miércoles, 7 de septiembre de 2011

Ejecutivo de Facebook: “No importa dónde publiques, eres un periodista 24x7”


El Comercio


Vadim Lavrusik, director del Programa para Periodistas de la red social, asegura que las normas éticas no deben depender del soporte en el que se informe
Miércoles 07 de septiembre de 2011
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Antes de ingresar a la red social, Lavrusik ha laborado en Mashable y The New York Times. (Foto: http://fb.me/digitaljournalist)
Por Pedro Rivas Ugaz @privasu
A sus 25 años, Vadim Lavrusik trabaja en Facebook como director de suPrograma para Periodistas. Recientemente estuvo en Chile para participar del IX Seminario Periodismo de las nuevas plataformas digitales , organizado por el Grupo de Diarios de América (GDA).
En entrevista telefónica con El Comercio, Lavrusik conversó sobre lo que define como “periodismo social”, la distribución de noticias en las redes sociales, así como las normas que algunos medios imponen a sus periodistas sobre sus perfiles en estas plataformas web.
En una entrevista concedida a ElPais.com, hablas sobre periodismo social . ¿Cómo lo defines?
Es como un término gracioso. Gracioso, porque creo que los periodistas siempre han sido obviamente sociales pero lo defino específicamente en términos de cómo los periodistas utilizan distintas plataformas sociales para reportar historias y eso puede incluir un montón de facetas diferentes para verlas. Muchas personas hacen eso en diferentes niveles. La mayoría de periodistas las utiliza para encontrar fuentes – o para encontrar información – al básicamente buscar y explorar información a través de Facebook. Pero otros periodistas han dado un paso adelante al preguntarse “cómo puedo crear historias o contar experiencias usando la información que encuentro allí en una forma no tradicional”. Empiezas a ver más formas de historias que utilizan la información que ha sido publicada en medios sociales. Cuando hablo acerca de periodismo social, realmente es solo cualquier forma de historia o narración que involucre procesos de periodismo que han tomado lugar o utilicen medios sociales en el proceso.
¿Cuánto puede aportar el botón “Like” en la distribución de las noticias en internet?
En los últimos años, desde que lanzamos el botón “Me gusta”, el promedio de las organizaciones periodísticas ha incrementado 300% (su distribucion de contenido). Creo que mucho de esto es porque las webs periodísticas, al colocar el botón “Me gusta”, han hecho más fácil al usuario compartir la noticia a través de sus páginas de Facebook. Cada vez que puedas hacer algo fácil, que la gente puede hacer en la web, es probable que más personas lo utilicen o que más gente lo haga. Facebook continúa creciendo en términos de páginas vistas, muy rápido. Este año estamos creciendo en Latinoamérica y otras partes del mundo. Creo que como resultado de eso, los diarios que integren el botón “Me gusta” en su sitio van a seguir beneficiando de ese crecimiento continuo. Es algo que hemos visto con nuestros socios quienes lo han compartido. Ellos, desde hace año y medio, continúan viendo el incremento de tráfico proveniente de Facebook.
¿Es como si todos los lectores se transformaran en “community managers”?
En varios sentidos, sí.
Algunos creen que los periodistas se sienten más cercanos a Twitter que a Facebook como fuente de información. Tú dices que es una idea errónea ¿por qué?
Creo que es una idea errada porque es una generalización. No existe ningún estudio que diga que los periodistas prefieren uno sobre otro. Mi apuesta es que hay más periodistas en Facebook que en Twitter. La diferencia es que más periodistas utilizan Facebook de una manera personal. Un montón de usuarios se conecta con amigos y familia. Y en ese sentido – porque mucha gente lo utiliza de forma personal – (los periodistas) se sienten incómodos en usarlo para encontrar fuentes o para distribuir contenidos. Pero creo que es un reto para los periodistas separar lo personal de lo profesional y eso es algo que vamos a alcanzar pronto al lanzar más opciones que hagan más fácil usar Facebook para reportar.
Varias empresas periodísticas han impuesto reglas para ser consideradas por los periodistas al usar sus perfiles en redes sociales , ¿qué opinas?
Bueno es interesante. Algunas son más estrictas que otras, otras más abiertas. Lo que veo es que no importa dónde publiques creo que las mismas reglas éticas de guía se deben aplicar. El tipo de reglas con las que no concuerdo es con aquellas que separan y tratan diferente lo que se publica de la publicación de la web. Creo que no importa la plataforma, los periodistas deben aplicar las mismas reglas éticas. Siempre les digo a mis alumnos de periodismo en Columbia que no pienses como si publicaras en un micro blog o como si escribieras un mensaje de texto: tú estas publicando, es lo que estás haciendo, publicando contenido. No importa qué tan corta sea la información tienes que hacerlo con calidad porque eres periodista, ese sería mi consejo. Sé que algunas organizaciones periodísticas tienen un enfoque más estricto que otros, pero eso es realmente su decisión.
Algunas veces, los periodistas expresamos opinión en nuestras cuentas personales de Twitter y Facebook, ¿eso está bien, está mal?
Es engañoso ¿verdad?, porque de nuevo retomamos el tema de lo personal y lo profesional. Quiero decir, los problemas éticos han sido siempre así y puedes dar lineamientos en las organizaciones periodísticas o salas de noticias, pero cada periodista lo va a interpretar individualmente de una forma distinta. Yo siempre he intentado colocarme en esta situación en la que no importa donde publicas, tú eres un periodista “24×7”. Si es algo que no publicarías en la web periodística para la que trabajas, probablemente tengas que pensar nuevamente no publicarla en tus cuentas de la red social.


    martes, 6 de septiembre de 2011

    2011, el año más violento contra periodistas… y todavía no termina


    Fuente: Clases de Periodismo

    06 de septiembre de 2011
    EFE
    Este año no termina, pero ya es considerado el más violento de la última década contra los periodistas en América Latina, de acuerdo con Carlos Lauría, el coordinador para las Américas del Comité para la Protección de Periodistas (CPJ).
    Según un informe de Lauría, en lo que va de 2011 han sido asesinados en la región 20 periodistas. Estas declaraciones las ofreció en la Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación realizada en Guayaquil
    México, indicó, es el país donde más se ha ejercido la violencia contra periodistas durante 2011: hay cinco comunicadores y un empleado de medios de comunicación asesinados. No se incluye todavía los casos de Rocío González Trápaga y Ana María Marcela Yarce de Contralínea.
    La impunidad se evidencia en esta cifra: de 871 asesinatos ocurridos contra el gremio a nivel mundial desde 1992, 545 aún están sin resolver.
    Con datos de CNN México e IPYS.

    domingo, 4 de septiembre de 2011

    Guayaquil: Periodismo por dentro


    Por Mirko Lauer
    El Instituto Prensa y Sociedad, IPYS, está realizando su tercera Conferencia latinoamericana de periodismo de investigación, Colpin 2011, en Guayaquil, y sin duda el participante de más alto perfil es Kristinn Hranfsson, conductor y portavoz de WikiLeaks en reemplazo de un Julian Assange complicado con asuntos legales.
    La participación de Hranfsson el viernes coincidió con lo que Fritz Dubois ha llamado el paso de WikiLeaks a la condición de delatores: el grupo de prestigiosos diarios que divulgó los 250.000 correos robados al Departamento de Estado ha decidido cortar toda relación con un WikiLeaks que revela la identidad de sus fuentes.
    Interrogado sobre el tema en Guayaquil, Hranfsson respondió, un poco sibilinamente, que cuando recién les fueron ofrecidos los cables The New York Times, The Guardian, El País o Der Spiegel no necesitaron mucho convencimiento para asumir la publicación de aquellos textos. Más o menos una versión de que todo sale con hueso.
    Colpin 2011 se produce en el contexto del fuerte acoso del presidente Rafael Correa a la más crítica de la prensa ecuatoriana. El diario El Universo, prominente víctima del largo brazo judicial de Correa, es uno de los patrocinadores, y aprovechó el evento para presentar los abusos sufridos ante unos 150 periodistas del mundo.
    A Correa el modus operandi de presentarse ante  tribunales de improbable independencia como un ciudadano común y corriente interesado en defender su honor le está funcionando, en el sentido de que abruma a sus críticos con millonarias multas imposibles de afrontar, US$ 40 millones a la fecha para El Universo.
     Pero la estrategia se vuelve políticamente costosa para Correa a medida que se va haciendo conocido en el mundo como un perseguidor de medios independientes. Un prurito que no logra controlar ni siquiera en sus visitas a otros países, donde a veces se le salen las ganas de multar, como le sucedió aquí luego de una obvia provocación periodística.
    El escenario ecuatoriano contrasta con lo que viene sucediendo en Brasil, el país invitado de este Colpin, donde un periodismo de investigación vigoroso viene participando en el siquitrillamiento de cada vez más ministros y otros altos funcionarios. Esto sin que los medios independientes se vean afectados, o casi.
    Mañana concluirá luego de cuatro días de ponencias, no pocas de ellas escarapelantes, el principal foro de debate en torno de las relaciones entre periodismo y poder político en el continente. El momento culminante fue la entrega de los premios (el primero de US$ 25.000) a la mejor investigación de un caso concreto de corrupción.
    º El autor es el actual presidente de la asamblea de IPYS.

    lunes, 29 de agosto de 2011

    No a las Mentiras


    Por: Emilio Palacio *
    Sábado 23 de Julio del 2011
    Este artículo, publicado el 6/2/2011, fue lo que motivó el juicio y condena contra “El Universo”:
    Esta semana, por segunda ocasión, la dictadura informó a través de uno de sus voceros que el dictador está considerando la posibilidad de perdonar a los criminales que se levantaron el 30 de setiembre, por lo que estudia un indulto. No sé si la propuesta me incluya (según las cadenas dictatoriales, fui uno de los instigadores del golpe); pero de ser así, lo rechazo.
    Comprendo que el dictador (devoto cristiano, hombre de paz) no pierda oportunidad para perdonar a los criminales. Indultó a las mulas del narcotráfico, se compadeció de los asesinos presos en la Penitenciaría del Litoral, les solicitó a los ciudadanos que se dejen robar para que no haya víctimas, cultivó una gran amistad con los invasores de tierras y los convirtió en legisladores, hasta que lo traicionaron. Pero el Ecuador es un Estado laico donde no se permite usar la fe como fundamento jurídico para eximir a los criminales de que paguen sus deudas. Si cometí algún delito, exijo que me lo prueben; de lo contrario, no espero ningún perdón judicial sino las debidas disculpas.
    Lo que ocurre en realidad es que el dictador por fin comprendió (o sus abogados se lo hicieron comprender) que no tiene cómo demostrar el supuesto crimen del 30 de setiembre, ya que todo fue producto de un guión improvisado, en medio del corre-corre, para ocultar la irresponsabilidad del dictador de irse a meter en un cuartel sublevado, a abrirse la camisa y gritar que lo maten, como todo un luchador de cachascán que se esfuerza en su show en una carpa de circo de un pueblito olvidado.
    A esta altura, todas las “pruebas” para acusar a los “golpistas” se han deshilvanado:
    El dictador reconoce que la pésima idea de ir al Regimiento Quito e ingresar a la fuerza fue suya. Pero entonces nadie pudo prepararse para asesinarlo ya que nadie lo esperaba.
    El dictador jura que el ex director del Hospital de la Policía cerró las puertas para impedir su ingreso. Pero entonces tampoco allí hubo ningún complot porque ni siquiera deseaban verle la cara.
    Las balas que asesinaron a los policías desaparecieron, pero no en las oficinas de Fidel Araujo sino en un recinto resguardado por fuerzas leales a la dictadura.
    Para mostrar que el 30 de setiembre no usaba un chaleco blindado, Araujo se colocó uno delante de sus jueces y luego se puso la misma camiseta que llevaba ese día. Sus acusadores tuvieron que sonrojarse ante la palpable demostración de que los chalecos blindados simplemente no se pueden ocultar.
    Podría seguir pero el espacio no me lo permite. Sin embargo, ya que el dictador entendió que debe retroceder con su cuento de fantasmas, le ofrezco una salida: no es el indulto lo que debe tramitar sino la amnistía en la Asamblea Nacional.
    La amnistía no es perdón, es olvido jurídico. Implicaría, si se la resuelve, que la sociedad llegó a la conclusión de que el 30 de setiembre se cometieron demasiadas estupideces, de parte y parte, y que sería injusto condenar a unos y premiar a otros. ¿Por qué el dictador sí pudo proponer la amnistía para los ‘pelucones’ Gustavo Noboa y Alberto Dahik, pero en cambio quiere indultar a los “cholos” policías?
    El dictador debería recordar, y esto es muy importante, que con el indulto, en el futuro, un nuevo presidente, quizás enemigo suyo, podría llevarlo ante una corte penal por haber ordenado fuego a discreción y sin previo aviso contra un hospital lleno de civiles y gente inocente. Los crímenes de lesa humanidad, que no lo olvide, no prescriben.
    [*] Ex Editor de Opinión Diario “El Universo” Ecuador

    Revoluciones inquisidoras


    Autoritarismo a la ecuatoriana: Zarpazo contra la Libertad de expresión

    Fuente El Comercio

    Por: Ricardo Trotti Periodista
    Sábado 23 de Julio del 2011
    La revolución ciudadana de Rafael Correa se asemeja cada vez más a la bolivariana de Hugo Chávez: la crítica a la autoridad y el disenso se han convertido en delitos de opinión, castigándose con cárcel, multas millonarias o exilio forzado.
    Así como la Iglesia del siglo XIV, el presidente ecuatoriano se siente dueño de la verdad, infalible y censor de sus críticos. Esta semana, un ex columnista del diario “El Universo” y sus directivos pagaron muy caro la osadía de llamarlo “dictador” en una columna de opinión. En un trámite judicial vertiginoso, un juez sentenció en doce horas tras leer 5.000 fojas de expediente, condenándolos a tres años de cárcel y a indemnizar al mandatario con US$40 millones.
    La desproporción entre castigo y delito desenmascara un juicio politizado. Similar al que fue sometido el opositor venezolano Oswaldo Álvarez, sentenciado a dos años de cárcel por declarar que el narcotráfico corroe Venezuela. Un entretejido sistema jurídico-legal es usado para castigar la crítica de políticos y periodistas, quienes ante la persecución eligen el destierro antes que la cárcel.
    A este sistema perverso, Chávez y Correa lo completan con el escarnio público. Dedican horas para satirizar e insultar a sus contrincantes. Correa consagró siete cadenas nacionales de más de una hora para atacar a los periodistas Juan Carlos Calderón y Christian Zurita, autores de “El gran hermano”, un libro que denuncia nepotismo y corrupción en contratos entre el Estado y su hermano mayor, Fabricio. A la ofensiva verbal, le sumó una demanda por US$10 millones.
    La astucia de Correa es que la burla, las represalias legales y la inseguridad jurídica generen miedo y autocensura. Lo está logrando. Un 70% de periodistas la practica, según una encuesta nacional de Fundamedios.
    Al igual que el presidente de Venezuela, Correa se sirve de su estrategia integral, para expropiar y controlar empresas. Creó un emporio de 19 medios de comunicación, sin contar los que controla mediante la presión de la publicidad oficial, inspecciones impositivas y sanciones administrativas. Utiliza un ejército de periodistas militantes para defender su revolución, así sea con propaganda noticiosa o programas televisivos al estilo “6, 7 y 8” en Argentina o “La Hojilla” en Venezuela, desde donde se califica de gusano y vendepatria a quien piense diferente.
    Su mayor anhelo es contar con una ley de comunicación que le permita “controlar los excesos de la prensa corrupta”. Introdujo su semilla en la Constitución del 2008, aunque no pudo cristalizarla tras varios empellones en el Congreso. Pero en una coartada perfecta, Correa retomó el tema en la consulta popular de mayo. Consiguió su sueño y de un solo zarpazo contra la libertad de empresa y de prensa logró que se prohibiera que los dueños de medios posean otro tipo de empresas y que se sancione la difusión de contenidos explícitos sobre violencia, sexo y discriminación.
    El Gobierno Ecuatoriano busca vender gato por liebre para que pasen desapercibidas esas violaciones. Los ciudadanos creen que se trata de una ley de comunicación o de medios, no obstante que la censura recaerá sobre todas las expresiones: cartas al director, declaraciones de opositores, páginas de Internet o de redes sociales. Pero a Correa el tiro puede salirle por la culata. El costo político será caro: se confirma su autoritarismo, lo que trata afanosamente de simular tras una falsa estampa de líder apegado a la ley y la justicia.
    Ojalá que los legisladores, antes de votar la “ley Correa”, miren el mural que pende en el Palacio Legislativo del extinto Oswaldo Guayasamín, quien al representar al populismo con rostro oscuro y adusto, explicó: “Cuando el pueblo escucha estos cantos de sirena, se engaña, y forma la chusma con la que los populistas llegan al poder, para luego cargarle el peso de sus ambiciones”.

    jueves, 14 de abril de 2011

    Rumania, donde el periodismo de investigación es una forma de chantaje y la prensa es parte del crimen organizado, por Stefan Candea

    Fuente El Puercoespin
    March 16th, 2011 → 

    Es difícil hacer periodismo de investigación honesto en Rumania. Para entenderlo, uno debe mirar al panorama de los medios en el país y saber cómo funcionan las instituciones sociales. Después del colapso del comunismo, en 1989, emergió una nueva élite del gran charco de ex agentes e informantes de la Securitate, el servicio secreto comunista. Miembros de esta élite altamente protegida se convirtieron en jueces y miembros del parlamento, fiscales y líderes de negocios, propietarios de medios y periodistas importantes.

    El capital más importante de la élite es su control sobre la información. No es coincidencia que la mayoría del pública todavía no conozca los nombres de muchos de los 15.000 agentes y 400.000 informantes de la era en que el presidente Nicolae Ceausescu gobernaba el país con puño de hierro. Y a la élite –la mayoría de ellos viejos periodistas y políticos—le disgustan los periodistas independientes, especialmente los entrometidos.


    Mientras escribía estas palabras, volvía a la noche de noviembre pasado en que asistí a la ceremonia de entrega de premios del Committe to Protect Journalists (CPJ – Comité para la Protección de Periodistas) en Nueva York. Esa noche, los periodistas se reunieron para celebrar el coraje, la persistencia y la determinación de quienes reportan las noticias pese a ser arrestados, secuestrados, tiroteados y, a veces, asesinados (En 2010, 44 periodistas fueron asesinados haciendo su trabajo, de acuerdo con CPJ). 
    Repasé en mi mente cada uno de los videos que había visto esa noche sobre periodistas que tomaron grandes riesgos para exponer la corrupción y los abusos de poder o decir al mundo quiénes son víctimas de terrible opresión. Sus esfuerzos me recordaron por qué tales periodistas merecen nuestra confianza, nuestro respeto y nuestro reconocimiento.
    Al mismo tiempo, pensé en Rumania. Ahora me preguntaba por qué cualquier persona en su sano juicio depositaría confianza o respeto algunos en la mayoría de los periodistas que trabajan allí. Su principal producto es la propaganda y su principal talento esconder la verdad.

    He aquí la situación (una de muchas que conozco) que ejemplifica cómo luce el “periodismo de investigación” en Rumania hoy en día. Hace un año, dos bien conocidos periodistas “senior” fueron sorprendidos, en una filmación, intentando chantajear al director de la Agencia Nacional por la Integridad, organismo gubernamental encargado de investigar la riqueza de los funcionarios públicos. Uno de los periodistas no pedía dinero; se lo podía oír explicando que él estaba “en otro nivel”, así que 70.000 dólares no eran nada para él. Pero, durante la conversación  grabada, amenazaba con publicar información comprometedora acerca del funcionario y sugería que retendría la información si, a cambio, aquel le entregaba información comprometedora sobre el presidente y su entorno político. Después de que estas palabras se filtraran a los medios, el periodista dijo que lo suyo no era un chantaje, sino periodismo de investigación.

    En verdad, el así llamado periodismo de investigación de Rumania fue, por años, una cobertura para el chantaje, la extracción forzada de publicidad y las campañas de desinformación. Algunos periodistas o medios todavía usan esta clase de aproximación a las “fuentes” como un  modo de hacer dinero. No debe sorprender, entonces, que los propietarios de algunos de estos medios son grupos del crimen organizado.
    Durante los primeros años de la transición rumana del comunismo a la democracia, los propietarios de los medios eran o bien conectados entrepreneurs o ex periodistas que habían trabajado dentro de la maquinaria de propaganda comunista, y que transferían sus competencias y las reglas de sus profesiones anteriores a las nuevas. Por supuesto, esas habilidades nada tenían que ver con el periodismo de calidad o con sus fundamentos éticos. Pero cuando estos reporteros obtuvieron éxito financiero (aprovechándose de sus prácticas no éticas), se volvieron, desgraciadamente, modelos para las siguientes generaciones de jóvenes periodistas.

    Cuando comencé a hacer investigaciones como periodista, me concentré en el crimen organizado. Esto me sometió a toda clase de situaciones peligrosas –y potencialmente comprometedoras–:  hubo intentos de soborno y vigilancia, y otros medios me atacaron, y a mis artículos. Usaron demandas y juicios para intentar debilitar mi determinación y recibí amenazas de muerte. Podía vivir con todo eso. Para mí, lo más perturbados era la corrupción y la censura que encontraba en mi propia redacción, donde los editores y la gerencia provenían de la ya mencionada generación de viejos periodistas. Encontraba colegas que robaban y vendían fotos que yo había obtenido durante una guardia; otros trataban de filtrar los artículos al objeto de mi investigación antes de que llegara a apretar el botón de imprimir.

    Luego, estaban los jefes mismos –los dueños de los medios. Empecé a hacer periodismo de investigación hace doce años en la redacción del periódico nacional líder en Bucarest. El periódico era co-propiedad de un bien conocido holding de medios alemán. Este hecho no me ayudaba en mi trabajo cotidiano; lo que importaba era que el otro co-propietario era un periodista rumano de la vieja escuela. Estaba involucrado en la publicación del periódico, en escribir editoriales todos los días, en decidir el contenido y en firmar los contratos de publicidad. Y dado que estaba en el centro de todas estas posiciones en conflicto entre sí, los artículos de investigación que yo hacía no fueron, a menudo, publicados. O eran publicados censurando partes. O, en el peor de los casos, generaban beneficios bajo para mesa para este propietario.

    Cuando estos episodios se volvieron demasiado frecuentes –y demasiado absurdos–, varios de mis colegas y yo dejamos el periódico. Ahora, nuestro dilema era dónde publicaríamos nuestras historias. Casi todos los propietarios de periódicos rumanos tienen el mismo pasado y la misma perspectiva. De hecho, estaban organizados en un cartel llamado, lindamente, Club de Prensa Rumano. Y en cada redacción la censura (y la autocensura de los periodistas) era ampliamente practicada –y dirigida claramente al trabajo de los periodistas de investigación.

    Tan común era esperar esto que sabíamos de antemano cuál sería la primer pregunta que nos harían cuando habláramos de con aquellos a quienes investigábamos: “¿Quién te está pagando (o a tu jefe) para atacarme?”. Lo siguiente que dirían es que nuestros periódicos no publicarían la historia. En ese momento,  tocarían a sus contactos; los de más éxito en este juego eran los políticos y sus socios comerciales.

    Mirando hacia atrás a esos primeros años, todo lo que aprendí trabajando en la redacción fue cómo no hacer periodismo. Algunas de las habilidades investigativas genuinas que adquirí las obtuve en seminarios internacionales, encuentros y conferencias a los que asistí. De gran valor fue el entrenamiento práctico que logré trabajando con colegas occidentales. Pero ninguna habilidad o enfoque podía ser importado directamente a mi trabajo en Rumania; tenía que ajustarlo a la realidad de mi región.

    En una redacción de los Estados Unidos o de Europa occidental, los reporteros tienen acceso a un vasto rango de información, parte de ella en bases de datos, y también cuentan con la confianza de que aquellos que tienen funciones públicas están haciendo lo que se dicen que están haciendo. Los pedidos de Freedom of Information Act (FOIA-Acta de Libertad de Información, en los que se pide el acceso a documentos reservados del Estado) usualmente funcionan. Contrastemos esto con los reporteros rumanos que tienen que construir bases de datos de la nada extrayendo información de un montón de documentos, que puede resultar bastante difícil conseguir. Los supuestos que se pueden extraer de la información deben ser formulados y comprobada por los reporteros mismos, ya que es raro que alguien haya conducido una investigación similar sobre el asunto en cuestión. En el mejor caso, se comenzará una investigación oficial al respecto recién después de la publicación.

    Tales circunstancias explican por qué, a veces, tenemos que empezar nuestras investigaciones usando técnicas de “agentes encubiertos” y continuarlas luego con técnicas periodísticas tradicionales. En un país subsumido por cinco décadas bajo el profundo secreto del comunismo, los intentos de usar nuestras leyes nacionales son una pesadilla. Los reporteros, usualmente, tienen que ir a la corte para asegurar un pedido de libertad de información –y el proceso legal pueden llevar hasta cinco años. Encontrar funcionarios públicos competentes que no sean corruptos es tan rara excepción que la investigación periodística no puede arrancar con ellos. Todo esto hace que nuestros esfuerzos sean relevantes sólo después de años de encontrar el software necesario, construir la base de datos específica y buscar recursos adicionales. Y no necesariamente estamos en condiciones de construir una red de fuentes mientras todo eso otro ocurre.

    Mientras peleamos por obtener información y encontrar el modo de publicarla, la forma que adoptará el artículo es nuestra última preocupación. Pero cómo presentar los artículos de investigación es muy importante, así que mantenemos un ojo en los medios de noticias internacionales para ver cómo experimentan con la publicación multimedia.

    Esa es, también, la razón por la que inmediatamente subimos a bordo a un grupo de fotoperiodistas independientes. Los invitamos a tomar parte en los principales proyectos, tales como investigación encubierta en la república separatista de Trans-Dniester y en una investigación de 2004 sobre la esclavitud y otros crímenes contra los niños.

    Durante las últimas dos décadas, millones de dólares de asistencias extranjera a los medios han venido a Rumania sin ningún efecto positivo asequible en su periodismo. Uno debe concluir que tenemos una industria de medios quebrada, y que las presiones que soportan los medios se han vuelto aún más pesadas. Esto significa que el periodismo de investigación debe encontrar formas de desarrollarse fuera del sistema de medios establecido.

    Durante los pasados cinco años, los propietarios como mi ex jefe, que había sido periodista, han vendido sus acciones. Oligarcas locales –ricos hombres de negocios que están involucrados en la politico y cuyo interés primario no son los medios—poseen y controlan ahora la prensa. Usualmente, sus intereses son objeto de investigaciones criminales. La razón por la que invierten en corporaciones de medios que pierden dinero es que pretenden ganar poder para negociar con los políticos y evitar la cárcel. Dirigen las compañías de medios como si se tratara de una operación militar y, al igual que a sus predecesores, les disgustan los periodistas independientes y entrometidos.

    Aquí y allá es posible encontrar Buenos periodistas aislados en una redacción. Si se los reuniera, sumarían lo suficiente para montar una redacción competente, fuerte y honesta. Pero ¿quién la financiaría?

    Estos oligarcas locales carecen de dimensión ética, desalientan la competencia y no adhieren a ninguna meritocracia. ¿Por qué deberían adherir a estándar alguno de periodismo? Después de todo, su única necesidad es contratar gente que produzca propaganda y mantenga la continua carnicería de info-entretenimiento, manipulación política y económica, usar conferencias de prensa como primicias, copiar y pegar noticias. Un montón de estos así llamados periodistas usan su empleo en los medios como un trampolín para obtener puestos gubernamentales, incluirse en la diplomacia o en partidos políticos o corporaciones. Su sueño es convertirse en parte del establishment.

    En tiempos receinetes, la presión política directa sobre los medios disminuyó, en tanto Rumanai ascendía en su camino hacia la Unión Europa. Lo que preocupa ahora son los frecuentes intentos de miembros del parlamento de introducir ridículos proyectos de ley para amordazar a los periodistas. Entre los últimos borradores propuestos:
    • Forzar a las estaciones de TV a emitir el 50 por ciento de noticias positivas y el 50 por ciento negativas.
    • Poner a la prensa escrita bajo jurisdicción del Consejo Nacional Audiovisual.
    • Censurar los comentarios de todos los websites de noticias.
    La única razón por la que tales leyes no fueron aprobadas es que tenemos organizaciones no gubernamentales fuertes que actúan como control legislativo. Sin embargo, la reciente estrategia nacional de defensa identifica a los medios como un punto “vulnerable” en la “seguridad nacional”. En estos días, en cuanto asumen el poder, también los políticos empiezan a sentirse disgustados con los periodistas independientes y entrometidos.

    Pero los periodistas independientes y entrometidos no se van –y buscar apoyo para su trabajo investigativo en Rumania es la razón por la que hace una década co-fundé el Centro Rumano para el Periodismo Investigativo.  Es un testamento a la dedicación de unos pocos –y, ojalá, la inspiración para muchos—a no entregarse a las presiones que caen sobre los periodistas que se animan a contar las historias que un pueblo democrático merece oír.
    (Aquí, versión original de este artículo, en inglés)

    Stefan Candea, fellow 2011 de la Nieman Fellowship en Harvard, es periodista freelance y co-fundador del Centro Rumano para el Periodismo Invesitgativo en Bucarest. Enseña periodismo de investigación en la Universidad de Bucarest y es miembro del International Consortium of Investigative Journalists, y corresponsal de Reporteros Sin Fronteras en Rumania.

    Rusia: para que haya libertad de prensa, los diarios deben morir, por Josh Tapper

    April 12th, 2011
    Las limitaciones a la libertad de prensa en Rusia han sido bien documentadas. El Kremlin tiene participación en las seis estaciones nacionales de televisión, incluyendo Rusia Today, que transmite en inglés, y controla el 60 por ciento de los periódicos registrados en el país. La ausencia de una prensa libre ha sido una lacra en los esfuerzos de Rusia por mostrarse como una democracia de estilo occidental.

    Todo eso parecería disminuir la influencia –y quizás aumentar la importancia—de las escuelas de periodismo del país, incluyendo la Facultad de Periodismo de la Universidad Estatal de Moscú, según muchos, el corazón de la educación periodística en Rusia. En septiembre, la facultad relanzará su currículum, reduciendo la porción de ciencias sociales –literaturas rusa y extranjeras, historia del periodismo, sociología de la prensa—y añadiendo más entrenamiento práctico en nuevos medios. El cambio, por supuesto, tiene que ver con el uso cada vez mayor de fuentes de noticias de Internet, especialmente entre los jóvenes.

    En un artículo reciente en The Moscow Times, el periódico en inglés de la ciudad, Elena Vartanova, teórica de los medios y decana de la escuela de periodismo de la Universidad, presentó los lineamientos del futuro curso, sugiriendo que la educación en nuevos medios podría acelerar la liberalización del periodismo en Rusia.

    Hablé con Vartanova en su oficina en el centro de Moscú, a corta distancia del Kremlin. Además de su visión sobre el estado de los medios en Rusia, Vartanova se refirió al crecimiento de la cultura de las noticias online, cómo los futuros periodistas –sus estudiantes—podrían alterar lo que llama la “particular industria nacional de medios” y por qué la desaparición de los medios tradicionales podría ser algo bueno.

    Tapper: En su artículo, llama a Rusia un país con una “particular industria nacional de medios”. Parece una forma sutil de decir “Tenemos un montón de problemas”. ¿Qué quiso decir exactamente?

    Vartanova: Vivimos en una sociedad muy compleja y problemática. ¿Cuánto tiempo tomó a los medios norteamericanos volverse financieramente viables y políticamente sustentables y respetables? En 1991, los medios rusos salieron de un ambiente de completa censura. Todavía hay periodistas en los staffs editoriales que son leales miembros del Partido. En términos de desarrollo histórico, recién estamos en el comienzo.

    Parte de la mentalidad Rusia y la cultura de los medios y la política es la crítica pasiva. No tenemos una sociedad civil desarrollada. La gente no se siente responsable de sí misma o de su entorno. Este es un problema tradicional en Rusia. La gente siente que el Estado debería ocuparse, pero sabe que lo hace muy mal. Crear algo desde abajo no es algo típico para los rusos. Creo que el cambio tecnológico acelera el cambio cultural y político en la sociedad. Ayuda a librarse de los viejos usos. Algunas veces es doloroso ver morir a los periódicos, pero, en cierto sentido, esa herencia no es fácil de sobrellevar. El cambio tecnológico ayuda mucho.

    Tapper: ¿Así que sugiere que, a diferencia de los Estados Unidos, donde mucha gente se lamenta por la muerte de los periódicos, en Rusia podría, en realidad, ser algo no tan malo?

    Vartanova: La muerte de los diarios no sólo significa la muerte de los medios tradicionales, sino también la muerte de la vieja cultura de los medios. Quizás esto ayudará a la siguiente generación rusa. Hay una presencia estatal muy fuerte en los medios, no sólo federal, sino también a nivel regional y local. Nuestros medios no son transparentes respecto de su estructura de ingresos. Por ejemplo, no conocemos las fuentes de ingresos de muchos medios locales. Pero sabemos que las autoridades locales, aún cuando no poseen medios, invierten (en ellos) informalmente. Los periódicos locales trabajan como periódicos oficiales de las autoridades locales. El mercado de avisos está desarrollado de forma muy desigual –la televisión tiene más dinero de avisos que los medios impresos–, así que la presencia estatal es importante para los periódicos.

    Los periodistas de los viejos medios prefieren recibir dinero de auspiciantes, que podrían ser partidos políticos u hombres de negocios locales. Sirven como instrumentos de influencia. En muchos mercados hay un pequeño porcentaje de medios objetivos. No tenemos un modelo de periódico que corresponda al periódico occidental. Nuestros periódicos eran herramientas de propaganda e ideología. Y eso no ha cambiado.

    Nuestros jóvenes han crecido en un ambiente diferente. Quizás la brecha digital entre jóvenes y viejos ayudará aquellos a crear su propia cultura, independiente de la vieja tradición autoritaria.

    Tapper: La brecha digital también se puede expresar en términos geográficos, un problema específico ruso considerando el tamaño del país. El acceso a la banda ancha puede ser cuatro veces más caro fuera de Moscú y hay mucho menos usuarios de Internet fuera de las grandes ciudades. ¿Cómo afecta esto el crecimiento de los medios online?

     

    Vartanova: El potencial crecimiento de Internet enfrenta el desafío del desarrollo tecnológico. Dado que el país está tan pobremente poblado, sólo tenemos crecimiento de Internet en las grandes ciudades, donde la gente tiene muy buen acceso online. La cultura online ha madurado en las grandes ciudades. Aquellos que tienen buen acceso a la tecnología tienen, realmente, una imagen del mundo muy diferente. Actualmente, la gente de las grandes ciudades depende más de Internet que de la televisión.

    Tapper: ¿Qué rol, entonces, juega Internet en los medios rusos?

    Vartanova: Es realmente una nueva parte de nuestro sistema de medios. La gente consume cada vez más noticias online, y éstas a menudo dan el primer paso en la construcción de la agenda pública. Sólo entonces los consumidores buscan más análisis y comentarios de los medios impresos.

    Una de las funciones de los medios online es crear una agenda alternative de noticias. Si uno mira los grandes canales de televisión ve un contenido destilado, que es revisado por los gerentes de la empresa, por la gente del poder –uno no encontrará material problemático allí. La agenda alternativa en Internet ayuda a los rusos a ver los huecos y los problemas. E Internet se ha convertido en la herramienta de la gente para crear la opinión pública, para apoyar al “hombre de la calle”. En Rusia, cuando los medios tradicionales dicen algo, uno busca la confirmación en Internet. Provee un punto de vista diferente.

    Por ejemplo, en otoño pasado hubo un gran plan para construir una autopista de Moscú a St. Petersburgo. El camino cruzaría un bosque cercano a Khimki, un suburbia de Moscú. Los ciudadanos de estaban completamente en contra. Mientras (el presidente Dimitri) Medvedev se preparaba a firmar el decreto, la gente comenzaba a organizarse online, a través de Twitter y de sitios de blogs como LiveJournal, arreglando fechas para realizar protestas públicas. Finalmente, se volvió una cuestión extremadamente urgente para los medios tradicionales. La gente comenzó a pensar que podían decir al poder qué hacer.

    En Rusia, Internet tiene el potencial de enseñar a la gente cómo expresar sus opiniones y ser más activa en la sociedad civil.

    Tapper: Su formación es en economía de los medios. Con su enfoque sobre los nuevos medios, ¿cómo preparará el nuevo currículum de la escuela a los estudiantes para una carrera en Rusia?

    Vartanova: Será más conceptual: cómo Internet está cambiando el paisaje y el consumo de los medios, y cómo influye en los medios y la cultura de la comunicación en la sociedad Rusia y entre usuarios. Combinaremos conocimiento académico con habilidades prácticas.

    También enseñaremos a los estudiantes cómo crear sus propios medios en Internet. Aprenderán cómo ganar dinero, cómo lidiar con los anunciantes –a no ir a los políticos, a no pedir al Estado que financie sus compañías. Aprenderán las desventajas y los problemas del sistema ruso. Pero al crear y mantener sus nuevos medios, los graduados crearán una nueva cultura, nuevos segmentos de la industria de los medios.

    (Aquí, la versión original de este artículo, en inglés)
    http://www.niemanlab.org/2011/04/how-russias-top-journalism-school-is-revamping-its-curriculum-to-create-a-new-culture-of-press-freedom/?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+NiemanJournalismLab+%28Nieman+Journalism+Lab%29
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