sábado, 20 de febrero de 2010

Kapuscinsky, el “agente secreto”


La Primera
20 de febrero de 2010
Juan Gargurevich

El nombre de Richard Kapuscinsky, tal como en la película “La vida de los otros”, figura entre los informantes de los servicios secretos de Polonia de los tiempos comunistas que hoy son abominados.

Es historia, es verdad y por eso la biografía que se publicará en estos días sobre el gran periodista se titula precisamente “Kapuscinsky No Ficción”. Ha sido escrita por un colega suyo, Domoslawsky, quien alega que los datos referentes a su colaboración con las autoridades rojas y prosoviéticas figuran en los archivos del “Instituto de memoria Nacional”.

Pero su viuda Alicja, no quiere que se publiquen esos datos seguramente porque considera que se mancharía su memoria, etc. y ha planteado una interdicción judicial para que tal texto no circule.

Pero ¿acaso esos datos mancharán la memoria del formidable reportero Kapuscinsky?

Nada más ridículo. El periodista dejó tal legado de sabiduría, valores y experiencia que no habrá dato que empañe su memoria y su pensamiento plasmado en los 19 libros que publicó, las lecciones que dictó y el ejemplo que nos obsequió.

Los propios polacos habían ya reconocido antes que los corresponsales de la agencia de noticias gubernamental “Polish Press” (PP) enviaban copia de sus informes a las autoridades correspondientes. Todo el mundo sabía que los corresponsales de los países detrás de la Cortina actuaban también de informantes de sus gobiernos. Era una cuestión ineludible; era así, más allá de creer si estaba bien o mal.

Richard Kapuscinsky estuvo en Lima en 1969 en el tiempo en que la Revolución de la Fuerza Armada con Velasco a la cabeza parecía tomar rumbo socialista. Y acompañó a nuestro amigo Efraín Ruiz Caro a varias expropiaciones de haciendas en el Cusco, entusiasmándose con los Andes y el proceso aunque debió interrumpir su viaje porque un soroche imbatible lo obligó a bajar a Lima.

¿Informaría el reportero sobre la Revolución Peruana? ¿Contaría que ésta era una revolución que se desdibujaba porque los generales decían que hasta ahí nomás atemorizados por el rumbo que tomaban las cosas?

Ojalá conozcamos algún día los despachos y crónicas que envió sobre su experiencia en el Perú. Y que su familia no se preocupe: nos importa un pepino que se haya descubierto que sus despachos los hacía con copia.

Nadie se ha escandalizado con, por ejemplo, Gunter Grass y su experiencia juvenil hitleriana o que, sin ir muy lejos, más de un importante escritor peruano fue militante de la Juventud Comunista.

A éstos, como a Richard Kapuscinsky, los juzgaremos por lo escrito.

Patricia y Augusto

La Primera
20 de febrero de 2010
Por César Hildebrandt

No sé qué tendrá que pasar en RPP para que Patricia del Río y Augusto Álvarez Rodrich presenten su renuncia o digan algo (o susurren alguito, o se incomoden un poco).

Y es que lo que está haciendo Raúl Vargas con esa emisora es sencillamente indigno de llamarse prensa.

Como las encuestas señalan que la popularidad de Alan García está -a nivel nacional- por los suelos, Vargas ha decidido servir de pulidor del régimen.

¿Que el modelo no llega a todos?

Pues allí está Vargas para preguntarle al director del programa Juntos las preguntas que sólo le harían en el “Melody” y las repreguntas que sólo le haría su santa abuelita.

-¿Vamos bien, pero podemos ir mejor? –pregunta Vargas.

-Hemos aprendido y claro que vamos a mejorar –le responde el burócrata locuaz.

¿Que en Essalud matan y rebanan y sierran y no pasa nada?

Pues allí está Vargas, en su papel de Jabba the Hutt del palacio de Pizarro, haciéndole “al ingeniero Fernando Barrios”, el director de Essalud y el que paga la publicidad y abona muertos y heridos por cada servicio prestado, la entrevista más horizontal que uno pueda imaginar “con ocasión de inaugurarse este gran hospital de Chiclayo-Oeste, el Luis Heysen Incháustegui”.

¿Que Luis Alva Castro es un monigote con el pelo teñido por Miss Clairol cuyas dos últimas hazañas son haberse enredado con un patrocinio de quince mil dólares a Fabiola de la Cuba y con un aumento de connotaciones delictivas a sus secretarias?

Pues allí va Vargas, en su papel de Chino de la Esquina, diciendo a los millones de oyentes de RPP que él conoce a Alva Castro “por sus preocupaciones filosóficas” y por “su vocación editorial y literaria” (cuando Alva Castro es a la literatura lo que Chemo del Solar al éxito y a la filosofía lo que los ácaros al finado gliptodonte).

Y va enseguida una entrevista que podría ser más útil que un dedo en la garganta a la hora de librarse de un contenido estomacal incómodo.

O sea que Nava, Mirtha y el jefe de todos los capos deben haberse sentado con Vargas y deben haberle dicho que la estabilidad del gobierno y la legitimidad del sistema dependen de RPP y de esta nueva campaña de planchado y pintura.

Y Vargas ha llegado a un arreglo conveniente. Total, si estuvo a punto de viajar a México como embajador de Alan García –y no lo hizo porque Manuel Delgado Parker se lo pidió y le aumentó el sueldo-, ¿por qué no va a oficiar de cataplasma de este contuso gobierno?

Da vergüenza ajena escuchar la agonía de este Vargas. Porque no sólo es un asunto de contenido.

La voz de Vargas era grave y muchas veces noticiosa. Ahora se ha hecho meliflua, zalamera, coqueta bajo cuerda.

Antes sus bajos continuos respaldaban una melodía que iba al son del día y tenía el eco vibrante del directo en directo. Hoy la voz de Vargas parece la de Pedro (también Vargas) cuando cantaba boleros para señoras en un cabaré.

Vargas fue nuestro Wálter Cronkite radial. Hoy es una melopea de Radio Nacional tomada por la Apdayc.

Si Radio Incahuasi –la que Haya usaba para mandar a insultar a sus enemigos- estuviese en el dial, la sacarían del aire por hacerle competencia desleal a la RPP de Vargas.

Pero, bien, el problema ya no es Vargas, que ha decidido ser, como en el viejo icono de la RCA Victor, la voz del amo y jugar a la cocinita con su amigo Alan García.

El problema para mí, lo que me pone tenso y confundido como oyente y colega es no tener una respuesta para la siguiente pregunta: ¿por qué Augusto y Patricia no se ponen en sus trece, pierden el miedo escénico y hacen, sin miedo, las preguntas que (estoy seguro) quieren hacer?

Está muy bien que don Raúl Vargas quiera terminar sus días de radio como lo está haciendo –si Macera bailó con Fujimori, ¡imagínense!-, pero está mal que lo haga en compañía de dos periodistas respetables.

Patricia, Augusto: ¿pueden ustedes hacer algo? Los estamos viendo y escuchando.

martes, 16 de febrero de 2010

“Venezuela es zona de desastre”

La República
14 de febrero de 2010
Entrevistador del canal de noticias Globovisión y presidente del Colegio Nacional de Periodistas de Venezuela, William Echeverría tiene una multitud de razones para ser un hombre de prensa crítico del gobierno de Hugo Chávez. Esta semana llegó al Perú para explicar cómo el “socialismo del siglo XXI” está acabando con las libertades ciudadanas y la democracia en su país.

Por Raúl Mendoza

¿Qué tan difícil es hacer periodismo independiente o de oposición en la Venezuela de Hugo Chávez?

–Es tan difícil que hemos declarado a Venezuela como ‘zona de desastre’ de la libertad de expresión y del ejercicio del periodismo. Es una iniciativa del Colegio de Periodistas de Venezuela junto al Sindicato de Trabajadores de la Prensa y el Círculo de Reporteros Gráficos. Con ellos hemos creado la Alianza por la Libertad de Expresión. Esta alianza también está conformada por ONGs, directores y estudiantes de las escuelas de periodismo; organizaciones de derechos humanos y otros sectores.

–¿Cómo se da la presión del gobierno?

–Hay muchas iniciativas que atentan contra la libertad de expresión. El cierre de Radio Caracas Televisión, por ejemplo, la emisora de mayor audiencia. Se argumentó que se venció la concesión para su funcionamiento. El tema es que era una estación crítica, independiente. Luego la emisora se va al cable y por segunda vez la sacan del aire. Hay un ensañamiento contra la libertad de expresión.

–¿Y eso también ha pasado con otros medios de comunicación?

–Claro, 32 emisoras de radio fueron cerradas por el gobierno de Hugo Chávez, algo inédito en América Latina. Y otras 200 emisoras de radio han sido amenazadas.

–¿De qué forma?

–Diciendo que van a revisar las concesiones o sus papeles. Siempre utilizan el argumento legal. Siempre se recurre a un corset jurídico que ha armado el gobierno para limitar y regular la libertad de expresión en Venezuela. Eso se traduce en una gran autocensura. Si a ti te dicen ‘te voy a cerrar’ y cierran 34 emisoras y 200 están amenazadas, ¿qué haces?

–¿Cómo se practica entonces el periodismo independiente o el de investigación? ¿Cómo hacen para conseguir información relevante?

–Por eso hemos declarado la libertad de expresión en Venezuela como ‘zona de desastre’. No hay acceso a información pública. Un ministro no recibe a un periodista de un medio privado. Se ha hecho esfuerzos, incluso con el IPYS, solicitando información necesaria para algunos reportajes y no hay respuesta. El argumento del gobierno es que los periodistas en el 2002 participamos del golpe de Estado que lo sacó temporalmente del poder. A diferencia del periodismo impreso donde se puede investigar citando fuentes confiables, en radio y televisión es imposible hacer periodismo de investigación. Está cerrada la oficina de prensa del Parlamento, la del Cuerpo de Investigaciones Judiciales y los periodistas independientes no tienen acceso al Palacio de Miraflores y menos al presidente.

–¿No van ni a las conferencias de prensa?

–No son convocados. Las ruedas de prensa del jefe del Estado son para los corresponsales internacionales. Las cámaras de la televisión independiente no tienen acceso al hemiciclo del Parlamento. Solo hay una emisora, para saber qué pasa ahí, en el telecable. Algo que solo pasa en Cuba.

–¿Hay una estadística de agresiones a periodistas críticos?

–De acuerdo con la ONG venezolana Espacio Público y la Comisión Nacional de Protección de Periodistas creada por el Colegio de Periodistas de Venezuela, el gobierno lidera las agresiones contra la libertad de expresión. Los principales agresores son, después de la Policía y la Fuerza Armada, la Comisión de Telecomunicaciones y el organismo recaudador de impuestos. La modalidad de mayor incidencia es la agresión física, seguida de la intimidación y la amenaza a los trabajadores de la comunicación. Entre el año 2002 y 2008 hubo 1,300 casos de violación a la libertad de expresión.

–Pasando al plano político, usted ha dicho que el gobierno chavista es “una aplanadora que avanza por etapas”. Explíqueme eso…

–Este gobierno neototalitario busca ir poco a poco quitando el oxígeno democrático e ir acorralando a la disidencia. El presidente Chávez se ha declarado marxista y ha hablado de la disolución de las instituciones burguesas. Eso significa que aquellas instituciones que generan valores son cercadas por el gobierno: escuelas, liceos, universidades, medios de comunicación. Avanza sobre ellas aplicando leyes aprobadas por un Congreso que no representa al país, porque hay una sola tendencia allí presente.

–¿Venezuela vive bajo una dictadura?

–Es una ‘democradura’. El gobierno arremete contra el Estado de Derecho y la Constitución, pero basado en leyes. Se reviste de legalidad, y es democracia y dictadura al mismo tiempo. Se puede hablar en los medios, pero no sabes las consecuencias de hacerlo. Hay presiones sobre los anunciantes si eres un factor crítico. Este proceso político es apadrinado por Fidel Castro.

–¿Y dónde está la oposición?

–Allí entra otro tema. Obviamente hace falta un proyecto de país. Es decir, ¿cuál es la alternativa que los aspirantes a la toma del poder por la vía democrática y cívica van a ofrecer al país? Hay un vacío enorme por parte de quienes pueden ser los factores alternos al proyecto de Chávez.

–¿La gente no se da cuenta de que va camino a la dictadura cuando Chávez dice “hemos cumplido 11 años y vamos a estar 11 años más”? ¿O cuando sale a pasear y ve un edificio histórico y dice “exprópiese”?

–Acuérdate que acaba de producirse una devaluación de más del 100% en Venezuela y eso le genera un ingreso sustancial de dinero, que va a ser usado en las elecciones parlamentarias de setiembre. Ese dinero se va a lanzar a la calle para distraer la situación económica que vivimos. Pero hay cambios graves, como la racionalización del suministro eléctrico. Algo paradójico porque somos una potencia energética y ayudamos a otros países con petróleo y gasolina a bajo precio. Es increíble que tengamos hoy un plan de emergencia donde se limita el consumo de energía eléctrica. Hay racionamientos en el interior del país.

Eso se está sintiendo y de aquí a las elecciones de setiembre puede generar un cambio de la percepción que ha tenido el venezolano común sobre la gestión del presidente.

–¿Sienten que Chavez dilapida los dineros que ingresan por el petróleo?

–Para administrar una nación se necesita conocimiento o rodearse de asesores que puedan administrar los recursos. Mira, 9 mil millones de dólares han entrado al país por petróleo. Deberíamos estar en situación parecida al Perú, o Colombia o Chile, que está a punto de ser un país desarrollado.

–Tarde o temprano Chávez va a caer...

–Lo que puedo decir es que el camino es la vía democrática, la protesta cívica, que además se va a materializar el próximo 26 de setiembre en elecciones donde los venezolanos debemos salir en masa para aniquilar los índices de abstención. Ese es nuestro recurso, la utilización de métodos no violentos de lucha. Ese es el camino de la protesta en Venezuela.

Lo malo y lo bueno

–¿En su caso ha sentido los ataques en carne propia?

–Tengo un espacio de entrevistas en Globovisión y fui uno de los afectados por el cierre de las 32 radios. Hoy, por criticar al gobierno, recibo agresiones a diario de un programa del canal estatal. Me descalifican, me dicen contrarrevolucionario, apátrida, pitiyanqui. Todas las descalificaciones que usa el jefe de Estado, las usa contra mí el moderador de un programa de televisión. Y a ese programa llama el presidente para anunciar decisiones importantes. Entonces, de alguna forma, avala los insultos de ese programa contra quienes piensan distinto.

–¿Qué rescata del chavismo? ¿Por qué lo apoyan?

–Claro que sí. Las misiones sociales por ejemplo. Hay misiones educativas, de salud; es decir el presidente Chávez se ha conectado con un electorado que antes solo era tomado en cuenta cada vez que se acercaba una elección. Se ha conectado con los sectores populares y ha creado una esperanza. Pero han pasado 11 años y esa esperanza comienza a trastabillar. Sin embargo, ha puesto el tema en la agenda, porque el tema social va a estar adherido, presente en quienes aspiren al gobierno en Venezuela en los próximos años.

jueves, 11 de febrero de 2010

“Cambio” ha muerto

La Primera
Por César Hildebrandt

En Colombia existía, desde 1994, una revista importantísima llamada “Cambio”.

La publicación pertenecía al grupo editorial “El Tiempo”, cuyo accionista mayoritario es, desde el año 2007, el potente grupo español Planeta, fundado en 1949 en Barcelona y dueño de “Antena 3”, pionera en TV basura, la radio “Onda Cero”, cachorra del PP, el diario gratuito “ADN”, y la única publicación que está a la derecha del “ABC”, o sea “La Razón”.

Planeta, que tiene intereses en 25 países, tiene el 55 por ciento de las acciones de la llamada “Casa Editorial El Tiempo” y el 40 por ciento del canal televisivo bogotano “City TV”, que es parte del mismo paquete.

La legendaria familia Santos tiene el resto de las acciones. Entre esos Santos están el vicepresidente de la república Francisco Santos y el ex ministro Juan Manuel Santos.

“Cambio” se distinguió en los últimos tiempos por descubrir una serie de enjuagues y hediondeces del gobierno de Álvaro Uribe. Su gran virtud fue la cantidad de datos que aportaba, lo riguroso de sus investigaciones, la seriedad y el pluralismo de sus búsquedas.

Entre otros temas, “Cambio” destapó el asunto de los subsidios enormes a agricultores ricos –en Santa Marta una suma multimillonaria en ayuda gubernamental fue a parar a manos de cuatro familias-, la farsa detrás de los cambios en el sector salud, la ilegitimidad de la segunda reelección uribista, el feo asunto de la “parapolítica” –la alianza de los paramilitares derechistas y un sector del gobierno-, o el grandioso asunto de la corrupción generalizada, un fenómeno que la revista, en octubre pasado, calculó en unos 2,024 millones de dólares anuales de pérdida para el erario nacional (cuatro billones de pesos Colombianos al cambio actual): una mancha de caciquismo maloliente que cubre los 32 departamentos del país y que incluye a jueces, diputados, miembros del Ejecutivo, directivos de los organismos públicos.

En fin, que “Cambio” hacía la tarea que no hacía “El Tiempo”, su casa matriz -considerado el diario más importante de Colombia- y que habían dejado de hacer la mayoría de los medios de comunicación de este país, que la derecha peruana pone siempre como ejemplo, desde sus iletradas columnas, de libertad y sentido común.

Pues bien, el “Grupo Planeta” y la familia Santos han decidido cerrar la revista “Cambio”.

Y esto que “Cambio” tenía una circulación, oficialmente anunciada, de 133,684 ejemplares y una “lecturabilidad”, como se dice tan horriblemente en Colombia, de 233,600 lectores.

Aun así, el muy fariseo señor Luis Fernando Santos, presidente del grupo “El Tiempo”, ha anunciado que el cierre de “Cambio” se debe a un supuesto fracaso comercial.

“A partir de ahora, la revista dejará de salir semanalmente, será un mensuario que se ocupará de temas más livianos”, dijo este Santos sin aureola pero con muchísimo poder.

Lo que no dijo es que la mayor presión vino del grupo “Planeta”, deseoso de hacerse con una nueva frecuencia de televisión que entrará en subasta en los próximos días, y de los círculos oligárquicos más próximos al uribismo duro. La mezcla de siempre: negocios a cambio de cabezas de periodistas.

Al promediar la semana pasada se dijo que “Cambio” saldría hasta fines de febrero, pero este lunes pasado tanto el director, Rodrigo Pardo, como la editora general, María Elvira Samper, fueron obligados a dejar sus oficinas y a echar a la basura el material que ya habían preparado.

La BBC de Londres escribió una larga y emotiva crónica, que contenía estas palabras:

“Ante el anuncio, Pardo y Samper fueron despedidos en medio de una salva de aplausos por decenas de periodistas y empleados de la Casa editorial El Tiempo, que improvisaron una calle de honor...Hubo besos, abrazos y lágrimas, le dijo una periodista del diario El Tiempo a BBC Mundo. Y añadió: Estamos muy tristes por el mensaje que significa el cierre de la revista para el periodismo Colombiano”.

La familia Santos tiene mucha influencia en la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). ¿Dirá algo la SIP sobre este atentado? ¿O volverá a decir, entre líneas, que las empresas pueden hacer lo que les dé la gana y que los periodistas son plumíferos que se contratan en la calle?

Y aquí, ¿protestarán por esta medida vergonzosa los que hablan y se desgañitan y se sueltan los moños sólo por lo que sucede en Venezuela?

La libertad de prensa ha sufrido un severo golpe con el cierre de “Cambio”. Colombia ya no será la misma sin ese semanario.

El liberalismo asustado aplica ahora en tierras Colombianas la fórmula aplicada con éxito en el Perú: a la televisión se la administra por el chantaje político, a la prensa radial se la manipula por la extorsión publicitaria, a la prensa escrita o se la controla o se la asusta o se la estrangula (y esto que en nuestro medio “Cambio” no tiene parecido manifiesto con ninguna publicación).

La fórmula funcionará hasta que la gente, asqueada, encuentre otros cauces para informarse y otras maneras para oponerse. Y hasta que los periodistas de esta región lo permitamos.

viernes, 5 de febrero de 2010

Periodistas peruanos y sus vivencias en Haití

El conglomerado de blogs llamado "La Mula" conversó con algunos periodistas y fotógrafos peruanos que estuvieron en Haití pocos días después del terremoto. Miguel Bellido, Jaime Cordero, de El Comercio, y Martín Pauca, de Peru 21, cuentan sus experiencias en este video a la vez que muestran la otra cara de Haití, una mirada desde la cual podemos abordar el desastre ocurrido y vislumbrar un futuro de reconstrucción. Tal como lo relatan estos periodistas, la esperanza por la vida fue la que los mantuvo en pie aferrados a la delicada y dura labor de mostrar la magnitud de la tragedia.

martes, 2 de febrero de 2010

¿Periodismo asesino?

Historia de Periodistas
5 Marzo 2005 Por Juan Gargurevich

El periodismo ¿puede ser “autor intelectual”?

Conocíamos varias versiones sobre la infame asesinato del talentoso líder aprista Rodrigo Franco, en 1987, pero francamente no se nos había ocurrido que se acusara al diario El Comercio de ser el autor intelectual.

No es un rumor. El conocido periodista César Campos ha hecho la afirmación en días pasados en una serie sobre el tema titulada “Los últimos días de Rodrigo Franco” publicada en Expreso, a toda página, en tres jornadas. Y allí, el primer día, al lado de las ilustraciones Campos escribe: “La implacable campaña de El Comercio contra Rodrigo Franco lo presentó como un funcionario corrupto y perverso. De ello tomó nota Sendero Luminoso”.

La idea es que Abimael Guzmán al pronunciar la terrible frase: “Hemos aniquilado un parásito burócrata sumamente peligroso” había tomado del diario de La Rifa la idea, la inspiración para señalar como objetivo prioritario al economista y, repetimos ”aniquilarlo”.

Pero ¿puede efectivamente un diario impulsar un asesinato? ¿Una campaña contra un personaje puede llevar a un asesino a considerar necesaria la eliminación del alguien en beneficio de intereses presuntamente superiores?Nuestro periodismo está lleno de leyendas al respecto. En 1872, por ejemplo, el presidente Balta fue derrocado y asesinado por los hermanos Gutiérrez en uno de los episodios más dramáticos de la historia peruana y la opinión pública no pudo expresarse porque los diarios estaban clausurados (entre ellos El Comercio, por Balta). Pero José Antonio Miró Quesada utilizó la imprenta de su periódico “South Pacific Times” y lanzó desde el Callao 20 mil copias de una edición especial conteniendo una enérgica protesta parlamentaria.

Aquella hoja, dice su biógrafo Aurelio Miró Quesada, contribuyó “poderosamente a levantar los ánimos, tan quebrantados por los revolucionarios, y a robustecer los sentimientos en defensa del orden y la ley y en contra de la arrogante y tempestuosa usurpación de los Gutiérrez”.

Dos de los hermanos fueron linchados y colgados de las torres de la Catedral en las horas siguientes en una reacción que se incentivó cuando se supo del asesinato del presidente Balta.

Poco más de diez años después un nuevo magnicidio sacudiría al país. Al infortunado Balta lo sucedió Manuel Pardo, que soportó ataques periodísticos terribles y excesivos como aquella famosa edición del semanario que los canillitas vocearon como “¡La Mascarada, con el asesinato del presidente Pardo!!”en 1874.

La revista tenía una gran caricatura en la carátula que mostraba a Pardo ataviado de romano, como Julio César y con una leyenda que decía “La Historia es un Espejo don la Humanidad halla Consejo” y detrás, un opositor esgrimía el puñal asesino, parodiando a Bruto.

Cuatro años más tarde Manuel Pardo fue muerto a tiros por un sargento en una oscura conspiración que nunca fue bien aclarada pero los hombres de su tiempo afirmaron que había sido inspirada por aquella caricatura que reclamaba como solución la muerte del gran político civilista.

En el caso de Rodrigo Franco nos parece excesiva la relación que hace el periodista Campos –de filiación aprista, por lo menos en aquel año 87- porque era una época en que el gobierno aprista cometía un error tras otro, dando tumbos, desprestigiándose y estaba en general en la mira del periodismo, que le reclamaba rectificaciones. En el caso de ENCI la responsabilidad política era en todo caso del cuestionadísimo Remigio Morales Bermúdez y no de Franco, un técnico del partido.

Fue un crimen brutal, sin justificación y hasta hoy, sin explicación clara. La versión de que fue elegido por Abimael Guzmán como ejemplo, etc. no suena convincente, existiendo incluso una serie de versiones que no nos atrevemos siquiera a mencionar.

La interrogante inicial persistirá sin embargo: ¿puede la letra impresa ser tan poderosa como para incitar a matar a alguien?

lunes, 1 de febrero de 2010

Laurence Lessig: "El periodismo es un bien público y necesita financiación institucional"

El profesor de Harvard propone la tecnología como herramienta de fiscalización política

ROSA J. CANO - Sao Paulo
30/01/2010
El País

Padre de las licencias creative commons, alternativa al copyright menos restrictiva y adaptada por cada autor, entusiasmó en Campus Party con su concepción de la cultura. "Brasil es el país más importante del mundo para el futuro de la cultura digital", dijo como aperitivo de muchas más píldoras que escandalizarían a muchos dirigentes de la cultura española.

En Brasil es muy diferente, el Secretario Ejecutivo del Ministerio de Cultura de Brasil, Alfredo Manevy, propone una reforma de su ley completamente opuesta a la que se baraja en España. "Nuestro copyright es antiguo y cerrado. Claro que queremos defender los derechos de autor, porque no es sólo una cuestión moral, sino también económica, pero sí vemos internet como un derecho básico; como la luz y el agua. Nuestra intención es debatir, sin prisa, pero aprobar una ley que dé acceso a todos los brasileños y se permita la copia privada", insiste este ministro interino con aire hippie.

Añade que, lo contrario sería un paso atrás: "En la Universidad hay libros agotados que hacen falta pero es ilegal copiar. En un país de 200 millones de habitantes los libros salen con una tirada de 5000 ejemplares. En Brasil el 90% de la población no va a la bibliotecas, cines y teatros. Con internet sí podrán conocer la cultura. En los últimos años se ha creado una clase media con más de 40 millones de habitantes. No los podemos traicionar cerrándoles las puertas. Esto no es un país de 40 millones de piratas, sino de gente con ganas de conocer".

El joven ministro se mostraba tajante: "El camino no es cerrar la tecnología sino cambiar la gestión económica. Hay un flujo de dinero bajo la red que los intermediarios del pasado no nos dejan ver. Hay que mirar el conjunto, no el ombligo".

Con políticos con esta implicación en la red, es normal que Laurence Lessig se sienta como en casa y vaya un paso más allá en sus ideas, si ha conseguido que muchos artistas publique sus obras con algunas cláusulas que les permiten compartir, ¿por qué no hacer lo propio con los laboratorios médicos? Todavía no se ha adentrado en este campo, pero no parece que lo descarte: "Una de las cosas grotescas del sistema de sanidad que propone Obama es que no se contempla una bajada del precio de los medicamentos. Eso sólo lo han conseguido parcialmente Brasil e India".

Una vez popularizadas las licencias copyleft se propone un nuevo reto: fiscalizar la transparencia política haciendo uso de la tecnología. "Las donaciones que esperan una votación favorable a cambio no se pueden considerar como tales. Se está haciendo mucho daño a las instituciones y nos vamos dar cuenta cuando sea demasiado tarde" se lamentaba.

Una primer paso para esta transparencia pasa por la liberación de datos. Las acciones de Open Government son cada vez más comunes. Con la llegada de Barack Obama, la Casa Blanca pasó a crear contenidos en Creative Commons para ayudar a difundir sus vídeos, fotos y discursos, siempre que no se haga negocio con ello. En su opinión, esta medida se queda corta: "Sólo es un paso, faltan más. Los gobiernos son lentos pero el dinero influye en la política, tendría que poner mecanismos de control porque afecta a la sociedad lo que decida en ecología, salud o educación".

Poco amigo de los conservadores de Estados Unidos no se pudo aguantar al preguntar por su opinión en la guerra entre News Corp. y Google. La compañía de Rupert Murdoch no quiere que las noticias de sus medios aparezcan en el buscador más conocido. "Personalmente, me encantaría que Fox News dejase de aparecer en los resultados cuando hago una búsqueda. Creí que Google lo dejaría pasar, sin embargo, se han involucrado y es algo justo. El nuevo periodismo es un reto del siglo XXI", insistía, "¿Cómo vamos a saber si los periodistas hacen bien su trabajo si no se les da sustento?".

En su defensa de los valores democráticos apoyó la idea de dar financiación pública e institucional a los medios, "porque hacen una labor social. Sin los medios libres y con periodistas formados no se entiende la democracia".

domingo, 31 de enero de 2010

Reflexiones sobre la prensa


30 de enero de 2010
La Primera
Por César Hildebrandt

El periodismo peruano fue fundado por los cronistas de la conquista. Me refiero a aquellos cronistas que relataron, con todas las dificultades imaginables, los sucesos que terminarían con el hundimiento precoz y sanguinario del imperio de los Incas.

Ahora bien, muchos de esos cronistas no se limitaron a relatar hechos, a describir procesos y a elogiar conversiones. Muchos de ellos inventaron hechos, imaginaron procesos y llamaron conversiones a la imposición violenta de una cultura y unas creencias que, vistas con objetividad, incurrían en tantas supersticiones como aquellas que España se empeñó en extirpar en estas tierras.

Muchos cronistas fueron, entonces y para decirlo con lenguaje familiar, periodistas fabuladores y amarillentos, remotos ascendientes de la chicha contemporánea, tatarabuelos de los tatarabuelos de esos periodistas que, hoy mismo, son capaces de llamar bizcocho al pan y agua al vino.

Aquellos cronistas que vieron animales monstruosos donde sólo había parajes nuevos y aguas sin desentrañar, aquellos que inventaron mitos como el de las Amazonas y leyendas como la ciudad del oro siempre inaccesible, lo hicieron, sin embargo, con más candidez que perversidad, con más irresponsabilidad histórica que apetitos a los que obedecer. Pero lo hicieron y fundaron así un género ambiguo, mezcla de historia, relato de actualidad, compendio de mentiras, almacén de inverosimilitudes y registro oral de testimonios verdaderos.

En el Perú del Tawantisuyo no había libros porque no había escritura. En el Perú de los españoles dominadores los libros, sencillamente, se prohibían. En toda la América virreinal la Inquisición prohibió la lectura y creación de novelas, con lo que la primera novela de esta parte del mundo data de 1816, ya en pleno proceso de emancipación, y corresponde al mexicano José Fernández de Lizardi. Estoy convencido de que Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar o José Lezama Lima se vengaron largamente de esa cuarentena novelesca conquistando España con sus libros y su vitalidad creadora. Lo hicieron quinientos años después, es cierto, pero, de algún modo, nos reivindicaron.

Si la novela es un producto tardío en esta América, el periodismo, en cambio, es elaboración que se remonta al siglo dieciséis. Y el Perú es uno de los países con linaje más antiguo en este menester. En efecto, la primera Relación –relato seco y casi notarial de algún hecho- impresa en el Perú virreinal, data del año 1584 y se llamó “Pragmática sobre los diez días del año”. Esta hoja, que todavía puede verse en la Biblioteca Nacional de Lima, da cuenta del nuevo Calendario Gregoriano y fue impresa en la imprenta que el italiano Antonio Ricardo instaló en Lima en el año de 1580.

El historiador del periodismo Lewis Bull considera que Lima se anticipó a Europa en la fabricación de las Relaciones, germen del periodismo, pero Alejandro Miró Quesada insiste en que antes que aquella relación sobre el calendario gregoriano está la relación impresa en Sevilla en 1577 y que trata del viaje a esa ciudad andaluza del rey Fernando.

De cualquier modo, fuimos, junto a México, el centro fundacional del periodismo latinoamericano.

Nuestro primer Noticiario –descripción de hechos variados en una sola publicación- data de 1618 y contenía noticias venidas de Roma, llegadas a Sevilla, y reproducidas en Lima.

Y el primer Diario de Lima, así llamado, circuló restringidamente, hecho a mano, desde 1629 a 1634 y es, junto a Nuevas de Castilla, de 1621, antecedente ilustre de nuestro quehacer. No puedo dejar de decir que el único ejemplar de La Gaceta de Lima, el primer periódico propiamente dicho del Perú, no está en nuestra Biblioteca Nacional sino en la Biblioteca Nacional de Chile, llevado por la soldadesca de nuestro vecino junto a millares de libros de incalculable valor. Debemos decir, además, que esta Gazeta, que tenía vocación periodística evidente y enumeraba hechos como la salida y entrada de los barcos del puerto de Lima, fue la primera de América, lo que hizo del Perú el país fundador de lo que podría llamarse el periodismo formal en esta parte del mundo. Con este linaje, con este pasado, ¿por qué estamos como estamos?

Vivimos una mala época. Vivimos un momento histórico en que la mayor parte de la prensa es parte del problema y no de la solución. Y no sólo aquí, sino en muchas partes del mundo.

La gran prensa parece comprometida con un nuevo pacto universal: las leyes del mercado no se deben discutir, el neoliberalismo sin compasión no se debe discutir, la hegemonía de una sola potencia no se debe discutir.

Lo que antes era una propuesta de los ricos para que nada cambiara pretende pasar hoy por receta mundial y panacea cósmica.

Los que antes juraban que el mundo podía ser mejor si hubiera más humanismo y más justicia, hoy llaman idiotas a quienes no piensan como ellos. Y hay un idiota llamado Álvaro Vargas Llosa que le pide a su papi que le haga propaganda a sus libros y su papi se la hace y, de paso, llama idiota también a Noam Chomsky, ejemplo de intelectual comprometido con las buenas causas, o sea con las causas perdidas.

Parece un shakespereano cuento de locos contado por idiotas, pero ahora resulta que hay gente que insiste en que la historia ha terminado, que el neoliberalismo es la máxima creación del cerebro humano y que las invasiones y brutalidades del imperio son injerencias democráticas, excursiones civilizadoras y masacres pedagógicas hechas en nombre de Dios.

Bueno, Sartre, el brillante Sartre, también pensó que el marxismo era la filosofía insuperable de su época y miren en qué acabó el marxismo: en Boris Yeltsin borracho celebrando la extinción de su país.

Sucederá lo mismo esta vez. Pero sucederá a pesar de la gran prensa, comprometida hasta el tuétano con los intereses corporativos mundiales, vendedora de conformismo, cobra que quiere hipnotizarnos y hacernos creer que los pobres son una realidad irremediable, que el Estado debe empequeñecerse hasta casi desaparecer, que el TLC con los Estados Unidos es magnífico para todos y que libertad y mercado son socios de la misma aventura posmoderna.

La gran prensa no tiene ahora otra responsabilidad social que la apuesta corporativa por el statu quo. Esa perspectiva dicta sus coberturas, maneja sus editoriales, califica a sus colaboradores y aconseja sus silencios.

La gran prensa ha llegado a la conclusión interesada de que el mundo, en esencia, está mejor que nunca y que sólo merece, acaso, ciertos retoques. Es por eso que sólo hace cuestionamientos secundarios, anecdóticos y banales sobre el sistema económico que ancla a los pobres en su pobreza. La gran prensa, en suma, es parte del sistema mundial de dominación. Puede cuestionar, hablando del mundo, que Obama envíe 20,000 soldados más al frente de Irak pero jamás discutirá la naturaleza criminal y petrolífera de la invasión norteamericana sobre Irak. Puede cuestionar, hablando del Perú, una licitación más o menos tronante pero jamás cuestionará este sistema que le permite al señor Dionisio Romero elegir el tribunal que lo habrá de juzgar y salir absuelto de cara a los mismos hechos que enviaron a la cárcel a otros.

La gran prensa está en eso de que la búsqueda ha terminado. Es una prensa que se ha hecho parte del poder. Es el pesebre que terminó en el Osservattore Romano, la pregunta que dejó de interrogar, el cuestionamiento que derivó en silencio.

Será la sociedad, entonces, la que deberá exigirle a la prensa que ayer le servía que vuelva a sus orígenes, a sus deberes intrínsecos. La gran prensa ha roto su pacto con el interés público y se ha sometido a las exigencias homogenizadoras del sistema.

George Orwell dijo que la libertad consiste en el derecho de decir a los demás lo que no quieren oír. Serán los consumidores los que tengan que decirle a la prensa el tamaño de sus omisiones. Porque muchos hablan de la crisis universal de la prensa. Pero lo que no dicen es que esa crisis es, fundamentalmente, una crisis de contenidos y un resultado de sucesivas y crecientes cobardías. La prensa no está condenada a desaparecer. Desaparecerá la que insista en olvidar a Émile Zola.

sábado, 30 de enero de 2010

“La Crónica” y la historia de los Prado

Crónica Viva
Por juan Gargurevich
Lunes, 25/05/2009

La muerte hace poco de un prominente miembro de la familia Prado ha hecho emerger iejos episodios, resentimientos y quizá cuentas históricas por saldar. Y entre esas historias está la suerte que corrió el diario “La Crónica” que fundó Moral en 1912.

Fue nuestro primer tabloide que quiso imitar a los dinámicos diarios de los países del norte; y efectivamente, gracias al uso generoso de fotograbados y mucha crónica policial, logró un primer lugar pero en la zona de “segunda” pues nunca logró los niveles de calidad y credibilidad de los otros, “La Prensa” o “El Comercio”.

Fue siempre un diario ligado al poder y la política. Desde su aparición fue puesto al servicio de Leguía y su director Clemente Palma no disimuló su adhesión total al dictador, y tanto, que en 1930 debió abandonar el periódico, tal como lo hizo también Aramburú al cerrar la famosa “Mundial”.

Vendieron el diario (ediciones de La Mañana y la Tarde) al millonario norteño Carlos Larco Herrera (hacienda Chiclín) en 1932, quien lo puso a disposición de Manuel Prado Ugarteche para su campaña, con la condición de acompañarlo como Vicepresidente,

En 1939 el dueño de “La Crónica” era pues el número dos del país pero la relación se hizo imposible y en 1942 se vio obligado a venderlo a la familia Prado porque había acumulado enormes deudas con el Banco Popular.

El periódico pasó así a ser controlado por el llamado “Imperio Prado” en la zona más débil, menos rentable, esto es, periodismo, teatros y cines. Otras inversiones, textiles, de seguros, etc. daban rentas enormes al grupo que sin embargo comenzó a debilitarse hasta convertirse en un enorme cascarón que lideraban Mariano Prado y su hijo Marianito (“El zarevich” le decían).

Manuel Prado logró un segundo gobierno entre 1956 y 1962, dando un respiro al magnate pero al iniciarse los años setenta, ya con el general Velasco Alvarado en el poder la crisis era un secreto a voces, como lo era también la negociación que mantenía con el Chase Manhattan Bank para venderle el Banco Popular.

El gobierno militar nacionalizó el banco en junio de 1970 y se hizo de las acciones de “La Crónica” que ya editaba también de “La Tercera” y de Radio La Crónica, entre otras muchas empresas que estaban prácticamente quebradas. Mariano y Marianito fueron enjuiciados; el primero estuvo detenido en el Hospital de Policía y el segundo trasladó su buena vida a Torremolinos, en España, junto con el dinero que lograron seguramente sacar del país antes de la debacle financiera.

Pasaron entonces ambos diarios a la zona de propaganda del gobierno militar en condición distinta de los otros diarios expropiados o confiscados. En 1980 quedaron como estatales y finalmente los cerró el gobierno de Alberto Fujimori porque ya eran un lastre para las arcas públicas. Sus valiosos archivos reposan en el diario “El Peruano”.

Domingo Tamariz y el Club de Periodistas

Por Juan Gargurevich

Crónica Viva
Viernes, 22/01/2010

Domingo Tamariz, periodista profesional, apasionado de su profesión, es representante cabal de la generación de periodistas del 50, es decir, de aquellos que asumieron al periodismo como trabajo y forma de vida en esa década.

Ha hecho muchas cosas, que se contarán en parte más adelante, pero sobre todo logró lo que parecía imposible, esto es, reunir a periodistas de distintas vertientes políticas, ideológicas, apostando por la consigna “amistad y reconocimiento” a través del Club de Periodistas del Perú, institución que preside.

El Club fue fundado en año que parece tan lejano como 1963 y significó un esfuerzo de unidad en un gremio que siempre fue muy difícil de reunir. Ha supervivido gracias a que sus sucesivos presidentes insistieron en el espíritu que animó a la fundación.

“Nada de política, sindicatos, debates, sólo la amistad y el reconocimiento” insiste Tamariz señalando que esa puede ser la clave para unir al gremio desperdigados en instituciones que antagonizan y que al final no resuelven el problema central, es decir, la unidad.

Luego de dos años de Presidente del Club de Periodistas, Tamariz no solo ha cumplido a cabalidad con el mandato institucional y moral de los fundadores sino que la afirmado como una organización influyente capaz de realizarse sueño de convocar a los colegas.

-Periodista de la Católica

Tamariz es de aquellos que ingresaron a la primera institución de forjadora de periodistas, el Instituto de Periodismo, luego Escuela, de la Pontificia Universidad Católica del Perú, la PUCP, que había sido fundada en 1945 por la porfiada Matilde Pérez Palacio. Dos años más tarde la Universidad de San Marcos fundaría su propio Instituto, en 1947, marcando líneas distintas. En una la escuela americana, en la otra la influencia europea.

Tuvo entre otros condiscípulos al popular Pepe Velásquez –que hizo su carrera en el diario La Prensa y fue uno de los primeros presidentes del Club de Periodistas; al simpático Víctor Orzero, que se decidió por los espectáculos; y a Alfonso Latorre, que apostó por el periodismo cultural, además del teatro y la literatura.

Sus primeras notas las hizo en 1949 en un diario de pequeña envergadura que era sin embargo popular. Se llamaba La Noche y circulaba a partir de las seis de la tarde en el centro “y vendía bien” cuenta Tamariz, y “llegó a tirar 30 mil ejemplares”, una cifra notable para la época.

Quien afianzó su vocación de reportero fue Grados Penalillo, periodista de la vieja escuela y uno de los reyes de la prensa chica del jirón Camaná, allí donde estaban las imprentas que utilizaban los semanarios políticos que surgían y desaparecían según las coyunturas… y los mecenas.

Pregón se llamaba la revista y allí cobró Tamariz sus primeros soles en este oficio que ya no abandonaría nunca. Era el año 1949 y el general Odría afianzaba su dictadura convirtiendo al periodismo en una profesión peligrosa pues nunca se sabía cuando se aplicaría la famosa Ley de Seguridad Interior que legalizaba los atropellos a la libertad de expresión.

Eran tiempos de inestabilidad y por eso Tamariz prefirió a la naciente Ultima Hora, fundada en enero de 1950 y luego La Prensa, ambos diarios de Pedro Beltrán, líder de los terratenientes. Un grupo de periodistas de ambos diarios abandonaron las redacciones para seguir a Raul Villarán y Jorge Moral en la aventura de fundar la revista Extra y Tamariz, se les unió en la aventura, una de las muchas que emprendería a lo largo de su carrera periodística.

(Como por ejemplo marcharse a la empresa ciega de editar un periódico en Tingo María con Pepe Velásquez,su amigo de toda la vida. Allá estuvo varios meses hasta que el proyecto se derrumbó y los dejó sin empleo y sin plata).

De regreso a Lima Tamariz aceptó la oferta de trabajo que le hizo Francisco “Paco” Igartua para unirse al equipo de Caretas que había fundado junto con Doris Gibson. Era junio de 1955.

Leamos en la entrevista que le hizo José Gabriel Chueca (Perú21. 10 de enero del 2007):
-“¿Cuánto tiempo estuvo ahí?

-Como diez años. La dirigía Paco Igartua, prácticamente con Doris Gibson. Yo era muy inquieto y sacaba una serie de revistas propias, de deportes, automovilismo, agricultura, etc. Después pasé a dirigir la revista femenina Intima (que tuvo éxito en los años sesenta. Nota Nuestra). Pero luego la dejé y dirigí un magacín político de Guillermo Vega (se refiere a la revista Así, de Guillermo Vega León). Ahí trabajaba una serie de periodistas que se hicieron muy conocidos como Raúl Vargas, Mario Campos, Maynor Freyre y otros….”.
Más adelante, en esa misma entrevista, recordará su revista propia en 1970, Vistazo, quincenal, que fue un esfuerzo enorme, cooperativo, de muchos colegas –recuerda a Nelson Vela, Raul Serrano, Nelson Coronel, el Chino Domínguez- y que logró prestigio pero, como cuenta, “no tenía padrino” y finalmente sucumbió por la falta de avisos publicitarios.

-La relación con “Caretas”

Tamariz y Caretas han sido fieles amigos. En 1954 ingresó a la plana de redacción que por entonces dirigía Francisco “Paco” Igartua, el fundador; y allí se quedó hasta 1963, llegando a ser Jefe de Redacción. La revista era por entonces de edición quincenal.

Más adelante volvería, en 1982 para prolongar su colaboración con la revista de Doris Gibson y Enrique Zileri hasta el 2004 aunque no se desligó nunca pues se hizo cargo de algunas secciones. Y últimamente volvió a escribir textos de episodios históricos que ha revisado en estas, digamos, vacaciones que le sirvieron para publicar sus exitosos libros. Recordemos que la publicación de “La Ronda del General” data de 1985.

Hay que destacar la posición política liberal de Tamariz, de compromiso social y por eso no dudó en acudir al llamado de Guillermo Thorndike en 1974 para hacerse cargo del diario “La Tercera de La Crónica” y de la misma “La Crónica” como jefe de redacción en ambos periódicos.

Se recordará que aquel fue el año de la gran expropiación de los medios (que luego derivaría en simple confiscación). Eran tiempos de expectativa en los cambios y fueron muchos los periodistas que creyeron que podrían participar a la vez que ayudar en el proceso que proponían los militares que lideraba el general Velasco Alvarado.

Tamariz encaró con el entusiasmo y profesionalismo que siempre lo caracterizó, la tarea de convertir un aburrido cotidiano de la tarde en un suceso periodístico, llegando a sobrepasar los 200 mil ejemplares.

Cuando terminó la etapa y los militares retornaron a sus cuarteles Tamariz y el inolvidable Raul Serrano decidieron que era tiempo de editar un diario, y poniendo todo su empeño (y toda su plata) lanzaron «Diario 80″, el sueño del diario propio. Pero no pudieron sostenerlo solos (Tamariz escribía casi todas las cuatro páginas del cotidiano) y cerró al cabo de varias semanas.

Fueron años difíciles, de agudas divisiones en el gremio. La Federación de Periodistas del Perú, la FPP, a la que pertenecía Tamariz se partió en dos debilitando al periodismo incluso hasta la actualidad.

-El Club de Periodistas

La unidad del periodismo fue siempre el sueño de Tamariz. Pero no confió en que sería el Colegio de Periodistas la institución que lograría tal fin y no se inscribió para colegiarse. El tiempo le daría la razón pues en muy poco contribuyó la organización que ahora, por lo menos en Lima, es prácticamente inexistente.

Mas bien confió en que sería la amistad el mejor método de unión y por eso se enroló muy temprano en el Club de Periodistas que fundaron en 1963 con bases sencillas: nada con la política, todo con la amistad.

Es por esto que aceptó hace dos años presidir la institución y ahora que su período formal ha terminado, sus colegas insisten en que renueve el encargo por otro lapso pero él insiste en la renovación.

La causa de la unidad del periodismo de Lima tiene una deuda impagable con Domingo Tamariz (JGR).

“Rebaño mediático”

Foto: Ricardo Choy-Kifox

Crónica Viva
Por Juan Gargurevich
Viernes, 01/01/2010

“Rebaño mediático” llama un colega al cargamontón de jóvenes periodistas que persiguen a los personajes que están en la cima de la actualidad noticiosa, coleguitas que suelen ser entre treinta y cincuenta.

Un puñado llevan micrófonos que identifican a las emisoras que representan, otros portan simplemente celulares que arriman a la yugular del entrevistado, los menos portan cámaras y se mueven al compás del reportero que esgrime el micro y más atrás la artillería fotográfica, los flashes enceguecedores de los que buscan el mejor ángulo.

La verdad es que el trajín de los periodistas se ha convertido en todo un espectáculo que vale la pena seguir en la TV porque ya forman parte de lo que algunos llaman “el espectáculo de la noticia”.

No suele ser solo culpa de ellos. Nadie puede explicarse por ejemplo porqué las autoridades policiales y judiciales permiten la barahúnda que se arma cuando algún reclamado por la justicia entra o sale a los juzgados. La palabra “despelote” no alcanza a describir la escandalera que arman periodistas, policías, familiares y delincuentes que a veces alcanzan a proclamar su inocencia.

Estamos viendo en estos días las movilizaciones proselitistas de los candidatos y comprobamos que Humala es el favorito de la persecución mediática más encarnizada. Les propongo un ejemplo cercano. Probablemente la mayoría vio los incidentes que se produjeron cuando coincidieron en un mercado de Huaycán Susana Villarán y Humala y se produjeron enfrentamientos de partidarios.

Espectamos los forcejeos, empujones, codazos, insultos que se propinaban humalistas, susanistas, camarógrafos, reporteros, uno que otro policía, serenos, dirigentes del mercado y, por supuesto, los rudos ollantistas encargados de la seguridad del comandante.

¿Porqué tienen que actuar así esos jóvenes periodistas? E insisto en lo de “jóvenes” porque es de fácil comprobación que son afanosos veinteañeros que probablemente hacen sus primeras armas profesionales y no quieren regresar a la redacción sin una buena grabación.

Pero no se crea el que el fenómeno es solamente peruano. En los noticieros argentinos, chilenos, también vemos al “rebaño mediático” en acción persiguiendo a personajes sin que sea posible armar algo de orden para que todos obtengan las declaraciones, fotos, que estaban buscando. No faltan las agresiones entre periodistas. Hace un par de días un impaciente coleguita japonés de visita golpeó en la cabeza a una movida reportera gráfica que le impedía enfocar la propia cámara. Harto de pedirle que se agachara recurrió primero al empujón y luego al capirotazo directo.

Sucede también que los reporteros persiguen a personajes que ni siquiera conocen. Y les paso la anécdota reciente de un profesor, periodista, que era perseguido por el rebaño en pos de declaraciones sobre problemas de una importante universidad privada. Habló con los periodistas y notó a una jovencita particularmente agresiva con el micro. Cuando el profesor terminó y los demás muchachos se lanzaron a perseguir a otro noticiable, la muchacha se le acercó para preguntarle:

-Señor ¿quién es usted?……………..

Foto extraída del blog Rechongeros Gráficos

jueves, 28 de enero de 2010

Los medios y los miedos

Por Eloy Jáuregui
La República
24 de enero de 2010

He leído la columna del periodista César Campos R. que se publicará en la revista “Justo medio”. Escribe Campos en “La otra cara de la oposición política: el presidente y los medios”, refiriéndose a la entrevista que le hiciera DOMINGO (10 de enero) a Ricardo Uceda, quien opina que “Alan García viene ganando ‘la pelea’ a los medios de comunicación, contextualizando ese pugilato en términos de afectación de la imagen presidencial y comparando la actitud de la prensa frente a los dos últimos jefes de Estado”.

Si Uceda –escribe Campos– “considera que Alejandro Toledo, en cierto modo fue derrotado por los medios, García no tendría razón para envidiar a Kina Malpartida en los sucesivos rounds sostenidos ante el periodismo crítico”. Y luego cita al propio presidente García, quien declaró a “El Comercio” el 11 de mayo del 2008 que: “la oposición del Perú son los periódicos y está bien. El Perú debe tener una oposición. Lo que es impresionante es que no hay hombres políticos en la oposición, sino periodistas en la oposición.”

Hay una verdad que se ha venido desinflando estos últimos años: “El cuarto poder”, que así se les solía decir a los medios de comunicación. Ignacio Ramonet aseguraba también que hoy comunicadores y periodistas vivimos inmersos en “El quinto poder”, es decir, el poder de la prensa ciudadana. Y a la confusa relación medios-poder, se suma hoy la aparición de un personaje poderoso: ‘el prosumidor’, es decir, todos aquellos que difundimos noticias en internet a partir de las redes sociales, en especial los blogs.

Desde que con un grupo de periodistas de carrera fundamos “El Diario de Marka” en 1980, siempre aprendimos que el periodismo es una profesión que solo trabaja con noticias y que estas tienen que contener solo verdades. Aquí abro paréntesis. Hace 27 años, un 26 de enero asesinaron a los mártires del periodismo peruano en las alturas ayacuchanas de Uchuraccay. Cuánto dolor, Daniel De La Pinella; cuánta pena, Pedro Sánchez, mis hermanos. Y cierro paréntesis. Digo que durante 30 años he comprobado que los medios producen miedo y no debe ser así. Somos un servicio y nadie está tras algún botín.

De ahí que los medios deben de alejarse del poder porque en otro caso pierden su calidad de observación y fiscalización. No obstante, lo que he comprobado es que cada vez, aquellos que resultan “líderes de opinión” jamás estudiaron periodismo. He ahí el riesgo ético de este quehacer. No diré nombres pero ustedes los conocen, abogados, antropólogos o aficionados dirigen la opinión pública en el Perú y son los que marcan las agendas de los temas que se tratan y de aquellos que se ignoran.

Por eso Uceda dice bien. Que el histrionismo del presidente García vence a los medios. Por qué. Porque gana por empachamiento. No hay día que no hable, que no baile, que no festeje y que no insulte. A él se le permite todo y sus críticos pierden por abandono. A excepción de algunos columnistas, la mayoría festeja su grandilocuencia. Resultado: el país no tiene institucionalidad y su sistema de partidos está quebrado. Aquí es donde se necesitan medios independientes, lúcidos y valientes. Temo que me sobran dedos de mi mano derecha. Para eso tengo la izquierda.

sábado, 23 de enero de 2010

Un genio del periodismo



Entrevista con Gay Talese, quizá la figura más brillante de la crónica novelada, quien revela los secretos de sus ejemplares investigaciones. Además, reproducimos un texto donde el maestro del relato verídico defiende el derecho a los pequeños placeres de la vida cotidiana

Sábado 17 de octubre de 2009
La Nación
Por Paula Escobar Chavarría
Nueva York, 2009

¿Quieres un gin tonic ? -dice Gay Talese, sonriendo.

Son las cuatro de la tarde y hay un silencio total en el living de su casa. No se escuchan los bocinazos cercanos de Park Avenue, tampoco se siente el calor de los últimos días del verano neoyorquino.

Delgado, estilizado, pómulos marcados, ojos oscuros siempre alertas, vestido de traje de tres piezas hecho a medida, corbata fina, pañuelo de seda en la chaqueta, sombrero blanco, parte raudo a la cocina -impecable como él-, y no vuelve con gin sino con agua muy fría, servida en perfectas copas de cristal. Hay olor a flores frescas y a los libros que visten casi cada muro. Óleos clásicos, fotos en blanco y negro y muebles antiguos completan la impronta de distinción: suya y de su casa.

En este edificio de cuatro pisos ha vivido cinco décadas, casi toda su vida adulta, este prestigioso escritor y periodista estadounidense de 77 años, autor de cinco best sellers: El reino y el poder (1969, sobre el New York Times ), Honrarás a tu padre (1971, un retrato de la mafia), La mujer de tu prójimo (1980, acerca la revolución sexual de los años 70), Unto the Sons (1992, sobre la historia de su familia de inmigrantes italianos), y A Writer´s Life (2007, sus memorias periodísticas).

Con algunos de ellos ha ganado millones de dólares, mucha fama y también críticas. En especial, con La mujer de tu prójimo , por su estilo "participativo" de investigación. Como era un libro acerca de la revolución sexual de los años 70, vivió meses en un centro nudista en California y regenteó una casa de masajes que quedaba a pocas cuadras de su casa, todo eso mientras estaba casado.

Estas paredes han visto transcurrir su matrimonio -también de cinco décadas- con la destacada editora de Random House, Nan Talese; aquí nacieron sus dos hijas, la mayoría de sus libros y, por cierto, sus legendarios artículos, que lo han consagrado como un ícono del periodismo mundial, y uno de los padres -junto con Tom Wolfe- del movimiento llamado Nuevo Periodismo, que intentó darle al relato de no ficción la misma categoría e importancia que la ficción, y cuya influencia se manifiesta hasta nuestros días, en el actual periodismo literario o narrativo, presente en Estados Unidos, Europa y Latinoamérica. De hecho, "Frank Sinatra está resfriado", su célebre perfil del cantante escrito para Esquire , fue elegido el mejor artículo publicado por esa revista en toda su historia y se usa hoy en las escuelas de periodismo como ejemplo de maestría en la escritura y en la habilidad para entrevistar.

-¿Quieres conocer mi casa? -pregunta, mientras comienza a subir las escaleras con la agilidad y elegancia de un bailarín. Él, que tanto se ha interesado por la privacidad ajena, por las voces contradictorias, por las duplicidades de los otros, ahora muestra la propia intimidad.

-Esto fue lo primero que compré -dice, mostrando con orgullo el ex departamento 3 F, de un ambiente, que hoy es su dormitorio matrimonial, blanco y luminoso, donde -aclara- él sólo duerme con Nan.

De a poco fue comprando cada departamento, hasta tener el edificio completo a su nombre, en 1973. Como si fuera un modelo para armar, Talese tiene en esta casa un espacio específico destinado a cada actividad. En el segundo piso está la sala de estar, un living informal, donde están muy bien sentados en hermosos sofás sus dos perros terrier australianos, que comienzan a ladrar. Ellos -cuenta Talese- tienen una niñera que los cuida de 9 a 5.

Aquí, en el tercer piso, duerme con Nan, pero no toma desayuno ni tiene su ropa ni sus libros. No hay nada de él aquí: ni siquiera su cepillo de dientes. Es el reino de ella, con sus manuscritos, su vestidor, su escritorio, su ropa. En el cuarto piso está el escritorio de Talese. Uno de sus muchos escritorios, habría que decir. Porque tiene dos en esta casa, otro en Ocean City, y se está haciendo uno más en la casa de campo que Nan acaba de comprar sin preguntarle.

Es un escritorio en forma de U, lleno de libros, carátulas gigantes de sus obras, traducciones, fotos y muchas cajas, con fichas de cosas que le han pasado. De todas las cosas que le han pasado. Talese tiene todo archivado, incluida su propia vida. En este lugar se baña, desayuna, contesta correspondencia y llamadas telefónicas, revisa cuentas. Y, lo más importante, se viste.

-Aquí está mi ropa -dice, abriendo el clóset y mostrando con entusiasmo su, a estas alturas, famosa colección de trajes. De distintos colores, todos de gran corte: mal que mal, es hijo de un sastre, y éstos los hace un discípulo de su padre que vive en París.

En el piso inferior tiene su "otra" oficina, su búnker. Allí es donde escribe, y no hay distracciones de ningún tipo. Tanto es así que tiene una entrada independiente de la de la casa. Escribe en tiras de cartulina que saca de la tintorería. Hace allí dibujos de las escenas y estructura que les dará a esas escenas, antes de sentarse a escribir, cada día, no muchas líneas. Él trabaja como lo hacía su padre: cosiendo, con elegancia y finura, las líneas, los párrafos, las escenas, de modo que queden como un traje a medida, perfecto y fino, donde no se notan las costuras.

En estos días, su trabajo diario es terminar un libro que espera lanzar en 2011. ¿El tema? Su matrimonio de 50 años, en lo que de alguna manera será una secuela de La mujer de tu prójimo y su investigación sobre cómo afectó ese libro -y esas experiencias- su vida junto a Nan. Además de basarse en las cartas, fotos y su recuento diario de esos años, también contrató a periodistas para que entrevistaran objetivamente a Nan sobre el tema.

-¿No le parece algo suicida escribir algo así?

-Bueno, escribir es difícil, ya sea sobre tu matrimonio o sobre el matrimonio de otro... Desde que era un joven periodista, me di cuenta de que además del tema mismo que estaba investigando, era la intimidad lo que realmente me interesaba. Y es lo que estoy haciendo ahora: investigando sobre la intimidad, la mía. Pero es una antigua búsqueda.

-¿Por qué?

-Pienso que es en parte por quién soy, por dónde nací. Tiene que ver con estar mentalmente fracturado desde muy joven. Porque tenía un padre italiano en un tiempo en que era muy difícil serlo: Estados Unidos estaba en guerra contra Italia. Yo estaba en el colegio y me daba cuenta de que, de alguna manera, estábamos en el lado incorrecto de la guerra, mentalmente. No es que fuera fascista, pero sabía que los hermanos de mi padre estaban en las fuerzas armadas italianas, que eran fascistas. Crecí sintiéndome diferente.

-¿Cómo se notaba eso?

-En la duplicidad... En ser en la superficie norteamericanos, algo que éramos y somos, colgar la bandera en el frente de nuestra tienda (mi padre era sastre, mi madre tenía una tienda de vestidos), atender a nuestros clientes muy bien y siempre en inglés y muy patrióticamente. Pero en la noche, cuando la tienda se cerraba y subíamos a nuestro departamento que estaba arriba de la tienda, ahí escuchaba conversaciones distintas sobre la guerra, o la radio con noticias de la guerra. Mi padre estaba muy preocupado por qué iba a pasar con Italia y con sus parientes. Nunca hablaba así durante el día, pero sí en la noche. Vivíamos en un edificio, uno de muchos en una pequeña ciudad, Ocean City, Nueva Jersey, donde todo el mundo se conocía. Pero a nosotros nos conocían sólo de día, no de noche. Entonces, como periodista o escritor, tengo esta idea de que la gente no es lo que parece. Son más que lo que ves.

-Usted se sentía una especie de outsider .

-Sí, pero también estaba adentro. Estaba siempre adentro y afuera, luchando entre dos mundos, ¡aunque no era lo suficientemente grande como para manejar una bicicleta!

-¿Qué ha aprendido de la naturaleza humana, tras estos cincuenta años de trabajo?

-Que nunca sé todo. Nunca. Pienso: ¿cuál es la totalidad de esta persona? Quizás veo un 40% de ella y entiendo quizás un 50%. Pero hay toda una parte de la vida de una persona, incluyendo a mi esposa, que podría ser sorprendente para mí conocer. Todos tenemos grandes partes secretas e inexploradas. Si conocieras la verdad completa de esas personas llamadas simples, te sorprenderías. La naturaleza humana es interminablemente impactante, si conoces la historia completa.

-Como periodista, nunca le interesó escribir sobre gente exitosa o famosa, ¿por qué?

-Porque publicar una historia de alguien que no sea famoso es más desafiante, debes esforzarte más, pues debes convencer a un editor de que vale la pena. Y la única forma de lograr eso es que la historia esté escrita de una manera en que no puedas dejar de leerla. Que vean el primer párrafo y digan: déjenme leer el segundo. Cuando logras eso, es el arte de la escritura. Y eso hace del periodista un artista. Como periodista puedes -o debes- ser un artista. No es incompatible. Son considerados incompatibles por la comunidad del mundo de las comunicaciones, donde el artista es el poeta o el dramaturgo o el novelista. Sin embargo, novelistas o dramaturgos le roban al periodismo temas todo el tiempo. Cambian los nombres de la gente, dramatizan aquí y allá, y lo llaman ficción. Pero si puedes escribir no ficción (pero que parezca ficción porque la historia está tan bien contada, sin nada falso o exagerado), si puedes hacerlo, ¡eso es arte! Creo que eso hace que valga la pena seguir una carrera.

-¿Cree que hoy el periodismo de calidad está en peligro?

-No. Tendrán que hacer ajustes y los están haciendo. Pero contar historias siempre será importante. Si fuera el editor top del New York Times , tomaría a tres cuartas partes de los periodistas que están en Washington y los sacaría de ahí, para que fueran a buscar historias. Es ridículo lo que hacen: se están cubriendo entre sí. Cada día u hora ves eso: periodistas hablando con periodistas...

Entra Alejandra, la paseadora de perros. Saluda con acento colombiano y se lleva los perros, que ladran mientras bajan la escalera. Él se distrae sólo un poco, y cuando los ladridos se acaban, sigue con los periodistas:

-En mis días, éramos outsiders .

-¿Qué habilidades deben desarrollar los periodistas en el siglo XXI?

-Desarrollar un gran sentido de la historia. Ser capaces de dramatizar. Hacer que el lector vea y sienta. Todo lo que es importante y relevante (por ejemplo, la salud pública, un gran tema hoy aquí, o la guerra) debe ser contado en forma de historia. Hoy muchos periodistas están imbuidos en sus laptops , se están aislando con la tecnología. No deberían estar todo el día sentados frente a una pantalla, sino afuera, descubriendo cosas de primera mano. Los periodistas deben tener un sentido innato de la curiosidad y ser gente automotivada. Deben ser exploradores, buscadores solitarios de grandes historias que contar. Historias que valgan oro; deben ser mineros e ir a lugares y cavar en ese material, y después pulirlo y hacer una joya, arte, de ese material que es real. El arte de la realidad. Es la manera de seguir en el negocio: crear algo hermoso. La gente quiere calidad. Aunque sean pobres, si pueden optar por algo muy bien hecho y valioso, lo elegirán. Nadie quiere los hechos contados rápido sino la verdad. Y los diarios les pueden dar la verdad y de una manera atractiva e interesante, contando una historia. Creo que el mercado apoyará eso. Y eso no lo sacas de la TV ni de blogs . ¡Todo lo que es real, todo lo que ellos comentan lo sacan de los diarios! La recopilación de los hechos la hacen los que trabajan en los diarios y lo recolectan en terreno, donde tienen que ir, de las calles.

Nadie vivió "happily ever after"

La luz ya se está haciendo menos intensa, ha sonado el teléfono un par de veces y Talese se excusa para contestar. Es sabido que él nunca contesta el teléfono, tampoco tiene celular ni correo electrónico. El medio para comunicarse con él es el fax. En este momento de la tarde comienza uno de esos momentos muy "Gay Talese". Como buen periodista, en vez de contestar preguntas, prefiere entrevistar al entrevistador: "¿Tú estás casada? ¿Mucho tiempo? ¿Cuántos años?, ¿cuatro?, ¿diez? ¿Te llevas bien con tu marido?". Como una metralleta, dispara y dispara preguntas. Abre los ojos y mira fijo hasta que escucha respuestas. Y sigue: "¿Tienes hijos? ¿Cuántos? ¿Crees que tu matrimonio durará otros diez años?". Se entretiene con las respuestas ajenas mucho más que con las introspecciones propias.

-Y usted, ¿qué ha aprendido sobre el matrimonio después de 50 años juntos?

-Bueno, no es que nos hayamos sentado en este sillón por 50 años... Hemos tenido una vida muy activa. Mi mujer no es de las que se quedan en la cocina haciendo sopa. Ella es una mujer de carrera. Cuando tenía 25 años, trabajaba y ahora, también. Siempre ha tenido una vida profesional muy rica, y yo también... Entonces somos dos personas en la misma casa pero no vinculados claustrofóbicamente. Eso no significa que tengamos seis amantes cada uno. No, eso significa que tenemos nuestras propias opciones, y no es nunca una trampa. El matrimonio no es una trampa. Ésa es una de las razones por las que yo creo que nuestro matrimonio ha funcionado. Quizás a otra gente le gustan las trampas, les gusta estar atados y quieren estar encadenados...

-¿Por qué cree que la gente se divorcia tanto hoy?

-Las razones son muy complejas. ¿Por qué la gente se divorcia? Porque no son felices. ¡Pero la infelicidad no es una razón para divorciarse! -exclama, abriendo mucho los ojos y moviendo las manos-. La infelicidad no es una razón para hacer nada. La vida no siempre es feliz y uno debe ser consciente de eso. Algunas personas no tienen suficiente educación, suficiente madurez, para ver que la infelicidad es parte de la vida. El miedo es parte de la vida, el error es parte de la vida. Y no llegas y arrancas de la falla, la infelicidad... Eso no significa que debas sufrir innecesariamente. Pero significa que a veces el sufrimiento es necesario y es bueno. A veces es una experiencia de aprendizaje.

-¿Qué mata a un matrimonio?

-Lo que mata a un matrimonio, o a una relación en general, es la falta de respeto. Lo que mantiene una relación es, de todas las cosas, el respeto. Y nunca es el sexo lo que mantiene una relación. ¡Es tan inmaduro pensar eso! Porque el sexo no es amor.

-Pero pueden ir juntos, ¿no?

-Sí, pueden ir juntos, por 15 minutos, ¡¡¡cuando tienes 23 años!!! -se ríe-. Claro, puede ser cuando eres joven y apasionado, obsesionado e infatuado, y estúpido. Quizás. Pero luego el realismo toma control. El realismo, como lo opuesto a la fantasía. Eso de que vivieron felices para siempre es pura fantasía. Simplemente no es verdad. Nadie vivió "happily ever after"...

-El tema de su matrimonio también estuvo en su libro La mujer de tu prójimo, con gran escándalo, en 1980. Para escribirlo, usted vivió en un centro nudista y administró una casa de masajes.

-Fue un libro muy radical, que me trajo muchas críticas, particularmente por estar casado con una mujer destacada y tener hijas adolescentes que estaban entonces en el colegio. En las clases a las que iban las chicas había chismes sobre ese padre decadente y todo eso. Pero nunca sentí que había hecho algo malo. Era claramente un libro sobre la infidelidad y sobre la prevalencia de ella en la revolución sexual previa al sida. Y si escribes sobre eso, como he dicho, no lo haces desde una sala de prensa, como un periodista deportivo describe un torneo de fútbol... Yo quiero saber. Mi deseo era saber, y me refiero a realmente saber, no de segunda mano, sino de verdad. O eres capaz de hacerlo o no. Yo fui capaz y no me avergüenzo.

-¿No lamenta nada de eso?

-No. El hecho es que si quería escribir acerca de ese centro sexual en California, que es el centro de ese libro, tenía que vivir ahí. Viví como nudista. Es fácil...

-Hay que sacarse la ropa...

-Claro, y ajustarse a las circunstancias. Conocer a la gente, estar ahí... Quería conocer esa sociedad. Tienes que ser capaz de decir: "Yo vi lo que escribí". Y yo estaba ahí. ¿Y qué hacía? Lo que hacía, y describía eso. Y también observaba. Soy un observador apasionado. Si no puedes hacer eso, quizás debes ser un abogado o un doctor... Nunca pensé que había ahí una divergencia con mi estilo usual de investigación. Y bueno, ahora llevo 50 años de matrimonio en este mismo edificio en el que estamos hoy. Misma dirección, mismo techo, misma mujer, 50 años. Pensé: ésta es una historia. Segundo: tengo curiosidad. Tercero: tengo registros de todo. Guardo cartas, notas, todo.

El rey de la fiesta

Boina negra, pantalones negros, zapatos oscuros con algo brillante en la punta, chaqueta roja. Nan, su mujer, es estilizada, de ojos grandes, facciones finas, una dama. Tiene una cartera gigante, de donde saca una libreta llena de anotaciones, y donde busca sin éxito una tarjeta.

Nan Talese se sienta en primera fila en una charla de la Universidad de Nueva York, donde un grupo de académicos habla de la vigencia de la obra de Talese, a propósito de la reedición de La mujer de tu prójimo y de Honrarás a tu padre . Talese habla, bromea, seduce, recibe aplausos de una multitud de estudiantes, que le piden que autografíe libros o se saque fotos, como si fuera una estrella de rock.

La noche sigue en un restorán. Cómo no, son los lugares favoritos de Talese, y cada noche come en alguno de ellos. Desde niño le fascinan. El de hoy es el Bar and Grill, en el Bowery.

-¡Este lugar es fantástico! -dice ya sentado, con su gin tonic cerca, y comienza a entrevistar a los comensales. Nan pide ceviche. Llegan, además, burritos, tacos, camarones con salsas. Talese le toma la mano a la mesera.

-¿Cuál es su nombre? Usted nos acompañará toda la noche, ¿verdad? -le pregunta con coquetería.

-Sí, claro. Pero necesito sus documentos ahora -dice ella, para estar segura de que no haya menores de edad tomando alcohol.

Los mas jóvenes muestran sus documentos. Él, a sus 77, se ríe a carcajadas. Cuenta más historias sobre personajes talesianos: un dueño de motel de Denver, que tenía cámaras y micrófonos instalados en las habitaciones y que le escribió para decirle que le pasaba sus registros para que él los transformara en un libro. O de Héctor López, a quien conoció hace unos meses cuando escribió sobre el río Hudson para el New York Times . López trabajaba con una retroexcavadora y Talese quedó tan fascinado por la prolijidad con que hacía su trabajo, que le dio su teléfono y le pidió que lo llamara porque quería escribir sobre él. O sobre los asentamientos judíos en Palestina, que es la historia que quisiera escribir ahora. "¿Cómo viven? ¿Tienen televisión por cable? ¿Qué hacen?", exclama, moviendo las manos, arqueando las cejas en una sonrisa, poniendo voces distintas. Es el rey de la fiesta y Nan parece su pareja perfecta. Se ríe, le toma la mano a veces, termina de contar sus historias.

De vuelta, en el taxi, la abraza por los hombros. Le pregunto a Nan por su trabajo con los autores a los que edita: Ian McEwan, Margaret Atwood, Pat Conroy, entre otras luminarias. Ella contesta con entusiasmo. De pronto, dice: "Soy muy afortunada".

-¿Por qué?

-Por estar casada con él -sonríe y le toca la rodilla. Gay Talese le devuelve la sonrisa.

Y el taxi ya avanza raudo rumbo a Park Avenue, hacia el mundo privado de los Talese, donde están su poder y su reino.

© El Mercurio /GDA

"Pensar, una misión del periodismo"



Tomás Eloy Martínez, galardonado en España por su trayectoria, reflexiona sobre los desafíos de los medios

Viernes 24 de abril de 2009
Publicado en edición impresa La Nación de Argentina
"Lo más valioso de Primera Plana fue el proyecto cultural", dijo Tomás Eloy Martínez
Por Mariano de Vedia

"Pensar y enriquecer la lengua para comunicar mejor." La esencia del periodismo nunca se pierde, y el desafío sigue intacto: estimular el pensamiento del lector.

Así lo expresó ayer a LA NACION el periodista y escritor Tomás Eloy Martínez, luego de sumar un eslabón más en su vida profesional: el diario madrileño El País le otorgó, por su trayectoria, el Premio Ortega y Gasset de Periodismo, que desde hace 26 años distingue trabajos publicados en español en cualquier país del mundo.

El jurado destacó a Martínez como un "maestro de periodistas, que ha ejercido el oficio en circunstancias difíciles para su país y ha marcado con su excelencia una de las más brillantes carreras del periodismo en lengua castellana".

Más de 50 años reúne su trayectoria periodística, desde sus comienzos en La Gaceta , de su Tucumán natal, sus primeras críticas de cine en LA NACION y su participación en Primera Plana y La Opinión , hasta los tiempos más recientes, como columnista de El País , The New York Times y LA NACION, además de su consagrada dedicación a la novela y al ensayo.

El filósofo y académico español Emilio Lledó presidió el jurado que premió a Tomás Eloy Martínez. Lo integraron, entre otros, los directores que tuvo El País desde su fundación: Juan Luis Cebrián, Joaquín Estefanía, Jesús Ceberio y Javier Moreno, con Juan Cruz como secretario.

Las lecciones de Ortega

"El nombre de Ortega tiene una especial resonancia", reflexionó ayer Martínez, en referencia al premio.

"Ortega nos enseñó a pensar. Fue un maestro del pensamiento. Nos enseñó a vernos sin complacencia. A eso tiende el periodismo", resumió. Valoró especialmente las enseñanzas del filósofo español: "Venía del otro lado del mundo y nos dio una lección de la necesidad del diálogo, desde su curiosidad, desapasionamiento y capacidad de asombro, con armonía y una calidad de escritor notable".

En contraste con la capacidad de asombro y la curiosidad que animaban a Ortega, Tomás Eloy Martínez percibe hoy en los medios "cierta ligereza en el tratamiento de algunos temas, déficits en la investigación, a pesar de que el periodismo contemporáneo corre con ventajas, porque todas las herramientas están dadas en Internet". Y añade que se necesita conocer muy a fondo los temas que se investigan.

Frente al futuro, dijo: "El rumbo es el periodismo de calidad, consciente de su responsabilidad cívica y moral y del lector al cual se dirige. No existe una sola verdad. Hay múltiples verdades; tantas como seres humanos".

Puso el ejemplo de Lugo y su múltiple paternidad, que da para muchas preguntas. "Marca un problema ético, con respuestas múltiples. Se emparienta con las multas que tuvo que pagar la Iglesia por escándalos sexuales en EE. UU. y con el caso Clinton, aunque su índole no es religiosa."

La ética y el respeto a la privacidad son un límite para el tratamiento periodístico de estos casos. "Pero depende de qué transgresión se trate. En cuanto a ciudadano, lo de Lugo se puede cuestionar o no, pero en su función de obispo o presidente, es distinto", advirtió.

No creo que el periodismo sea hoy mejor o peor. Hacen falta recursos e imaginación para enfrentar los desafíos de los nuevos lenguajes y de Internet", precisó.

Martínez afirmó que hay países donde la prensa va por ese camino.

"Sucede en Inglaterra, donde nació el periodismo moderno, con The Guardian , The Independent y el Times , de Londres. En Estados Unidos, la batalla es más compleja. Hay revistas como The New Yorker , con un enorme peso de pensamiento. Ahí está la reserva mejor del periodismo: estimular al lector a pensar, hacer un diálogo virtual, explicarle lo que pasa", dijo.

Cultura y pensamiento

"Lo más valioso de Primera Plana fue el proyecto cultural. Modificó la manera de ver la realidad. La hacíamos con absoluta independencia", dijo Martínez, al recordar especialmente el aporte de Ernesto Schoo, Norberto Firpo y Hugo Gambini, entre otros jóvenes de entonces.

Y afirmó: "Así como los buenos gobiernos persisten en la memoria por su relación con la cultura (casos Lula, Bachelet, Betancour, Felipe Calderón) hace falta un periodismo culto, no panfletario. Para eso se necesitan personas cultas. El amor por la cultura sólo nace en la gente culta y se irradia al país".

"¿Y en la Argentina?", fue la pregunta obligada. "Lo tuvimos con los gobiernos de Mitre y Sarmiento."

La última consulta fue si el público demanda un periodismo de calidad. "Hay una gran diversificación de lectores. Un público espera frivolidad, escándalo, entretenimeinto. Pero se entretiene mal, con lo ligero, lo fácil. Otro público es más inteligente y busca la información exhaustiva, lo que mejor lo enriquece", concluyó.

jueves, 21 de enero de 2010

15 Blogs de Tecnología Útiles para Periodistas



Escrito por Esther Vargas
Clases de Periodismo

Este post no es para geeks que lo saben todo. Se trata de una lista de 15 blogs que pueden salvar a cualquier periodista enemigo de la tecnología. Los autores son unos capos, y además tienen la virtud de no escribir en chino.


En varias oportunidades estos sitios me ayudaron cuando tenía ganas de romper mi laptop (o mi cabeza), sensación natural cuando uno se enfrenta a algo nuevo. Se requiere paciencia y ganas de aprender. Nada es tan difícil como parece. No seremos geeks, pero dominaremos lo básico para defendernos en nuestro campo.

Me parece genial que los periodistas se capaciten. Yo quiero twittear, usar bien mi Facebook y tener un blog, pero no sé absolutamente nada de tecnología. No entiendo y no sé encontrar información, porque todo lo que ubico en la red parece escrito en chino. Tengo 35 años y también quiero cambiar.

Esas líneas corresponden a un colega. Pensando en él -y en los muchos mensajes similares que han llegado a mi correo y vía Facebook- elaboré esta selección. Y reitero: este post no es para genios tecnológicos sino para periodistas que buscan entender un poquito lo que está pasando en la web. He citado algunos sitios como Celularis, donde hay noticias sobre smartphones que no debemos pasar por alto, y otros referidos a Twitter que me parecen geniales para encontrarle el gusto a los 140 caracteres.

La lista.

1. Arturo Goga.

2. Alt1040.

3. Celularis.

4. Tinta Fantasma.

5. Practicopedia. Sección Internet y ordenadores.

6. FayerWayer.

7. La Vida en Internet.

8. Tecnología 21.

9. AyudaWordpress.

10. ChicaSeo.

11. wwwhat’s new.

12. ilmaistro.com.

13. TodoTwitter.

14.EsTwitter.

15.Vagabundia.

Nota:
En 12 pasos para ser un periodista digital se termina el post así: “Un periodista bien preparado para el 2009 debe situarse en medio del cruce de caminos entre el reporterismo tradicional, el friki tecnológico y el profesional del marketing”. Bueno, ya estamos 2010, así que mayor razón.
Sería genial que compartieran aquí otros blogs tecnológicos que nos puedan servir.

martes, 19 de enero de 2010

La civilización del espectáculo

Mario Vargas Llosa
El País, Madrid

09 de junio de 2007

En algún momento, en la segunda mitad del siglo XX, el periodismo de las sociedades abiertas de Occidente empezó a relegar discretamente a un segundo plano las que habían sido sus funciones principales –informar, opinar y criticar– para privilegiar otra que hasta entonces había sido secundaria: divertir. Nadie lo planeó y ningún órgano de prensa imaginó que esta sutil alteración de las prioridades del periodismo entrañaría cambios tan profundos en todo el ámbito cultural y ético. Lo que ocurría en el mundo de la información era reflejo de un proceso que abarcaba casi todos los aspectos de la vida social. La civilización del espectáculo había nacido y estaba allí para quedarse y revolucionar hasta la médula instituciones y costumbres de las sociedades libres.

¿A qué viene esta reflexión? A que desde hace cinco días no hallo manera de evitar darme de bruces, en periódico que abro o programa noticioso que oigo o veo, con el cuerpo desnudo de la señora Cecilia Bolocco de Menem. No tengo nada contra los desnudos, y menos contra los que parecen bellos y bien conservados, tal el de la señora Bolocco, pero sí contra la aviesa manera como esas fotografías han sido tomadas y divulgadas por el fotógrafo, a quien, según la prensa, su hazaña periodística le ha reportado ya 300.000 dólares de honorarios, sin contar la desconocida suma que, por lo visto, según la chismografía periodística, la señora Bolocco le pagó para que no divulgara otras imágenes todavía más comprometedoras.

¿Por qué tengo que estar yo enterado de estas vilezas y negociaciones sórdidas? Porque para no enterarme de ellas tendría que dejar de leer periódicos y revistas, y de ver y oír programas televisivos y radiales, donde no exagero si digo que los pechos y el trasero de la señora de Menem han enanizado todo, desde las degollinas de Irak y el Líbano, hasta la toma de Radio Caracas Televisión por el gobierno de Hugo Chávez y el triunfo de Nicolas Sarkozy en las elecciones francesas.

Esas son las consecuencias de aceptar que la primera obligación de los medios es entretener y que la importancia de la información está en relación directamente proporcional con las dosis de espectacularidad que pueda generar. Si ahora parece perfectamente aceptable que un fotógrafo viole la privacidad de cualquier persona conocida para exponerla en cueros o haciendo el amor con un amante, ¿cuánto tiempo más hará falta para que la prensa regocije a los aburridos lectores o espectadores ávidos de escándalo mostrándoles violaciones, torturas y asesinatos en trance de ejecutarse?

Lo más extraordinario, como índice del aletargamiento moral que ha resultado de concebir el periodismo en particular, y la cultura en general, como diversión y espectáculo, es que el paparazzi que se las arregló para llevar sus cámaras hasta la intimidad de la señora Bolocco es considerado poco menos que un héroe debido a su soberbia performance, que, por lo demás, no es la primera de esa estirpe que perpetra ni será la última.

Protesto, pero es idiota de mi parte, porque sé que se trata de un problema sin solución. La alimaña que tomó aquellas fotos no es una rara avis, sino producto de un estado de cosas que induce al comunicador y al periodista a buscar, por encima de todo, la primicia, la ocurrencia audaz e insólita que pueda romper más convenciones y escandalizar más que ninguna otra. (Y si no la encuentra, a fabricarla.) Y como nada escandaliza ya en sociedades donde casi todo está permitido, hay que ir cada vez más lejos en la temeridad informativa, valiéndose de todo, aplastando cualquier escrúpulo, con tal de producir el scoop que dé que hablar. Dicen que, en su primera entrevista con Jean Cocteau, Sartre le rogó: “¡Escandalíceme, por favor!” Eso es lo que espera hoy en día el gran público del periodismo. Y el periodismo, obediente, trata afanosamente de chocarlo y espantarlo, porque ésta es la más codiciada diversión, el estremecimiento excitante de la hora.

No me refiero sólo a la prensa amarilla, a la que no leo. Pero esa prensa, por desgracia, desde hace tiempo contamina con su miasma la llamada prensa seria, al extremo de que las fronteras entre una y otra resultan cada vez más porosas. Para no perder oyentes y lectores, la prensa seria se ve arrastrada a dar cuenta de los escándalos y chismografías de la prensa amarilla, y de este modo contribuye a la degradación de los niveles culturales y éticos de la información. Por otra parte, la prensa seria no se atreve a condenar abiertamente las prácticas repelentes e inmorales del periodismo de cloaca porque teme –no sin razón– que cualquier iniciativa que se tome para frenarlas vaya en desmedro de la libertad de prensa y el derecho de crítica.

A ese disparate hemos llegado: a que una de las más importantes conquistas de la civilización, la libertad de expresión y el derecho de crítica, sirva de coartada y garantice la inmunidad para el libelo, la violación de la privacidad, la calumnia, el falso testimonio, la insidia y demás especialidades del amarillismo periodístico.

Se me replicará que en los países democráticos existen jueces y tribunales y leyes que amparan los derechos civiles a los que las víctimas de estos desaguisados pueden acudir. Eso es cierto en teoría, sí. En la práctica, es raro que un particular ose enfrentarse a esas publicaciones, algunas de las cuales son muy poderosas y cuentan con grandes recursos, abogados e influencias difíciles de derrotar, y que lo desanime entablar acciones judiciales por lo costosas que éstas resultan y lo enredadas e interminables que son.

Por otra parte, los jueces se sienten a menudo inhibidos de sancionar ese tipo de delitos porque temen crear precedentes que sirvan para recortar las libertades públicas y la libertad informativa.

En verdad, el problema no se confina en el ámbito jurídico. Se trata de un problema cultural. La cultura de nuestro tiempo propicia y ampara todo lo que entretiene y divierte, en todos los dominios de la vida social, y por eso, las campañas políticas y las justas electorales son cada vez menos un cotejo de ideas y programas, y cada vez más eventos publicitarios, espectáculos en los que, en vez de persuadir, los candidatos y los partidos tratan de seducir y excitar, apelando, como los periodistas amarillos, a las bajas pasiones o los instintos más primitivos, a las pulsiones irracionales del ciudadano antes que a su inteligencia y su razón. Se ha visto esto no sólo en las elecciones de países subdesarrollados, donde aquello es la norma, también en las recientes elecciones de Francia y España, donde han abundado los insultos y las descalificaciones escabrosas.

La civilización del espectáculo tiene sus lados positivos, desde luego. No está mal promover el humor, la diversión, pues sin humor, goce, hedonismo y juego, la vida sería espantosamente aburrida. Pero si ella se reduce cada vez más a ser sólo eso, triunfan la frivolidad, el esnobismo y formas crecientes de idiotez y chabacanería por doquier. En eso estamos, o por lo menos están en ello sectores muy amplios de –vaya paradoja– las sociedades que, gracias a la cultura de la libertad, han alcanzado los más altos niveles de vida, de educación, de seguridad y de ocio del planeta.

Algo falló, pues, en algún momento. Y valdría la pena reaccionar, antes de que sea demasiado tarde. La civilización del espectáculo en que estamos inmersos acarrea una absoluta confusión de valores. Los íconos o modelos sociales –las figuras ejemplares– lo son, ahora, básicamente, por razones mediáticas, pues la apariencia ha reemplazado a la sustancia en la apreciación pública. No son las ideas, la conducta, las hazañas intelectuales y científicas, sociales o culturales, las que hacen que un individuo descuelle y gane el respeto y la admiración de sus contemporáneos y se convierta en un modelo para los jóvenes, sino las personas más aptas para ocupar las primeras planas de la información, así sea por los goles que mete, los millones que gasta en fiestas faraónicas o los escándalos que protagoniza. La información, en consecuencia, concede cada vez más espacio, tiempo, talento y entusiasmo a ese género de personajes y sucesos.

Es verdad que siempre existió, en el pasado, un periodismo excremental que explotaba la maledicencia y la impudicia en todas sus manifestaciones, pero solía estar al margen, en una semiclandestinidad donde lo mantenían, más que leyes y reglamentos, los valores y la cultura imperantes. Hoy ese periodismo ha ganado derecho de ciudad pues los valores vigentes lo han legitimado. Frivolidad, banalidad, estupidización acelerada del promedio es uno de los inesperados resultados de ser, hoy, más libres que nunca en el pasado.

Esto no es una requisitoria contra la libertad, sino contra una deriva perversa de ella, que puede, si no se le pone coto, suicidarla. Porque no sólo desaparece la libertad cuando la reprimen o la censuran los gobiernos despóticos. Otra manera de acabar con ella es vaciándola de sustancia, desnaturalizándola, escudándose en ella para justificar atropellos y tráficos indignos contra los derechos civiles.

La existencia de este fenómeno es un efecto lateral de dos conquistas básicas de la civilización: la libertad y el mercado. Ambas han contribuido extraordinariamente al progreso material y cultural de la humanidad, a la creación del individuo soberano y al reconocimiento de sus derechos, a la coexistencia, a hacer retroceder la pobreza, la ignorancia y la explotación. Al mismo tiempo, la libertad ha permitido que esa reorientación del periodismo hacia la meta primordial de divertir a lectores, oyentes y televidentes fuera desarrollándose en proporciones cancerosas, atizada por la competencia que los mercados exigen. Si hay un público ávido de ese alimento, los medios se lo dan, y si ese público, educado (o maleducado, más bien) por ese producto periodístico, lo exige cada vez en mayores dosis, divertir será el motor y el combustible de los medios cada día más, al extremo de que en todas las secciones y formas del periodismo aquella predisposición va dejando su impronta, su marca distorsionadora. Hay, desde luego, quienes dicen que más bien ocurre lo opuesto: que la chismografía, el esnobismo, la frivolidad y el escándalo han prendido en el gran público por culpa de los medios, lo que sin duda también es cierto, pues una cosa y la otra no se excluyen, se complementan.

Cualquier intento de frenar legalmente el amarillismo periodístico equivaldría a establecer un sistema de censura y eso tendría consecuencias trágicas para el funcionamiento de la democracia. La idea de que el poder judicial puede, sancionando caso por caso, poner límite al libertinaje y la violación sistemática de la privacidad y el derecho al honor de los ciudadanos, es una posibilidad abstracta totalmente desprovista de consecuencias, en términos realistas. Porque la raíz del mal es anterior a esos mecanismos: está en una cultura que ha hecho de la diversión el valor supremo de la existencia, al cual todos los viejos valores, la decencia, el cuidado de las formas, la ética, los derechos individuales, pueden ser sacrificados sin el menor cargo de conciencia. Estamos, pues, condenados, nosotros, ciudadanos de los países libres y privilegiados del planeta, a que las tetas y los culos de los famosos y sus “bellaquerías” gongorinas sigan siendo nuestro alimento cotidiano.

El País, Junio 3, 2007