloca en su web aquellos cables que los periódicos hemos decidido con anterioridad utilizar para nuestras informaciones.

El Gobierno de España va a pedir explicaciones de estos comentarios sobre el presidente y el Rey?

Esa es una pregunta para el Gobierno de España.

¿Hay referencias al 11-M? Si es así, ¿alguna apoya las teorías conspirativas de El Mundo?

Hoy ya hemos publicado una: un análisis de la propia Embajada en Madrid en aquellos días concluye que la derrota del PP fue fruto de las mentiras del Gobierno de Aznar sobre la autoría del 11-M.

¿Sería lícito publicar los correos y comunicaciones de partidos políticos, PSOE por ejemplo, de las jornadas tras el 11-M?

Por supuesto.

Julian Assange es un excéntrico?

Por lo que puedo contar, Julian Assange lleva una vida no precisamente fácil, vistas las posibles consecuencias legales de su tarea y el interés de EE UU y otros Gobiernos en dificultarle el trabajo, por no emplear una expresión más dura.

¿Por qué es necesario el filtro de los perioditsas? Por qué no se nos permite a los ciudadanos el acceso sin condiciones a los cables diplomáticos? En todo caso, ¿no hubiera sido aún más riguroso que esta información se hubiera puesto a disposición de las agencias de prensa, por ser más neutrales que el resto de medios?

Poner a disposición de cualquiera (y esto significa también servicios secretos de países en zonas donde no impera el Estado de derecho) sí sería una acción irresponsable. Por lo demás, no comparto la idea de que las agencias son más neutrales que el resto de medios. ¿Qué agencias? ¿Por qué?

¿Es legal lo que ha hecho Wikileaks?

No lo sé. No soy abogado. Nosotros solo somos periodistas.

Se ha dicho que el trabajo de investigación de Wikileaks es el que deberían realizar los periódicos por sí mismos, que ahora se ven reducidos a simples altavoces, ¿qué piensa de esto?

Obtener papeles secretos y documentos relevantes es, efectivamente, tarea de los periódicos. Y en eso también estamos. No quiero en esta entrevista hacer un listado exhaustivo de lo que EL PAÍS ha conseguido este año, desde el caso Gürtel al espionaje en Madrid, y otros casos. Pero en el que nos ocupa, no somos meros altavoces de nadie. Wikileaks nos facilitó un material ingente, y hemos trabajado con él con toda la profesionalidad y el rigor que nuestros periodistas aplican en todos los demás casos.

¿Considera que este episodio provocará alguna ruptura diplomática irrevocable?

En la diplomacia no suele haber casi nada irrevocable.

Además de toda la información que publica EL PAÍS, ¿qué otra información está ocultando?

No estamos ocultando ninguna información. No se dejen arrastrar por teorías conspirativas sin fundamento.

Mensaje de despedida

Muchas gracias a todos. Se quedan muchas preguntas en el cajón, que estoy seguro que EL PAÍS irá contestando en los próximos días a medida que difundamos la información. Permanezcan atentos. Adiós.

martes, 8 de marzo de 2011

Richard Stallman: “WikiLeaks es un modo de resistencia contra estados que odian nuestras libertades”


Referente internacional en el activismo de software libre, y el fundador del Free Software Foundation, considera a Julian Assange como un héroe. Pero disputa la utilidad de las últimas filtraciones diplomáticas.

Por ANDRES HAX - ahax@clarin.com

02 de diciembre de 2010

Fuente original: Revista Ñ de Argentina  

 

Richard Stallman es un ser sui generis. Un especie de anti-Bill Gates, en el sentido que tiene una influencia enorme en el desarrollo de software a nivel mundial pero su meta no es enriquecimiento personal, o la creación de un producto capitalista, sino liberar el software para hacer un mundo mejor a través de su Free Software Foundation. Sí, es utópico. Nacido en 1953, el hacker estadounidense tiene una manera de ser a la vez arisca y abierta (escuchen el audio de la entrevista completa que acompaña esta nota – habla un castellano muy fluido). Enfatiza con vehemencia la diferencia entre el “software libre” (el movimiento que apoya) y “código abierto”, que para el es otra cosa completamente. Ñ Digital lo consideró una fuente fundamental para seguir el debate acerca del acontecimiento WikiLeaks, ya que es uno de los activistas estadounidenses que basa su militancia por la libertad en y con la Web.


¿Qué opinas del  papel que está jugando WikiLeaks?
Lo que pienso de WikiLeaks es que es una defensa contra las mentiras asesinas de los estados.

¿De todos los estados, o de  los Estados Unidos?
De los estados. Porque no sólo los Estados Unidos miente. Muchos estados mienten. Y muchos estados matan. Pero los Estados Unidos es el más rico y el más poderoso todavía. Y ha lanzado guerras recientemente que han matado, en Irak, a un millón de personas.

¿Piensas que esto puede cambiar algo en la realidad de la política de los Estados Unidos?
No sé. Porque la política de los Estados Unidos me parece local. Y aunque Bush ha admitido que ordenó la tortura, la gente no presiona para investigarlo y acusarlo formalmente como se debería. Ya lo sabemos, porque lo ha admitido, que es culpable de la tortura. Entonces, si los Estados Unidos no lo acusan, debe hacerse en un tribunal internacional.

¿Qué te parecieron los contenidos de las filtraciones?
Hasta hoy no he visto nada muy interesante en los últimos artículos de WikiLeaks [nota de ed. La entrevista se hizo el pasado martes, 30 de noviembre]. Y por eso, no estoy convencido que estas filtraciones se tendrían que haber publicado. No creo que haya sido una buena decisión (por parte de WikiLeaks). No veo una razón para publicarlos.

En cuanto a los documentos acerca de las guerras, sí hay escándalos que el gobierno escondía del público por su vergüenza supongo, o por su deseo de evitar ser castigados por sus crímenes. En el caso de los cables diplomáticos no es lo mismo. Quizás es porque no las he visto todos los documentos... Es posible que algo importante esté por venir.

No pienso que sea deseable crear disputas entre estados o exponer toda la comunicación solo para exponerla. Pero cuando hay un escándalo o un crimen que el estado esconde, en este caso es importante exponerlo.

¿De lo contrario es solo chisme?
Sí, exacto. No veo el motivo de publicar qué piensan los diplomáticos estadounidenses sobre ciertos presidentes de otros países.

Parece, simplemente, que los diplomáticos estaban cumpliendo con sus cargos. Dijeron privadamente sus opiniones y evaluaciones… Pero es correcto que informaron al ministerio de las cosas que les parecían importantes.

Un punto acerca del cual no estoy completamente seguro es el punto de los países como Arabia Saudita que pidieron atacar Irán. No veo ningún escándalo. De todos modos Estados Unidos no atacó a Irán. Hay dos ataques que han sucedido: el del virus Stuxnet, por el que alguien esta matando a varios científicos, pero no sabemos si tiene algo que ver con esta comunicación. De todos modos, según parece, los que los Sauditas pidieron no fue esto, sino un ataque militar. Y no hubo. Entonces, la relación entre los sucesos reales y esa petición no me queda clara. No creo que estas publicaciones últimas nos hayan ayudado.

Pienso que WikiLeaks tendría que mantenerse más cerca de los escándalos, de los cuales hay muchos. Pienso que publicar comunicaciones privadas entre diplomáticos, cuando no hay nada importante detrás ellas, implica un riesgo de obstaculizar toda comunicación. Y esto no es deseable.

¿Puede ser culpa del ego del fundador de WikiLeaks?
No quiero buscar explicaciones psicológicas… Cuando no pienso que alguien ha elegido bien, eso no implica que tiene una falla personal. No estoy totalmente de acuerdo con su decisión, pero todo el mundo toma decisiones que uno puede criticar. Considero a Julian Assange como héroe, pero en este caso pienso que no dio en el blanco.

Bueno, muchísimas gracias por tu tiempo…
Pienso que WikiLeaks juega un papel en la resistencia a la tiranía, en la defensa de nuestra libertad contra los estados que odian a nuestra libertad. Pero si bastará para mantener una libertad, no lo sé. Es un reto muy difícil.

Noam Chomsky: “El secretismo de los gobiernos es la defensa de esos gobiernos contra su propia población”


Ñ Digital comienza con una serie de entrevistas y análisis sobre fenómeno WikiLeaks. Aquí, una charla con uno de los intelectuales más importantes del Siglo XX y también uno de los críticos más virulentos de los Estados Unidos.

POR ANDRES HAX - ahax@clarin.com

Fuente: Revista Ñ de Argentina  

30 de noviembre de 2010

Las últimas revelaciones del sitio WikiLeaks han puesto a la comunidad internacional, a la diplomacia, al gobierno de los Estados Unidos y al periodismo mismo en un estado de debate, alerta y consternación. Aun es imposible predecir cuáles serán los efectos de las acciones actuales (pasadas y futuras) de la enigmática organización, liderada por el enigmático ¿periodista? ¿provocador? ¿activista? ¿hacker? australiano Julian Assange. A un lado del espectro de opinión se ubican los esperanzados que marcan estas acciones como un paso hacia la transparencia en las maniobras y acciones de los gobiernos del planeta. En el otro extremo se ubican los que acusan a Assange de ser casi un cómplice del terrorismo internacional; alguien que, lejos de estar cumpliendo un ideal periodístico, esta poniendo en riesgo las vidas de personas.

Entre ambas visiones se abre un debate gigantesco para el que Ñ Digital convoca a intelectuales y pensadores de distintos rubros. Este es el turno de Noam Chomsky, el lingüista más importante del siglo XX y uno de los críticos más prolíficos y feroces del gobierno de su propio país, los Estados Unidos. Desde su despacho en el Massachusetts Institute of Technology, en Cambridge, Massachusetts, contundente Chomsky ofreció algunas de sus impresiones iniciales sobre este tema que ocupa las tapas de todos los diarios del mundo en estos días.

¿Considera que lo que esta haciendo WikiLeaks es una forma legítima y ética del periodismo? ¿Y cuáles serán las consecuencias de estas revelaciones al corto y largo plazo?
Vale la pena recordar que el secretismo de los gobiernos se trata, sustancialmente, de la defensa del gobierno contra su propia población. Y en una sociedad democrática la población tendría que saber qué está haciendo su gobierno para poder monitorearlo y —de hecho— determinar qué hace el gobierno. Ahora, hay excepciones con las cuales todos están de acuerdo, pero en general el caso es así. Yo no he leído todos los cables, por supuesto, pero de lo que he visto me parece que ilustra la significancia de este punto: hay cosas en los cables que los gobiernos no quisieran que su propia población supiera.

Creo que es una forma legítima del periodismo, pero creo que se tomarán medidas severas para bloquearlo.

¿Lo sorprende el trabajo que esta haciendo WikiLeaks
No es completamente nuevo. Ha habido muchas filtraciones antes —los Papeles del Pentágono, por ejemplo, en la cual yo participé, fue muy importante y más sustancial que este último. No me sorprende. Creo que mientras la accesibilidad a la información aumente con las modalidades electrónicas habrá más casos similares a este.

Qué WikiLeaks eligiera a medios tradicionales para editar y emitir las filtraciones en un primer instante, ¿es contradictorio con su postura filosófica de apertura?
Creo que no. Supongo que lo podrían haber subido directamente a Internet. Pero de esa manera circularía solamente dentro de la cultura de Internet y no entre un público general.

¿Cómo están manejando la información los medios estadounidenses?
Antes que nada tenemos que tener en cuenta que desde el principio hay un mecanismo de filtros muy severo. Entonces, los cables diplomáticos mismos proveen al gobierno lo que los diplomáticos quieren que sepan y lo que asumen que el gobierno mismo quiere oír. Entonces ya de entrada están muy editados, desde el principio.
Por ejemplo, uno de los cables más incendiarios salidos hasta ahora: el rey Saudita llamando por el bombardeo de Irán. Bueno. Eso fue seleccionado. No sabemos el contexto. Solo tenemos las frases que eligieron los diplomáticos.

Después hay una forma de censura mucho más severa que son los títulos de los diarios que dicen que los estados árabes están aterrorizados por Irán y que quieren que los Estados Unidos hagan algo al respeto. Bueno, hay un hecho muy significante escondido en esta cuestión: hay encuestas de opinión del occidente árabe. La más reciente fue publicado por el Brookings Institute el mes pasado —una encuesta muy cuidadosa— que mostró que en el mundo árabe el 10 por ciento de la población ve a Irán como una amenaza, mientras que un 80 por ciento ve a los Estados Unidos e Israel como una amenaza. Esto no se revela acá [en estas noticias]. Antes que nada, a los diplomáticos no les importa, no les importa la gente, solo les importan los dictadores. Al Departamento de Estado tampoco le importa, por las mismas razones, y aparentemente a los medios tampoco les importa: porque esto es información pública… Y todo esto refleja un profundo desprecio por la democracia. Y no solo en el gobierno, también en la cultura intelectual y de los medios. Esto es otro tipo de selección; selección severa. Y si miras a los otros documentos publicados ves muchos casos similares.

¿Estos cables demuestran que la administración de Obama es, en muchas formas, una continuación de la de Bush?
Sí, pero eso ya lo sabíamos.

¿Tiene algún mensaje esperanzador de cara al futuro?
Bueno, mi último libro publicado se llamó Esperanzas y perspectivas que salió primero en castellano, porque su origen fue en charlas que di en Sudamérica… La parte de esperanza es mayormente sobre Sudamérica. Creo que han estado pasando cosas de gran esperanza allí en la última década. No podemos predecir la historia humana. Pero si miras hacía atrás puedes encontrar un momento cuando parecía imposible que se abandonará la esclavitud, o que se permitiría derechos a las mujeres… Las cosas cambian. Pero cambian si la gente las cambia. No cambian solas y no cambian gracias a los líderes políticos.

Jon Lee Anderson: “Me incomoda ver cómo nuestros diarios se convierten en filtros para filtraciones”


Autor de una de las biografías del Che Guevara más vendidas, y uno de los cronistas de guerra más conocidos de nuestros tiempos, Anderson aportó su visión sobre el fenómeno de WikiLeaks. Atendió a Ñ Digital desde su casa, en Londres, recién llegado de Afganistán, un contraste que le permitió medir el impacto de las filtraciones en uno y otro mundo.

Por ANDRES HAX - ahax@clarin.com

Fuente: Revista Ñ de Argentina 

03 de diciembre de 2010 

Una de las acusaciones más serias contra Julian Assange es que ha puesto vidas en peligro. Usted conoce los campos de batalla estadounidenses íntimamente.  ¿Cómo evalúa esta acusación?
Para ser honesto, no he escuchado ninguna evidencia directa de que la información que él ha filtrado haya puesto vidas en peligro. Por supuesto WikiLeaks es algo que está en la boca de todos — y me he encontrado con muchos periodistas y también algunos oficiales estadounidenses en Afganistán, y nadie lo mencionó. Entonces, no es algo que está muy presente en la mente de estas personas. No es una respuesta científica, pero es lo mejor que puedo dar en el momento. Es un tema marginal.

¿Considera a Assange como periodista? ¿Qué impacto puede tener sobre el periodismo ahora y a largo plazo?
Contestaré la primera parte de la pregunta después, porque aún estoy tratando de entenderlo… No me gustaría llegar a conclusiones o definiciones muy apresuradas sobre qué es lo que pienso que es WikiLeaks. Aún está en evolución. Es todo muy "Brave New World" ("Un mundo feliz"). Creo que aún no se puede definir. Es parte de un debate más amplio sobre cómo está cambiando el periodismo en términos generales. Podemos agregarle WikiLeaks a este debate en curso en cual todos participamos. ¿Hacia dónde va la industria, cómo cambia la tecnología la percepción del público, cómo su relación con las noticias y con los políticos — junto a nuestra propia habilidad para entender y comunicar los eventos de nuestros tiempos como periodistas?

Todo esta cambiando. Y WikiLeaks es parte de esto. Y es posible por la revolución tecnológica que aún estamos experimentando. Pero forma parte de una tradición de cruzadas o de revelaciones de secretos. Dentro de los medios siempre ha habido un sector encargado de esta función. Yendo al pasado hay casos famosos. Y lo de WikiLeaks forma parte de esa tradición. Sin embargo, creo que también es cierto que Assange y sus colegas se ven como activistas públicos.

Y esto no se limita necesariamente a WikiLeaks. Lo he observado en el último año (tengo amigos en Human Rights Watch)  y con cada vez más frecuencia estas personas están haciendo el trabajo, en algunos casos, que hacían periodistas de investigación tradicionales. Pero hay tan pocas organizaciones de noticias que subvencionan, mantienen o realmente han apoyado equipos de investigación propios. Y eso ha dejado un vacío que se tuvo que llenar, y que se está llenando —en muchos casos— por activistas sociales y por organizaciones como Human Rights Watch. Algunos de sus informes no son meramente noticias legítimas, sino que también son bien narrativas. Si miras a los diarios, cada vez más están tomando la posta de tales organizaciones, ni hablar de WikiLeaks (sic).

Volviendo a la otra pregunta: ¿cómo esta afectando las noticias? ¡Por dios! Yo llegué la noche anterior de Afganistán a una Inglaterra que estaba transformada en cuanto a la prensa… Si uno mira la prensa de calidad, por supuesto The Guardian, que está participando en este consorcio de diarios que están publicando las filtraciones… está lleno, por un lado, de las revelaciones de WikiLeaks; por otro lado, de noticias sobre WikiLeaks y sus consecuencias; y agregado a esto, noticias sobre las reacciones sobre WikiLeaks, que es político.

Entonces, WikiLeaks ahora no es solamente un divulgador de información oculta, sino que también está afectando los acontecimientos globales. O, de todas formas, la percepción de acontecimientos globales. Estamos viviendo tiempos fascinantes.

¿Qué significa la participación activa de los grandes medios en editar y difundir las filtraciones de WikiLeaks? ¿Le da más credibilidad a Assange? ¿Por qué no lo subió a su sitio no más?
No tengo respuesta al por qué no subió simplemente las filtraciones a la Web. Pero claramente aumenta su credibilidad y lo legitimita a un nivel extraordinario. Que cinco de los diarios líderes del mundo occidental participen y cooperen publicando la información dada por WikiLeaks le da una legitimidad enorme… Crea un argumento contundente contra esas voces políticas que están pidiendo que Assange sea ejecutado…
Allí está The New York Times. Hay que decir que The New York Times ha sido, históricamente, una publicación de registro del mainstream; y también ha sido un importante filtro para información filtrada por agencias del gobierno de los Estados Unidos… Aun afuera del tema de WikiLeaks, reiteradamente se muestra dispuesto a publicar información en su primera plana con referencia a la guerra en Afganistán que está filtrada directamente por fuentes importantes, anónimas, del gobierno estadounidense. Y con fines políticos.

Puedo pensar en por lo menos cuatro artículos que he leído yo mismo en el último mes en los cuales el diario, en el tercer o cuarto párrafo, dice: “hemos omitido el nombre de la fuente por pedido de la Casa Blanca.” Aunque estés de acuerdo o no, muestra que han adoptado una posición de filtro para la Casa Blanca.

¿Y eso lo ves como una actitud sumisa o colaboracionista?
Es una actitud de colaboración. Estoy pensando en un artículo donde se reveló, en una primera instancia en The New York Times, que el gobierno de los Estados Unidos y de Karzai estuvieron activamente reclutando a defectotes talibanes para que se fueran a Kabul — y hasta fueron transportados por helicópteros estadounidenses dentro de negociaciones secretas; y después, ¡ese mismo diario reveló que el supuesto mediador talibán era, en realidad, un impostor! Y que ellos conocían su nombre desde el principio, pero que —por pedido de la Casa Blanca— habían ocultado la información. Ahora. La primera información fue filtrada por la Casa Blanca: querían que se supiera que estaban negociando con los talibanes, para lograr un efecto político. Pero después el mismo diario se prestó a revelar que esa persona (cuyo nombre conocían desde el principio, pero en sólo ese segundo momento revelaron) era un impostor.

¿Estás sugiriendo que la Casa Blanca está editando The New York Times?
No iría tan lejos. Esas son tus palabras, no las mías… Pero creo que a veces esa relación es cuestionable y se debe debatir. Me preocupa, en cierto grado. Uno tiene que tener cuidado sobre cuánto uno se convierte en filtro para figuras o instituciones del poder. Ahora, menciono esto porque al mismo tiempo este mismo diario es parte del grupo de diarios que está publicando WikiLeaks; que al mismo tiempo está molestando al mismo gobierno estadounidense, que también provee filtraciones al mismo diario. Es una situación fascinante. Y, personalmente, me siento incómodo al ver cómo nuestros diarios se convierten en filtros para las filtraciones. Esto no es una forma indirecta de decir que me preocupa el tema de WikiLeaks. Estamos en una crisis de confianza pública en nuestras instituciones públicas. Y este fenómeno de WikiLeaks pone en evidencia esto mismo. Recién estamos viendo los primeros relámpagos de un problema mucho más grande, que es que no tenemos debates honestos y saludables…

Yo estaba intentando pensar qué es realmente lo que pienso sobre todo esto. ¿Estoy de acuerdo con toda esta gente que esta tan indignada?... Y en el fondo, la pregunta es: ¿He leído algo en las filtraciones de WikiLeaks que no hubiera querido saber? ¿O algo que ha afectado la seguridad de nuestro mundo? Y la respuesta es, no. Entonces, uno tiene que ponerse a un lado y preguntarse ¿Por qué es así? Y es porque nuestros gobiernos se pasan todo el tiempo filtrando la información que ellos mismos eligen para influir la opinión pública.

¿Cómo compara las filtraciones diplomáticos con los de la guerra? ¿Es posible que estas últimas filtraciones le vayan a jugar en contra a Assange y WikiLeaks?
Sólo en el sentido que ha sumado un montón de enemigos. Estas últimas filtraciones afectaron directamente las carreras de muchas personas. Pero ambos están motivados, en su centro, por un impulso parecido, que es un ideal casi anarquista de desafiar a los gobiernos y a las instituciones que han llevado a nuestras sociedades a sus dilemas actuales.

¿Piensas que lo van a callar?
No lo van a callar. Él va a encontrar una forma de seguir sacando su información. Y no creo que el público se enoje cuando saque sus próximas filtraciones sobre Bank of America. Dado el colapso económico, dadas las sospechas sobre los bancos como instituciones, dadas las decisiones políticas que nos han llevado a guerras controversiales y conflictos que no terminan y cuestan cantidades enormes de dinero… Dado todo esto, es un fenómeno imparable. Es un síntoma de nuestros tiempos.